Fantasías sexuales: ¿qué dicen de nosotros?

Fantasías
Beti Badia
03/08/2026 - 13:01 h.
2 min

Las fantasías sexuales despiertan mucha curiosidad, pero también mucha culpa. Hay personas que se asustan por lo que imaginan o que se preguntan qué dice eso sobre ellas. Pero quizás lo primero que hay que entender es que no es lo mismo fantasear que desear. Podemos fantasear con una situación concreta y no tener ningún interés real en llevarla a la práctica. La fantasía no es un contrato con la realidad, ni tiene por qué enmascarar un deseo inconsciente de una filia o un trauma. Lo siento por el psicoanálisis.

De hecho, fantasear es una capacidad profundamente humana y una gran gasolina para el órgano erótico más importante que tenemos: el cerebro. El deseo no nace solo del contacto físico, sino también de la imaginación, la anticipación, el juego mental y todo aquello que construimos dentro de nuestra cabeza.

Por eso, a menudo dice más la capacidad que tenemos de fantasear que el contenido concreto de la fantasía. Hay personas con muchas fantasías diferentes y otras que conectan poco con este mundo imaginativo. Y esto sí que puede influir en la manera como vivimos el deseo, la excitación o la creatividad sexual.

También es interesante pensar cómo ha cambiado nuestra relación con la fantasía. La pornografía, el consumo constante de pantallas y la inmediatez han hecho que muchas personas dejen de imaginar porque ya lo tienen todo representado visualmente, es todo mucho más vago. Nos acostumbramos a recibir estímulos externos y perdemos entrenamiento en crearlos nosotras mismas.

Y, en cambio, fantasear puede ser una herramienta muy potente para reconectar con el deseo. Por eso vale la pena recuperar este espacio mental, sin juicios ni exigencias. Y si nos cuesta, una buena puerta de entrada puede ser la novela erótica, que nos obliga a imaginar, completar y participar activamente en el relato.

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