De la gasolinera a la hipoteca: cuatro meses de guerra castigan el bolsillo de los ciudadanos
La inflación se convierte en el principal problema con un riesgo de frenazo del consumo y la inversión
BarcelonaLa guerra en Oriente Medio que comenzó el 28 de febrero con los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán ha tenido, evidentemente, un impacto económico. Después de cuatro meses, y con el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, es difícil cuantificar el coste total de la guerra en términos económicos. Pero lo que está claro es que el impacto ha recaído directamente en los bolsillos de los ciudadanos y ha debilitado el crecimiento económico en muchas áreas del mundo, especialmente en Asia-Pacífico, con mayor dependencia del petróleo del Golfo.
A pesar de ello, esta semana el Banco de España ha dicho que los grandes datos del primer semestre del año indican que la economía española ha resistido sin muchos daños el impacto de la guerra en Oriente Medio. Tanto la creación de empleo, como la inversión y el gasto turístico han demostrado una solidez que permite mantener o incluso mejorar las previsiones para España. El informe de previsiones del Banco de España mantiene el 2,3% como previsión de crecimiento de la economía para este 2026 y el 1,7% para el año que viene.
Son las mismas previsiones que la institución hacía en marzo, pero con una modificación de los motores económicos: una frenada de la demanda interna (consumo de los hogares e inversión), compensada, sin embargo, con un impulso del turismo. El director general de Economía del Banco de España, David López Salido, decía: “La economía española tiene un perfil de crecimiento favorable” de cara a los trimestres próximos.
Hay algunos datos claros que van directamente contra el bolsillo de las familias: el encarecimiento de la energía, el aumento de la inflación, la falta de fertilizantes que ha presionado al alza el precio de los alimentos y, de rebote, la subida de los tipos de interés en la zona euro que ha hecho subir las cuotas de las hipotecas a tipo variable y del crédito en general. De hecho, el Banco de España ya señala la inflación como el principal problema y la sitúa en el 3,6%, muy por encima de los objetivos de un incremento de precios alrededor del 2%.
López Salido alertaba de la diferencia de inflación entre España y el resto de países de la eurozona: "Nos preocupa que se abra una brecha en la inflación subyacente [la que no tiene en cuenta los elementos más volátiles, como la energía y los alimentos], porque el efecto del shock energético se traslada más a la inflación subyacente española que a la del resto de Europa. Y esto se acentúa por un enorme crecimiento de la demanda por turismo y ocio". De hecho, las previsiones indican que la inflación en España este año será 6 décimas más alta que la de la media de la zona euro.
El Foro Económico Mundial (que organiza cada año el encuentro de Davos), definió el estrecho de Ormuz como la yugular del mundo. Porque su cierre no afecta solo al petróleo y la energía, sino a muchas otras materias primasno las subió, cuando sería lo más ortodoxo en un momento de inflación del 4,2%Impactos directos
La guerra ha impactado directamente en el bolsillo de los ciudadanos. Los carburantes se encarecieron hasta los 1,81 euros el litro de gasolina y el gasoil hasta los 1,94 euros el primer mes de conflicto. La subida de los carburantes, además, afectó a la práctica totalidad de los productos. España, sin embargo, decidió aplicar una rebaja fiscal para devolver los precios de los combustibles a los niveles de preguerra. El impacto, por tanto, pasó del bolsillo de los ciudadanos a las arcas públicas. El mismo gobierno español, que este 29 de junio tiene previsto aprobar un nuevo decreto de ayudas, cifró en 5.000 millones de euros el coste de estas medidas.
El otro gran impacto en el bolsillo de los ciudadanos (y, por tanto, en el consumo, pero también en la inversión de las empresas), es la subida de los tipos de interés. En febrero, la inflación en el Estado era del 2,3%, una tasa muy próxima al objetivo a medio plazo del Banco Central Europeo (BCE), que es mantenerla en torno al 2%. En cambio, después de tres meses de guerra, en mayo, ya se había encarecido hasta el 3,2%, un punto más que en febrero. La tendencia es igual en toda Europa y más allá. En Estados Unidos, la inflación en mayo fue del 4,2%.
El Banco Central Europeo (BCE), en su consejo de junio, decidió mover ficha para intentar aplacar el repunte de la inflación. El organismo financiero decidió subir en 0,25 puntos porcentuales los tipos de interés, hasta el 2,25%. En el caso de Estados Unidos, la decisión de la Reserva Federal (Fed) no fue tan clara, porque en su última reunión decidió mantener los tipos de interés. Pero el hecho es que, en el fondo, la decisión es antiinflacionaria. El presidente Donald Trump se había enfrentado al anterior presidente de la Fed, Jerome Powell, porque no quería bajar los tipos. El nuevo presidente, llegado al cargo con el aval de Trump, Kevin Warsh, decidió mantener los tipos, no los subió, cuando sería lo más ortodoxo en un momento de inflación del 4,2%.
La traducción práctica de todo esto es la subida del Euríbor y, por tanto, el encarecimiento de las hipotecas a tipo variable. El 27 de febrero, el día antes del inicio de las hostilidades, el Euríbor a 12 meses se situaba en el 2,222%. Este viernes estaba en el 2,748%. Pero durante los meses de guerra algunos días ha llegado a superar el 3%. Y el mes de mayo cerró en el 2,8%; por ejemplo, la cuota mensual para una hipoteca media de 174.132 euros referenciada al Euríbor, que era de 833,11 euros, pasaba a 900,39 euros, lo que supone 67,28 euros más cada mes o 807,36 euros más al año.