Irlanda y su buen trato a las multinacionales destrozan las estadísticas económicas de Europa
El gran peso en la isla de grandes corporaciones extranjeras, sobre todo farmacéuticas, deja el PIB de la UE en terreno negativo el primer trimestre de este año
BarcelonaLa gran presencia de multinacionales –en particular, farmacéuticas– norteamericanas sobre la economía de Irlanda infla el peso de este país en comparación a sus socios de la Unión Europea, hasta el punto de que la readaptación de estas compañías a los aranceles impuestos por el gobierno de los Estados Unidos ha llevado al conjunto de la economía europea a registrar tasas negativas de crecimiento el primer trimestre de este año.
Concretamente, el producto interior bruto (PIB, el indicador que mide la actividad económica) de la UE cerró el primer trimestre con una bajada del 0,1%, según datos de Eurostat, la agencia estadística comunitaria. La economía del conjunto de los 27 estados miembros había ido creciendo a un ritmo positivo desde el cuarto trimestre de 2022, el último trimestre que cerró con una reducción de la actividad económica.
Las previsiones previas para los primeros tres meses de este año, sin embargo, no apuntaban a una bajada del PIB comunitario, sino que decían que se mantendría la tendencia positiva iniciada en 2023. La razón es, precisamente, el excesivo peso de Irlanda sobre el PIB del conjunto de la UE: aunque, con unos 5,8 millones de habitantes, la República de Irlanda representa aproximadamente un 1,2% de la población de la UE, su PIB es entre un 3% y un 4% del total de la Unión.
Este peso tan elevado de la economía irlandesa en Europa se debe a la presencia de un gran número de multinacionales extranjeras (sobre todo procedentes de los EUA, pero también británicas y de otros países) que tienen su sede en Dublín por razones fiscales: Irlanda mantiene un impuesto de sociedades del 12,5% de los beneficios empresariales, el más bajo de la UE y significativamente más bajo que el de la mayoría de los países industrializados, que lo tienen alrededor o por encima del 20%.
Entre estas empresas multinacionales instaladas en Irlanda destacan sobre todo las farmacéuticas. Compañías como las norteamericanas Pfizer y Eli Lilly, las británicas AstraZeneca y GlaxoSmithKline, la suiza Novartis o la danesa Novo Nordisk aprovechan un vacío legal en una ley norteamericana presentada en 2017 por la primera administración del presidente Donald Trump diseñada para reducir la presión fiscal en los EUA.
Esta ley prevé la creación de un impuesto llamado Global Intangible Low-Taxed Income Tax, o GILTI Tax (GILTI se pronuncia como "guilty", que en inglés significa "culpable"), pensado, al menos en teoría, para que las multinacionales norteamericanas con presencia en el extranjero no evadieran impuestos a través de paraísos fiscales. Sin embargo, una serie de vacíos en el redactado y de exenciones al impuesto acabó haciendo que una farmacéutica tuviera que pagar un 10,5% de los beneficios si mantenía las operaciones en el extranjero, pero un 21% de impuesto de sociedades si se mantenía en los EUA.
Esto provocó que las multinacionales farmacéuticas que exportan a los Estados Unidos (el mercado más grande del mundo en productos sanitarios) se mantuvieran en Irlanda. Así, lo que hacen es crear una sociedad en territorio irlandés y vender sus productos a las filiales del grupo en el resto de países, incluidos los EUA. La filial irlandesa paga un 12,5% de impuesto de sociedades y el resto de filiales, nada o casi nada, porque tienen unos beneficios muy pequeños o, directamente, pérdidas. En el caso de los EUA, pagan el GILTI Tax.
A partir de la entrada en vigor de la nueva ley en 2017, las exportaciones farmacéuticas de Irlanda a los Estados Unidos se multiplicaron casi por cuatro, desde unos 30.000 millones de dólares hasta más de 110.000 millones el año pasado.
Los aranceles impactan negativamente
Precisamente en enero de 2025, además, las farmacéuticas aceleraron el ritmo de ventas de medicamentos desde Irlanda hacia los EE. UU., ante la posibilidad de que Trump impusiera fuertes aranceles a los medicamentos fabricados en la Unión Europea. Esta subida de las exportaciones farmacéuticas sirvió para incrementar el stock de las empresas en los EE. UU. antes de que se pusieran en marcha las tarifas aduaneras, y esto se notó de manera clara en las cifras del PIB irlandés, que creció a un ritmo mucho más alto que el resto de la UE.
Por el contrario, ya este año, los directivos de las farmacéuticas vieron cómo decaía el temor a una guerra comercial entre Washington y los europeos, de manera que las exportaciones de medicamentos de Irlanda a los Estados Unidos disminuyeron drásticamente –ya no hacía falta llenar stocks por una posible subida arancelaria–, lo que dejó la variación del PIB irlandés en cifras claramente negativas.
El caso más extremo se produjo justamente entre enero y marzo de este año, cuando la caída del PIB de la República de Irlanda se desplomó un 12,1% respecto al cuarto trimestre de 2025, una cifra propia de una severa depresión económica que dejó también en negativo el crecimiento del conjunto de la UE. Aunque la economía europea lleva unos años con ritmos de crecimiento muy bajos, sin el batacazo farmacéutica irlandesa habría mantenido un crecimiento al alza de media, entre el 0,1% y el 0,2%.
Esta situación pone en cuestión la validez de las cifras del PIB en general, pero especialmente el de Irlanda y la UE. Si un grupo de multinacionales que utilizan sus filiales irlandesas para evitar pagar impuestos pueden hacer variar tanto los datos de crecimiento, pierden buena parte de su valor.