Política monetaria

La división europea y el sufrimiento germánico marcan la próxima reunión del BCE

La institución monetaria llega a su reunión de otoño con mensajes contradictorios sobre futuras subidas del precio del dinero

BarcelonaUn Banco Central Europeo dividido, una vez más, entre centro y periferia todavía este próximo jueves su reunión de otoño, en la que deberá decidir si mantiene el ritmo de subidas de tipos de interés o frena el encarecimiento del precio del dinero . Curiosamente, la situación es la contraria de lo que cabría esperar teniendo en cuenta la coyuntura actual en el Viejo Continente: los países del norte y el centro son los que menos crecen, pero al mismo tiempo reclaman mayores aumentos de tipos, a pesar del impacto negativo que tienen las subidas sobre la actividad económica.

El jueves, pues, el BCE se encontrará con la disyuntiva de si es necesario continuar subiendo los tipos de interés, que han pasado del 0% de julio de 2022 al 4,5% actual, o no. Inicialmente, aprobó los aumentos con la unanimidad del consejo de gobierno, pero la unidad se ha ido agrietando.

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Las subidas de tipos sirven para encarecer el crédito (por ejemplo, las hipotecas) y tienen como efecto frenar el encarecimiento del coste de la vida: Si sale más caro pedir un préstamo porque se debe pagar más interés, el consumo y la inversión de empresas y familias cae, lo que provoca una disminución de la demanda que obliga a las empresas a recortar precios para vender lo mismo.

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La contrapartida, sin embargo, es que esta caída de la inversión y el consumo tiene un impacto directo sobre la actividad económica, que se ralentiza. El crecimiento, pues, se frena o, incluso, una economía puede entrar en recesión, como fue el caso de Alemania entre octubre de 2022 y marzo pasado. Por tanto, el BCE debe decidir entre seguir luchando contra la inflación o frenar los aumentos para evitar una recesión.

Además, en los últimos días el conflicto entre Israel y Palestina ha añadido preocupación al BCE, sobre todo por el efecto que puede tener sobre el precio del petróleo –se disparó inmediatamente después del ataque de Hamás sobre Israel– y, por tanto, añadir combustible a la inflación. La guerra "puede tener un impacto estagflacionario si se convierte en un problema", dijo el miércoles al Financial Times Yannis Stournaras, gobernador del banco central griego, en relación a una posible estagflación (inflación acompañada del estancamiento de la economía). Sin embargo, también apuntó que el conflicto puede acabar de decantar la balanza del consejo de gobierno del BCE a favor de detener las subidas de tipos.

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Norte contra sur

La situación curiosa es que los países del centro y norte de Europa, encabezados por Alemania, son los más favorables a seguir subiendo los tipos porque son los que tienen una mayor inflación derivada de su dependencia del gas ruso. Pero a la vez son quienes menos crecen. Y por el contrario, la periferia europea –donde está España– quiere detener el encarecimiento del crédito aunque son los estados donde la economía tira más.

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El país con mayor peso de la zona euro que se ha mostrado en contra de nuevas subidas es Francia, y es el que lidera el grupo de estados del sur y de la periferia contrarios a seguir incrementando el precio del dinero, mientras que Alemania y los países del norte y este quieren seguir subiéndolo. La semana pasada, el gobernador del banco central francés, François Villeroy de Galhau, declaró en una entrevista al diario alemán Handelsblatt que cualquier nuevo aumento no estaría justificado, ya que considera suficientemente buenos los datos de inflación en el conjunto de la zona euro. De Galhau tiene a Pablo Hernández de Cuerpo, gobernador del Banco de España, uno de sus grandes aliados.

Joachim Nagel, presidente del Bundesbank –el banco central alemán–, aseguró que "aún no se ha vencido a esta bestia codiciosa", en referencia a la inflación. "No podemos decir que hayamos alcanzado el máximo ni durante cuánto tiempo habrá que mantener los tipos de interés en niveles restrictivos", indicó en una línea similar la también alemana Isabel Schnabel, una de los miembros del consejo de gobierno del BCE que defiende posiciones más agresivas contra la inflación. Por su parte, Peter Kažimír, gobernador del banco central de Eslovaquia, apuntó a Bloomberg que sí habrá un incremento del precio del dinero en la reunión del jueves, pero que espera que sea el último.

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¿Qué razones explican que el centro de Europa quiera una medida que puede empeorar su economía y, por tanto, aumentar el paro? La primera es que, en efecto, la guerra ha provocado una mayor inflación en el norte y centro de Europa durante más meses, aunque hay excepciones en ambos sentidos. La segunda es que "el miedo a la hiperinflación" que asoló Alemania en los años 20 del siglo pasado "aún funciona hoy en día", algo que está "adentro de la mentalidad" de buena parte de la ciudadanía del país, explica Xavier Freixas, catedrático emérito de economía financiera en la UPF.

La tercera tiene que ver con la deuda. Los países del sur están más endeudados que los del norte, por lo que los incrementos de tipos les encarecen más el coste de endeudarse. "Italia tiene un problema serio" con la deuda de que en España no es tan grande, pero sí tiene riesgo de "contagio" si se complica en Italia, lo que explica la insistencia del sur de Europa de cortar el ritmo de subidas, indica Frejas. Ante esta situación, sin embargo, las autoridades de los países del norte del continente quieren "dejar las cosas claras" y evitar que el exceso de endeudamiento de los gobiernos periféricos les frene su lucha contra la inflación.

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Una sola política para un continente

Uno de los problemas que dificultan resolver esta división es el diseño institucional de la eurozona: los veinte países comparten moneda, pero no están tan integrados económicamente como, por ejemplo, los 50 estados estadounidenses. La zona euro no tiene un ministerio de Hacienda común, una unión bancaria terminada ni un mercado laboral plenamente integrado, por poner algunos ejemplos. Esto hace que el BCE tenga que tener una política común –un solo tipo de interés basado en la inflación media– que no tiene por qué ir bien a todos sus estados miembros.

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"Solo podemos tener como objetivo la media" de la Eurozona, declaró el lunes Philip Lane, economista jefe del BCE y también miembro del consejo de gobierno, a un diario neerlandés. "Vemos que las tasas de inflación y de crecimiento son bastante diferentes en toda Europa", admitió, por lo que opinó que, para remediar esta situación, "las políticas nacionales deberían diseñarse para llenar el vacío si el tipo de interés único no sirve para todos los países".

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En la misma línea, Freixas recuerda que "el BCE es el banco de Europa" y los miembros del consejo de gobierno tienen la obligación de dejar de lado intereses nacionales cuando entran en las reuniones. "Los españoles no tenemos ninguna culpa" de que la dependencia energética de Rusia ahora pase factura a la economía alemana, asegura, pero a su juicio esto no excusa que "el hecho de haberse llevado bien o haber tenido suerte con el gas no debe ser mencionado en las reuniones".