La IA distorsiona los resultados de las grandes tecnológicas
Los gastos masivos en infraestructura hacen temblar a los inversores a pesar del buen rendimiento de algunas compañías
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- Expertos y analistas consideran que los inversores han dado un giro "realista" con la IA
- Diversos gigantes tecnológicos registran grandes pérdidas en bolsa tras publicar resultados
- Parte del mercado hace paralelismos entre el estado del mercado tecnológico y las burbujas del pasado
- La mala situación inversora cuestiona los valores de la salida a bolsa del creador de Claude
La última ronda de resultados de las grandes tecnológicas estadounidenses ha erosionado la euforia en el mercado por la inteligencia artificial (IA). Compañías de la escala de Amazon y Alphabet (matriz de Google) han hecho temblar las piernas de los inversores por culpa de sus previsiones de gasto en infraestructura de computación, que buena parte del mercado considera excesivas. Incluso Microsoft, que ha conseguido salvar los muebles con una generación de caja positiva, ha estado lejos de la exaltación bursátil que habían vivido los gigantes asociados a la IA.
A las puertas de la prueba de fuego para el sector que supondrá la salida a bolsa de Anthropic, el creador de Claude, analistas e inversores señalan un “cambio de visión” por parte del capital. “Cuando aparece una nueva tecnología, todo el mundo que invierte en ella es premiado. Pero, cuando pasa un tiempo, los inversores empiezan a pedir rentabilidades”, observa Xavier Brun, director de renta variable de Trea AM, en conversación con Empresas.
Observando las cuentas de resultados de los hiperescaladores tecnológicos, los analistas consultados coinciden en que no son del todo negativos, aunque algunas cifras hayan decepcionado al mercado. Amazon, sin ir más lejos, declaró el jueves por la noche unos ingresos cercanos a los 202.000 millones de dólares, ligeramente por debajo de las estimaciones de los inversores, pero con una actividad en el segmento de computación en la nube superior a la esperada, cerca de los 46.000 millones de dólares. Alphabet, en una línea similar, reportó unos ingresos próximos a los 127.600 millones de dólares, una rebaja sustancial respecto a los 128.200 millones que esperaban ver los analistas.
Este paso atrás en las ganancias, sin embargo, no explica el batacazo bursátil que han sufrido las dos compañías: el jueves, tras presentar los resultados, la matriz de Google registró el peor día de su historia en el parqué, con un recorte próximo al 13% que borró de golpe 500.000 millones en capitalización bursátil. El gigante que fundó Jeff Bezos, por su parte, perdió el viernes más de un 1,41% respecto al día antes de comunicar resultados. Ahora bien, el peor batacazo dentro del mundo tecnológico lo registró Intel, que se hundió más de un 28% en uno de los peores días de su historia bursátil.
A los ojos del mercado, el partido ya no se juega en los ingresos y los beneficios. La cifra clave, como comentan los inversores consultados, es la generación de caja, es decir, el dinero corriente que genera una empresa con su actividad tras restar los gastos. “En la última temporada de resultados ya se vio un cambio de exigencias, pero en esta ha sido mucho más notorio: piden que acelere la generación de caja”, comenta Javier Cabrera, analista de XTB.
Tanto Alphabet como Amazon han mostrado, con sus cuentas trimestrales, que no solo no generan caja, sino que también queman, y a un ritmo más que elevado. La matriz de Google reportó un flujo de caja libre negativo próximo a los 9.100 millones de dólares y Amazon registró un agujero acumulado de más de 42.000 millones en los doce meses anteriores. También Meta –la propietaria de Facebook, WhatsApp e Instagram– quemó caja a un ritmo de más de 2.100 millones de dólares el trimestre pasado. Entre las hiperescaladoras tecnológicas, solo Microsoft ingresó más efectivo del que gastaba, con más de 18.000 millones de FCF. A pesar de las buenas señales, la compañía fundada por Bill Gates también perdió fuelle en la bolsa, con una caída de un punto y medio la jornada del viernes.
A juicio de Jaume Puig, director general de GVC Gaesco, los agujeros en la caja de buena parte de los hiperescaladores demuestran que “se lo juegan todo a una carta”: las inversiones en infraestructura para la IA. En un análisis reciente, Morgan Stanley calculó que la inversión total en centros de datos podría acercarse a los tres billones de dólares acumulados hasta el año 2028. Y las grandes tecnológicas no solo no han rebajado estas expectativas, sino que también las han acelerado.
