Grandes hombres y grandes mujeres

El magnate del cobre que se hizo rico gracias a los buscadores de oro

William Clark se quedaba las minas de los que no podían devolverle los créditos y compró voluntades para ser senador

15/09/2026 - 07:02 h.

En la primavera de 2011 murió en la ciudad de Nueva York la pintora Huguette Clark, justo cuando le faltaban un par de semanas para cumplir 105 años. Su muerte y también su vida habían estado llenas de misterio. Al morir dejó un legado de 500 millones de euros, pero ningún descendiente. La razón de la fortuna que poseía la encontramos en la figura de su padre, gran magnate del cobre que concibió a su hija a una edad en la que la mayoría de los mortales se jubilan.

William Andrews Clark Sr. Banquero, empresario y político

  • (1839-1925)
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El futuro millonario nació en Pensilvania y más tarde vivió en Iowa, donde culminó sus estudios. A pesar de sus orígenes geográficamente nordistas, cuando estalló la guerra civil se alistó en el ejército confederado, en una experiencia que sería breve porque lo dejó al cabo de un año. Muy influido por la fiebre del oro de Montana, con veintitrés años pensó que el futuro estaba en la minería de este metal amarillo, pero a medida que un trabajo tan duro no le daba suficientes réditos se fue desengañando. Repitió un patrón que se había observado en la fiebre del oro californiana –quince años antes– consistente en dejar de picar piedra y dedicarse a ofrecer servicios a los mineros. Hizo todo tipo de transporte y comercio, desde alimentos hasta correo pasando por herramientas de minería, teniendo como clientes a mineros de territorios remotos que no tenían alternativa a sus precios elevados. Esta actividad le permitió ahorrar suficientes recursos para abrir un pequeño banco en la localidad de Butte, un lugar que se convertiría en el epicentro de la minería en Montana. El banco le sirvió sobre todo para quedarse la propiedad de pequeñas explotaciones mineras que incumplían los pagos de los préstamos que les había hecho previamente, de manera que en pocos años ya había construido un buen patrimonio. Cuando las montañas de Montana empezaban a mostrar síntomas de agotamiento de las vetas de oro, el negocio se trasladó hacia el cobre y la plata, y Clark no faltó a la cita.Las inversiones que realizó en minas de cobre aumentaron de valor de manera exponencial cuando, en las últimas décadas del siglo XIX, se produjo el boom de la electricidad, una innovación que enseguida necesitó grandes cantidades de este metal para cablear la geografía del país. En aquellos momentos, Clark ya era el rey del cobre de Montana, junto con sus rivales Marcus Daly y Frederick Heinze, pero no se limitó a aquel territorio, sino que expandió los negocios hacia el sur, al estado de Arizona, donde compró la fundición de metales United Verde. Con la fortuna construida tampoco se recluyó en el cobre, sino que invirtió en prensa (la cabecera Butte Miner era suya), ferrocarriles, ganadería y madera, entre otros.En el año 1884 entró en política participando como presidente de la convención que se organizó para que el territorio tuviera categoría de estado y se pudiera incorporar a la Unión. En aquel primer intento no hubo acuerdo, pero sí en el segundo, en 1889, también presidido por Clark. Su paso a la política nacional fue mucho más controvertido porque nueve años después de fracasar en un primer intento de entrar en el Senado (1890) intentó asegurarse la silla de senador gracias a una campaña masiva de sobornos de diputados y senadores del estado de Montana (eran los electores porque no había sufragio directo). La panoplia de favores fue realmente amplia: préstamos, cancelación de deudas, regalo de fincas y, por supuesto, los clásicos sobres cargados de billetes. Nuestro protagonista llegó a tomar posesión del escaño, pero le duró bien poco, porque solo unos meses más tarde fue desalojado ante la contundencia de las pruebas. De hecho, su caso provocó la aparición de la Decimoséptima Enmienda de la Constitución americana para intentar evitar que el caso se repitiera. Según relatan algunas fuentes, interpelado por el caso, Clark respondió que “no había comprado nunca a nadie que no estuviera en venta”. En 1901 consiguió, por fin, convertirse en senador, esta vez aparentemente de manera limpia.La entrada al senado coincidió con su matrimonio, el segundo, esta vez con la joven Anna Eugenia LaChapelle, que tenía treinta y nueve años menos que él. A pesar de las limitaciones físicas de la edad, todavía conseguiría tener dos hijas, Louise (nacida en Madrid, por cierto) y Huguette, con quien abríamos este escrito. Contando el matrimonio anterior, el marcador se detuvo en nueve vástagos. El magnate del cobre murió en marzo de 1925 en su mansión de 121 habitaciones en la Quinta Avenida de Nueva York.