La guerra en Irán reaviva la energía nuclear
Europa se divide sobre el papel de esta tecnología en la transición energética
BarcelonaHashimoto Takuma tenía tres años cuando con su familia tuvo que dejar a toda prisa su casa en Iwaki. Fue el 11 de marzo de 2011, el día en que un terremoto de magnitud 9.0 y un posterior tsunami impactaron en la central nuclear de Fukushima Daiichi en Japón, y provocaron el peor accidente nuclear desde Chernobyl. Las oleadas sobrepasaron los muros de defensa, inundaron los sistemas de refrigeración y provocaron la fusión del núcleo en tres reactores y explosiones de hidrógeno. El accidente obligó a más de 150.000 personas a abandonar su casa para sobrevivir. Desde ese día Fukushima se convirtió en un desastre nuclear activo, vigente hasta la fecha.
Ahora, sin embargo, Hashimoto tiene dieciocho años y es una de las personas que en Japón todavía tienen un sentimiento pronuclear, según Reuters. Y, de hecho, quiere dedicarse profesionalmente a la energía nuclear en un centro de monitorización de radiación. El gobierno de Japón y Tokio Electric Power Company (TEPCO), la empresa que maneja todos los reactores nucleares de Japón, continúan con su afán de reactivar los 33 reactores nucleares que todavía existen en el país, que habían sido suspendidos tras el desastre.
Hoy, quien más entusiastamente apoya el retorno de la energía nuclear es la primera ministra Sanae Takaichi, que tras la victoria electoral, ha impulsado el reinicio de la industria nuclear en Japón. Incluso reactivó uno de los siete reactores en la planta nuclear Kashiwazaki-Kariwa, la mayor planta nuclear del mundo. Todo parece indicar que el gobierno quiere ignorar la historia y la geología de Japón, que sufre al menos 1.000 terremotos al año. Argumentan que el peligro es cosa del pasado y que la tierra y el agua están limpias, pero la gente de Fukushima sabe la verdad, ya que son ellos quienes durante quince años han vivido con el peligro y con el estigma de habitar en la villa nuclear.
Ahora el problema se agrava con la guerra de Irán. Japón es uno de los estados del mundo con mayor dependencia energética de gas natural y petróleo de Oriente Medio, del que es uno de los grandes compradores. El cierre del estrecho de Ormuz deja al país en una situación energéticamente complicada, con reservas, sobre todo de gas, para pocos días, y debiendo pagar precios desbaratados a nuevos proveedores de petróleo y GNL.
Pero el debate sobre las nucleares no ha reavivado sólo en Japón. Europa vive un nuevo impulso a esta tecnología que algunos defienden porque no emite CO₂–aunque provoca unos residuos radiológicos que deben mantenerse confinados durante muchos años–, y porque la lucha contra el cambio climático exige electrificar la economía y el transporte, lo que obligará a generar mucha más energía eléctrica que no provoque emisiones.
"Alargar el funcionamiento seguro del parque nuclear es una de las opciones más económicas para garantizar energía limpia", dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su intervención, hace sólo unos días, en la cumbre del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), que ha agrupado a una treintena de jefes de estado y de gobierno este jueves en Bruselas.
La dirigente alemana constató que la invasión rusa de Ucrania ha provocado una "nueva mirada" sobre "el potencial de las nucleares" y recordó que casi una cuarta parte de la electricidad que consumen los europeos todavía se genera a través de las centrales atómicas. Además, reivindicó esta tecnología como fuente de energía regular que contribuye a "estabilizar" los precios de la factura de la luz, que durante la crisis energética se dispararon. "Europa cometió un error estratégico al dar la espalda a una fuente de energía fiable, económica y con pocas emisiones", sentenció la presidenta de la Comisión. Y el presidente francés, Emmanuel Macron, pidió recientemente invertir en el sector nuclear, especialmente ahora que el contexto geopolítico internacional es complejo y la dependencia de los hidrocarburos hace jaque a la economía por las guerras de Ucrania e Irán.
Otros dirigentes europeos están cambiando su posición, como Alemania, país que puso en marcha un plan para cerrar centrales nucleares y del que reniega el actual canciller, Friedrich Merz. El dirigente germano calificó de "irreversible" el plan, pero dijo que "lamenta" no poder dar marcha atrás.
En cambio, España se está convirtiendo entre los Veintisiete en el gran defensor de la transición hacia las renovables, algo que ya se ha puesto sobre la mesa en el Consejo Europeo de esta misma semana, con un Pedro Sánchez liderando el grupo de quienes están en contra de volver a abrir la puerta a las energías fósiles y más contaminan la guerra.
La posición española también la dejó muy clara la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, después de que Von der Leyen hiciera una advertencia sobre el posible cierre prematuro de las centrales nucleares. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, respondió el martes a las advertencias de la presidenta de la Comisión Europea: "El plan sobre la mesa" de España son las energías renovables. Aagesen fue muy clara: "El sol y el viento nunca serán bloqueados en el estrecho de Ormuz".
Además, la ministra señaló que "lo primero que destaca" la presidenta de la Comisión en su misiva es la necesidad de que los países profundicen en un sistema energético más autónomo, lo que permiten las energías renovables. "Hay muchas recetas distintas para los distintos países", apuntó. Y afianzó la apuesta del gobierno de Pedro Sánchez por las renovables: "Esta es la política de este gobierno desde el 2018", concluyó la vicepresidenta, quien además destacó "la gran ventaja" que ofrecen a la economía española en términos de competitividad.
De hecho, la actual vicepresidenta y ministra sigue el criterio marcado por su predecesora en el cargo, Teresa Ribera, actual vicepresidenta de la Comisión Europea para la Transición Neta, justa y Competitiva. Pero Ribera ahora ha abierto también la mano en las nucleares. De hecho, Ribera, con el comisario europeo de Industria y de Transición Limpia, Stéphane Séjourné, presentó oficialmente la medida y han propuesto invertir más de 200 millones de euros en el despliegue de minirreactores nucleares en todo el territorio comunitario. Así, Bruselas aprovechaba el encarecimiento energético por culpa de la guerra por "romper tabúes" –tal y como dijo Sejourné– y dar un paso más en favor de la energía nuclear y de la "autonomía estratégica" del bloque europeo. "Tiene sentido a escala geopolítica, económica y social", ha defendido el dirigente francés.
Sin incongruencia
Defender la transición limpia y al mismo tiempo apostar por minirreactores nucleares parece incongruente. Pero es comprensible. "Depende del país", indica Mar Reguant, economista especializada en energía, investigadora Icrea en el Instituto de Análisis Económico y catedrático de la Northwestern University. Para esta experta, "en Alemania todavía arden mucho carbón y gas y es normal que piensen en minirreactores, pero en España hay mucha potencialidad en renovables", explica.
El debate, sin embargo, está cada vez más presente y, además, cambiante. El presidente de la comisión de energía de la patronal Pimec, José Enrique Vázquez, lo explica. "Si hubiéramos hablado hace tres semanas el planteamiento sería distinto", indica. "El debate es absolutamente distinto por las circunstancias", avisa el responsable de energía de la patronal.