El nuevo presidente de la Reserva Federal se alinea parcialmente con Trump y mantiene los tipos, pero no los recorta
Kevin Warsh, considerado próximo al presidente de los EUA, se estrena al frente del banco central norteamericano
BarcelonaLa Reserva Federal (la Fed, el banco central de los Estados Unidos) ha decidido mantener sin cambios los tipos de interés, a pesar del encarecimiento del coste de la vida de los últimos meses, según ha informado el organismo en un comunicado publicado este miércoles. La reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, en inglés, el órgano interno que toma las decisiones de política monetaria) celebrada entre martes y miércoles ha sido la primera presidida por Kevin Warsh, que se ha alineado solo parcialmente con las peticiones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que desde su regreso a la Casa Blanca había exigido una rebaja del precio del dinero para impulsar el crecimiento de la economía.
Así, el precio del dinero en EE. UU. se mantendrá en el rango entre el 3,5% y el 3,75%. La decisión de la Fed de mantener los tipos estables –se trata de la cuarta reunión consecutiva en la que el FOMC toma esta decisión– tiene lugar en un contexto de elevada inflación en EE. UU. Recientemente el crecimiento de los precios de bienes y servicios que consumen las familias norteamericanas llegó al 4,2% anual, una tasa más del doble del 2% que se marca como objetivo el mismo banco central.
De hecho, la institución ha revisado del 2,7% al 3,4% la inflación esperada de media este año en EE. UU. Sin embargo, la Fed ha declinado un incremento de los tipos, la herramienta principal que –según la teoría económica– tienen los bancos centrales para frenar las subidas de precios.
Cuando los bancos centrales suben los tipos, el coste de endeudarse para los bancos también crece, lo que se traduce en un encarecimiento de los préstamos que dan a sus clientes. Este encarecimiento del crédito restringe la capacidad de las familias y las empresas de endeudarse para invertir o consumir más, lo que frena la actividad económica y, por tanto, hace caer los precios. La Reserva Federal, pues, ha preferido esperar, a pesar de que su nuevo presidente, Kevin Warsh, ha dejado entrever que el organismo podría subir los tipos una vez este año. "La inflación está muy por encima del objetivo del 2%", ha dicho Warsh este miércoles.
Alineado con Trump, pero no del todo
Warsh ha comparecido por primera vez en rueda de prensa como presidente de la Fed para explicar la decisión tomada por el comité. El economista, que sustituye a Jerome Powell al frente de la institución monetaria, está considerado un hombre cercano ideológicamente al presidente de los EUA, Donald Trump. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump había atacado duramente a Powell con el fin de forzarle a recortar los tipos de interés –había llegado incluso a amenazarle con la destitución– con el fin de fomentar la actividad económica. Al mismo tiempo, sin embargo, la elevada inflación que están registrando los EUA está siendo uno de los puntos débiles de la presidencia del magnate neoyorquino.
Así pues, Warsh ha cumplido lo que esperaban la mayoría de los analistas, que habían anticipado que la Fed no alteraría los tipos, y ha tomado una decisión alineada con Trump, aunque sin llegar al extremo de aprobar la rebaja de los tipos que había exigido a Powell durante meses. El argumento del banco central es que una subida de los tipos tendría un efecto limitado, porque el encarecimiento de precios no tiene que ver con la actividad económica en EE. UU., sino con "las perturbaciones de la oferta que han impulsado aumentos de precios en ciertos sectores, incluido el energético", ha explicado Warsh.
En efecto, las subidas de precios han escalado los últimos meses, sobre todo a causa del encarecimiento de la energía –en particular el gas natural y el petróleo– a raíz de la guerra en Irán iniciada por EE. UU. e Israel. La subida de precios energéticos se ha notado en la gasolina, que se ha encarecido de manera drástica los últimos meses, un hecho que tiene un impacto mucho mayor en los bolsillos de los norteamericanos que no de los europeos, por la mayor dependencia del coche que tienen los trabajadores en Estados Unidos.
Igualmente, el precio del transporte de mercancías también ha subido a consecuencia de este aumento del coste de los carburantes, lo que acaba empujando al alza una gran parte de los productos de la cesta de la compra, un hecho que Warsh ha prometido que combatirá: "Debemos asegurarnos de que los precios al alza no se extiendan a toda la economía", ha declarado. No obstante, las perspectivas de que acabe el conflicto en el golfo Pérsico hace pensar a los economistas de la Fed que la inflación podría virar a la baja en los próximos meses.