La productividad en los servicios
Director de estudios económicos de la Cámara de Comercio de BarcelonaEl crecimiento de la productividad del trabajo se ha duplicado en los Estados Unidos, pasando de un 1% de media anual a lo largo de la década anterior a un 2% durante los últimos cinco años. Es demasiado pronto para atribuir este hecho a la IA (inteligencia artificial) y tampoco parece ser el resultado de un mejor comportamiento o de un peso más elevado en el PIB de las actividades más directamente asociadas con las TIC (tecnologías de la información y las comunicaciones). La causa principal hay que encontrarla en aquellas actividades de servicios que durante los últimos años han aprendido a hacer un uso más eficaz de las TIC, adaptando sus sistemas organizativos y comerciales a las nuevas tecnologías. Desde este lado del Atlántico sorprende observar cómo en los EE. UU. entre 2019 y 2024 el crecimiento de la productividad en el comercio minorista y en la hostelería se ha situado por encima del 4% y del 2% de media anual, respectivamente, superando a la industria manufacturera en ambos casos. De hecho, la productividad en las manufacturas americanas se estancó a lo largo del periodo anterior, 2000-2019, siendo superada ampliamente por el comercio y la hostelería. Otras actividades de servicios como la distribución mayorista, la educación o los servicios técnicos y profesionales también han registrado crecimientos de la productividad superiores a la media de la economía americana.
Una investigación publicada en 2023 por dos economistas de la Universidad de Chicago ya había señalado que las actividades de servicios en EE. UU. estaban experimentando una transformación radical, gracias a una mejor utilización de las tecnologías digitales mediante innovaciones organizativas. Este efecto es especialmente prominente en sectores tradicionalmente considerados refractarios al aumento de la productividad, como el comercio, la hostelería o los servicios personales y sanitarios. Otros estudios han encontrado evidencia de transformaciones similares en otras economías, incluyendo algunos países en vías de desarrollo, sobre todo en el caso de servicios que se prestan a los consumidores finales en mercados locales. Uno de los factores que impulsan esta transformación parece ser la consolidación del tejido productivo en establecimientos empresariales más grandes que aprovechan las economías de escala facilitadas por las tecnologías digitales y que, a su vez, inducen mejoras de productividad a lo largo de la cadena de valor que acaba en el consumo final. Esta consolidación ha sido efectiva cuando los potenciales efectos positivos sobre la productividad no han sido neutralizados por un debilitamiento de la competencia.
El reputado economista de Harvard Dani Rodrik, autor de un artículo clásico en defensa del rol preeminente de las manufacturas como palanca del desarrollo económico, ha comenzado a prestar atención a este fenómeno. En primer lugar, Rodrik señala las limitaciones de los modelos de desarrollo basados en la industria manufacturera, cuando se concentran en actividades poco intensivas en capital humano y tecnológico, integradas dentro de las cadenas de valor internacionales. La economía mexicana sería un ejemplo en este sentido. Actualmente, para competir con ventaja en los mercados mundiales de manufacturas hace falta un nivel superior de capacidades tecnológicas, comerciales y de gestión. Sin menospreciar el papel central de la industria, Rodrik aboga actualmente por una expansión de los servicios de consumo orientados a la clase media autóctona como palanca para elevar los estándares de calidad y eficiencia en el conjunto de la economía.
Trasladando el foco de este debate a nuestra casa, un informe reciente de la Fundación BBVA destaca el impacto de los sectores más abiertos a la digitalización en la productividad del conjunto de la economía. En este sentido, la distinción entre actividades industriales o de servicios no es el factor más relevante. La clave es extender la digitalización de manera efectiva a los diferentes sectores, junto con una reducción de las barreras de entrada y salida a los mercados, para facilitar el dinamismo empresarial. Como resultado, se reforzarán la creación y la escalabilidad de empresas con nuevos modelos organizativos, tecnológicos y comerciales. A pesar de las dificultades conceptuales y estadísticas para medir adecuadamente la productividad de los servicios, seguramente estamos subestimando el potencial de los aumentos medibles de eficiencia y calidad en muchas actividades tradicionales que todavía no han incorporado las nuevas tecnologías de manera verdaderamente transformadora. La irrupción de la IA puede representar un reforzamiento de estas tendencias, con la ventaja de que en el caso de muchos servicios intensivos en trabajo hay margen para añadir valor aumentando la cualificación del personal que utilice las nuevas tecnologías, sin tener que reducir necesariamente el empleo.