Historia de los Balcells, la familia que creó la marca de leche ATO
La saga barcelonesa convirtió un pequeño negocio en una empresa con cinco fábricas y 1.300 trabajadores antes de venderla a principios de los noventa
A mediados de los años ochenta era difícil pasar un día en Cataluña sin toparse, al menos una vez, con el logotipo de ATO. Sus envases de leche llenaban los estantes de los supermercados y un millón de hogares las acumulaba en la despensa de casa. Los espectadores de la carrera Jean Bouin, de la Volta o de las 24 horas de Motociclismo en Montjuïc también se topaban con lonas publicitarias. La compañía era la líder catalana del sector: recogía leche de 3.700 ganaderos y, en la planta embotelladora, trabajaban unas 480 personas.
Pero ¿quién había detrás de aquellas tres letras? ATO no había nacido en los despachos de una gran multinacional alimentaria. Detrás estaban los Balcells, una familia barcelonesa que había empezado con una pequeña vaquería y que, generación tras generación, había convertido aquel negocio en una de las grandes empresas lecheras del país. Hoy, ATO es una marca plenamente consolidada, pero ya hace décadas que no está en manos de los Balcells. Tras diversos cambios de propiedad, desde 2008 el 60% de Llet ATO pertenece a siete grupos ganaderos catalanes, agrupados bajo Natura Llet, y el 40% restante es de Corporación Alimentaria Peñasanta (CAPSA), propietaria de Central Lechera Asturiana. Facturan alrededor de 30 millones de euros al año. A pesar del paso de los años, los propietarios actuales todavía reivindican el origen de la marca y la historia de los Balcells.
La historia comienza en 1908. Aquel año, Magí Balcells Malet empezó a criar vacas lecheras en Can Magí, una masía de la Marina de Sants, la actual Marina del Prat Vermell. El negocio era entonces bastante más sencillo: simplemente, ordeñar las vacas y vender la leche. El negocio funcionaba y, con los años, los Balcells abrieron también una vaquería y un pequeño obrador en el corazón de Sants.
Allí la familia llegó a tener una decena de vacas. Pero, a mediados de siglo, Barcelona estaba cambiando y puso contra las cuerdas el modelo de negocio de la familia. “Llegó un momento en que el Ayuntamiento de Barcelona dijo que las vacas dentro de Barcelona no podían estar”, explica al ARA Josep Balcells, ex director general de ATO y uno de los seis hijos de Magí Balcells Civit y Rufina Rabanete. Sus padres decidieron entonces cambiar de estrategia. “Empezaron a comprar la leche a campesinos de fuera de la ciudad y centrar los esfuerzos en envasarla y comercializarla”, rememora.
El cambio de modelo funcionó. Los Balcells empezaron a distribuir las botellas por las lecherías de Barcelona y, cuando los primeros supermercados empezaron a ganar terreno, también se hicieron un hueco. “Empezamos con Caprabo, Condis... y fuimos creciendo”, recuerda Balcells. A principios de los años sesenta, el obrador de Sants ya se les había quedado pequeño. Por eso, en 1963 la familia decidió volver a sus orígenes y trasladar la actividad a la Marina, donde aún conservaba terrenos.
El origen del nombre ATO
Allí, los Balcells levantaron una nueva planta embotelladora, pero muy pronto necesitaron ganar metros. “Íbamos comprando terrenos: primero una parcela, después otra, al poco otra...”, explica Balcells. También empezaron a mirar más allá de Barcelona: abrieron plantas en Gerona y Lérida y entraron en otras empresas del sector. La leche, que hasta entonces comercializaban con el apellido familiar, empezaba a llegar cada vez más lejos: el pequeño negocio familiar entró en una nueva dimensión.
En 1970, Josep Balcells asumió la dirección general y la familia decidió dar al negocio una marca propia, corta y fácil de recordar. El apellido Balcells, explica, les generaba un problema cuando querían crecer fuera de Cataluña: “A los castellanohablantes les costaba pronunciarlo –recuerda–. Pensamos que necesitábamos un nombre corto, fácil y sencillo de recordar para todo el mundo”, añade. Fue así como aparecieron tres letras que acabarían haciendo fortuna: ATO.
Contrariamente a lo que mucha gente piensa, ATO no son siglas. El nombre salió de una agencia de publicidad a quien los Balcells habían hecho el encargo de encontrar el nombre ideal para hacer que su leche se vendiera igual de bien fuera que dentro de Cataluña. “Nos presentaron varios nombres y elegimos ATO”, recuerda Balcells. La agencia les aseguró, además, que ato quería decir vaca en griego. Durante años, Balcells lo repitió convencido, hasta que, estudiando en el IESE, coincidió con un profesor griego. “Me dijo que, en griego, ato no quería decir nada: tampoco vaca”, recuerda entre risas.
Los peligros de crecer demasiado rápido
En los años ochenta, ATO aceleró la expansión. La desaparición de algunos de los competidores que tenía por delante dejó espacio para crecer y los Balcells lo aprovecharon: compraron fábricas en Santander y Gijón, un centro en Galicia, una quesería en León e incluso dieron el salto al sur de Francia. “Nos faltaba materia prima”, explica Balcells. En el momento de máxima expansión, el grupo llegó a tener cuatro o cinco fábricas y unos 1.300 trabajadores. En 1987, ATO incluso salió a bolsa, un paso poco habitual en empresas familiares.
Pero aquella carrera también empezó a tensar las costuras de la empresa familiar. “Quizás crecimos demasiado deprisa”, admite el ex director general. Además, el negocio estaba cambiando: los supermercados ganaban peso y ATO había pasado de cobrar prácticamente al contado a tener que esperar 30 o 60 días para ingresar las ventas. En aquel contexto, a principios de los noventa los Balcells recibieron una oferta de Union Laitière Normande (ULN), una gran cooperativa francesa, y decidieron vender la compañía.
La venta puso punto final a más de ocho décadas de vinculación de los Balcells con el negocio de la leche, pero no a la marca que habían creado. Después de pasar por diversas manos, ATO continúa hoy en los supermercados catalanes. Y Josep Balcells, cuando sale a comprar, todavía se detiene en el pasillo de los briks de leche. “Me hace ilusión ver allí los envases de ATO -confiesa-. Ahora llevo una vida más tranquila, pero pensar en la etapa al frente de la empresa me trae buenos recuerdos: también fueron años muy bonitos”, termina diciendo con una sonrisa.