Alphabet mantiene su ritmo de gastos de capital para 2026, con una previsión de alrededor de 200.000 millones de dólares. Amazon, por su parte, invirtió más de 77.000 millones durante el trimestre, y su consejero delegado, Andy Jassy, aseguró ante los inversores que espera “gastar significativamente más” el año que viene. Solo Microsoft ha rebajado ligeramente expectativas y calcula que gastará unos 170.000 millones en todo el 2026, unos 5.000 millones por debajo de las previsiones anteriores; si bien atribuyen el recorte a retrasos en las operaciones, y no a un cambio de estrategia inversora.
Según Cabrera, la competencia entre los gigantes hace muy difícil ver giros conservadores en el gasto en centros de datos: “Están en una carrera que condicionará su modelo de negocio, y no pueden parar por mucho que el inversor lo pida”.
Recuerdos de burbuja
Para Brun, las reacciones de los inversores a estos gastos, unidas a la incapacidad coyuntural para generar caja, demuestran que “se ponen en duda las rentabilidades” de las apuestas por la IA de las grandes tecnológicas. Puig puntualiza, sin embargo, que la situación no significa una enmienda a la totalidad del proyecto de la inteligencia artificial. “No se pone en duda el futuro de la IA; pero sí que los retornos de los primeros años sean insuficientes o inferiores a los previstos”, argumenta. En este sentido, observa que el capital se ha “puesto en modo realista” y puede elegir ganar posiciones en empresas menos inversoras, pero con más rendimientos inmediatos. “El inversor está optando por los beneficios que tiene sobre la mesa”, continúa el experto.
En un sentido similar se expresa Brun: “Incluso si no se cuestionan los beneficios de la IA, ¿cuánto tardarán en generar estos beneficios? Con las puntocom, tardaron quince años”, recuerda. La comparación con la burbuja de internet de finales de los 90 se ha convertido en un prisma común para estudiar el boom de la inteligencia artificial, incluso para las grandes instituciones económicas. En una publicación reciente en el blog del Banco Central Europeo, diversos economistas de la entidad cuestionaban si el comportamiento de los inversores con las tecnológicas es “un entusiasmo racional o la próxima burbuja”.
De hecho, Puig pone en paralelo la situación con otros grandes estallidos inversores del pasado, como la burbuja inmobiliaria previa a 2008: se están construyendo muchos centros de datos nuevos, pero está por ver cuándo la demanda de computación será suficiente para justificar las inversiones. “Cuando la oferta crece mucho en un momento determinado, solo con que la demanda llegue cinco años más tarde, se genera un desplome importante”, observa el director general de GVC Gaesco.
Anthropic, la piedra de toque
El malestar entre los inversores tecnológicos estadounidenses no podría llegar en peor momento para una de las piezas clave de la maquinaria de la IA: Anthropic, cabe recordar, presentó oficialmente la documentación para su salida a bolsa el pasado lunes, y las informaciones de la agencia Reuters apuntaban que el salto al mercado abierto podría llegar pasadas las elecciones de medio mandato en los Estados Unidos, que se celebrarán el 3 de noviembre. A juicio de Puig, estas nuevas exigencias de los inversores dejan en mal lugar al laboratorio que dirige Dario Amodei: “Si el estado general de los inversores es preferir los futuribles, está dispuesto a pagar mucho más”.
Pero, “si Anthropic saliera hoy a bolsa, se encontraría con que el contexto no es este”, añade Puig. Cabe recordar que, según han avanzado diversos medios estadounidenses, la compañía aspira a una valoración total en bolsa de dos billones de dólares; si bien la misma Reuters apuntaba, citando fuentes inversoras, que la etiqueta podría rebajarse hasta los 1,5 billones.
Cabrera, por su parte, reconoce que “si el sentimiento se mantiene, podría perjudicar” a la creadora de Claude. No obstante, se remite a las cifras publicadas el lunes y rebaja las tensiones con el mismo argumento que ha castigado a las grandes tecnológicas: la caja. Anthropic desveló una tesorería de más de 112.000 millones de dólares. “El relato que decía que era una máquina de quemar caja no es tan así”, insiste el analista de XTB, quien recuerda que las cuentas de SpaceX “generaron bastantes más dudas” y, aun así, completó una salida a bolsa de récord.
Brun, sin embargo, ve un cambio de relato en el horizonte. Para el experto, la salida a bolsa de Anthropic será “el punto de inflexión que hará que los inversores vuelvan a cuestionar la esencia” de sus apuestas. “Los inversores están comprando una narrativa, que podemos decir que es irracional, pero eso ha pasado más veces cuando hay burbujas”, razona. Y recuerda la vieja sentencia inversora: “El mercado puede permanecer irracional mucho más tiempo del que usted puede permanecer solvente”