¿Quiénes son los Faber-Castell? La familia que lidera la producción mundial de lápices
La novena generación de una saga digna de una novela encabeza la multinacional alemana
Una goma de borrar, una regla, un par de bolígrafos. También dos subrayadores, un sacapuntas y, claro, unos cuantos lápices. Esta semana, con la vuelta a las aulas, los estuches se han vuelto a llenar de material escolar. Y en el lomo de muchos lápices –especialmente los que el alumnado usará para las asignaturas más artísticas– habrá estampado un mismo nombre: Faber-Castell. Son los dos apellidos de una saga alemana que hace más de 260 años que los fabrica.
Hoy, la compañía es el principal fabricante mundial de lápices de madera: produce más de 2.000 millones cada año, da trabajo a unas 6.200 personas, tiene plantas de producción en nueve países y vende sus productos en más de 120 mercados. Factura más de 600 millones de euros al año.
Pero, ¿quiénes son los Faber-Castell? Detrás de la saga hay una historia familiar llena de personajes dignos de novela: un artesano que empezó fabricando lápices en un pequeño taller, un barón que supo convertirlos en un producto de prestigio internacional, una joven heredera que asumió el relevo familiar tras una sucesión de muertes prematuras y un conde que, al casarse con ella, originó el apellido Faber-Castell. En total, nueve generaciones de una misma familia han pasado por una empresa que continúa teniendo la sede prácticamente en el mismo lugar donde todo empezó en 1761.
Un taller a las afueras de Núremberg
Aquel año, Caspar y Maria Faber, un matrimonio que vivía en Stein, una pequeña localidad a las afueras de Núremberg, empezaron a fabricar lápices. En aquella época, el lápiz todavía era un producto bastante rudimentario, elaborado por pequeños fabricantes que combinaban grafito y madera de manera artesanal. Caspar vio en ello una forma de ganarse la vida.
El primer salto lo dio su hijo, Anton Wilhelm. Cuando asumió el negocio, compró unos terrenos a las afueras de Stein y trasladó allí la producción para transformar el pequeño taller del padre en una fábrica. Es allí mismo donde Faber-Castell sigue teniendo hoy su sede central. Después vendría Georg Leonhard Faber, la tercera generación de la familia, que mantuvo el negocio a pesar de unos años económicamente difíciles.
Pero el personaje que cambió de verdad la dimensión de la empresa fue su hijo Lothar. Cuando tomó el timón, a mediados del siglo XIX, entendió que para competir no bastaba con fabricar más lápices: había que fabricar unos mejores y, sobre todo, conseguir que el consumidor los reconociera. Mejoró su calidad, empezó a estampar en ellos el nombre A.W. Faber e impulsó la expansión internacional de la compañía.
Sus hermanos se sumaron. El más pequeño, Eberhard Faber, se marchó a los Estados Unidos y desde 1849 dirigió la sucursal de Nueva York. Johann Faber, en cambio, trabajó durante años al lado de Lothar. Él confiaba en que el relevo recayera en el único hijo que tenía, Wilhelm. El joven se formó en una escuela de negocios suiza, asumió responsabilidades dentro de la empresa y viajó por Rusia y los Estados Unidos para atender los negocios familiares.
Pero los planes se truncaron de golpe: Wilhelm murió prematuramente en 1893, a los 42 años. Tres años después también murió Lothar. El imperio del lápiz quedó pendiendo de un hilo.
El relevo acabó recayendo en Ottilie, la hija mayor de Wilhelm y nieta de Lothar, de solo veinte años. En 1898 se casó con el conde Alexander zu Castell-Rüdenhausen y de aquel matrimonio salió el nombre que todavía hoy identifica a la empresa: Faber-Castell. Alexander asumió la gestión de la compañía y, en 1905, lanzó uno de los productos que acabarían definiéndola: el Castell 9000, el característico lápiz verde que todavía hoy forma parte del catálogo de la marca. Después, el negocio pasó a su hijo Roland y, a partir de 1978, al nieto Anton-Wolfgang von Faber-Castell.
Con Anton-Wolfgang, la empresa aceleró la internacionalización, abrió fábricas y filiales en América Latina y Asia y entró en nuevos negocios, como la fabricación de lápices de madera para la industria cosmética. Desde 2017, la gestión cotidiana ya no recae directamente en un miembro de la familia, sino en una junta directiva profesional. La propiedad, sin embargo, continúa en manos de los Faber-Castell. Charles, Katharina, Sarah y Victoria representan hoy la novena generación de una estirpe que, más de 260 años después, continúa detrás del principal fabricante mundial de este objeto.