El apagón nuclear

La nuclear de Ascó, la gallina de los huevos de oro

El Ayuntamiento tiene un presupuesto anual de 15 millones de euros, el 90% de los cuales provienen de la central

AscóHéctor Gil dice que solo paga 30 euros al mes por la escuela infantil de su hija pequeña y que, como vecino de Ascó, también tiene un bono anual de 1.000 euros para comprar en comercios del municipio. Además, el Ayuntamiento concede subvenciones para el alquiler, estudiar o incluso para hacer obras en casa. En el pueblo hay un campo de fútbol con pista de atletismo, un polideportivo, un hipódromo, un campo de tiro y una infinidad de otras instalaciones municipales que no se pueden encontrar ni en grandes ciudades.

El alcalde de Ascó, Miquel Àngel Ribes, explica que el Ayuntamiento dispone de un presupuesto anual de unos 15 millones de euros para un municipio de casi 1.700 habitantes. Entre el 80 y el 90% de este dinero provienen de la central nuclear, añade: de impuestos y otros conceptos. A modo de ejemplo, para entender de qué cifras estamos hablando, el presupuesto municipal de Flix -que es un municipio a unos seis kilómetros de Ascó y tiene el doble de población- es de solo seis millones. El Gobierno español prevé cerrar entre los años 2027 y 2035 las centrales nucleares que continúan en funcionamiento. ¿Qué pasará entonces con el pueblo de Ascó?

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Héctor Gil reconoce que le preocupa el cierre de la central nuclear. Cómo no le va a preocupar. Tiene 38 años y hace unos diez que trabaja como analista de química. Si la cierran en poco más de una década, él ya habrá cumplido los cincuenta y ¿quién lo contratará con esta edad? Ahora reside en este pueblo de la Ribera d'Ebre en una bonita casa que se nota que ha sido reformada hace relativamente poco y que comparte con los suegros: ellos viven en la primera planta; y él, con su mujer y sus dos hijas, en la segunda.

Asegura que inicialmente no le interesaba nada la nuclear. De hecho, estudió Empresariales y empezó a trabajar en el sector de la banca. Pero en 2008, con la crisis, se le hizo cuesta arriba esto de tener que vender productos financieros que no tenían ninguna garantía, así que decidió reciclarse: estudió un grado de Medio ambiente y acabó siguiendo el ejemplo de su padre, Salvador Gil, que trabajó en la central nuclear durante décadas.

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Salvador Gil es originario del pueblo aragonés de Valderrobres y ahora tiene 67 años. Ya está jubilado. Es uno de los muchos que se trasladaron a Ascó a trabajar cuando abrió la nuclear. Recuerda a la perfección el día que se incorporó: el 2 de mayo de 1978. “Al principio nadie sabía nada de centrales y contrataban muchos marineros, porque era lo más similar a ser jefe de máquinas”, explica sentado en un sofá en casa de su hijo. Parece un hombre apacible y tranquilo, que habla castellano aunque su hijo se expresa en catalán con acento del Ebro. Salvador estudió un grado superior en electricidad y en la central siempre trabajó como operador de la sala de control.

El suegro de Héctor, Josep Miquel Biarnés, tiene 66 años, también está jubilado y también trabajó en la nuclear. Él incluso empezó durante la construcción a partir de 1974 y después pasó a ser “rondista”, o sea hacía la ronda para controlar las máquinas y los motores de la planta. “Mi padre era de Ascó y tenía tres taxis, un camión y llevaba la barcaza municipal”, explica en referencia a la embarcación que existía entonces en el pueblo para cruzar el Ebro cuando no había puentes. Ascó se extiende al lado del río. “Cuando mi padre se jubiló, vendimos el negocio porque a todos los hermanos nos salía más a cuenta trabajar en la central”, continúa relatando. “Me sabe mal que no hayan hecho dos más”. Sin duda la nuclear es la gallina de los huevos de oro.

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Aun así, Josep Miquel admite que mucha gente se marchó de Ascó cuando la central, que tiene dos reactores, entró en funcionamiento en 1984. “Decían que sería como una bomba atómica y la perdición del pueblo”, recuerda. De hecho, impresiona ver la enorme torre de refrigeración que se eleva en el municipio, junto al Ebro. Además, contrasta con el entorno, que es especialmente frondoso, con vegetación. “De pequeño, cuando abría la ventana, lo primero que veía era la chimenea”, comenta Héctor, que reconoce que él está tan acostumbrado que ni le llama la atención aquel mastodonte allí en medio.

“Las medidas de seguridad que hay en la central ni te las puedes imaginar”, asegura Salvador. "La energía nuclear es la más limpia para generar electricidad", añade Héctor. Los tres coinciden en que la prensa siempre exagera con los incidentes en las centrales nucleares y que en Ascó la nuclear solo ha aportado beneficios para el pueblo. “Por el pueblo y para toda la comarca. Sin la central ya no habría nadie, solo quedarían cuatro viejos”, apunta Josep Miquel.

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Los beneficios de la central

Aseguran que el pueblo sacó provecho desde el principio, porque se construyeron bloques de pisos para los trabajadores y se ensancharon y arreglaron las carreteras para garantizar una posible evacuación en caso de emergencia. Pero no solo esto. El Ayuntamiento recibe tanto dinero en impuestos y otros conceptos de la central que ahora da subvenciones para casi todo. Por ejemplo, ayudas para estudiar, hacer obras en casa, comprar un inmueble, tener un hijo o incluso adoptar un animal doméstico. En su página web está el listado completo.

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"Aquí tenemos club de esquí, atletismo, hándbol, fútbol… Y todos también reciben subvenciones del Ayuntamiento", afirma Josep Miquel. Y en el pueblo hay tantas instalaciones municipales, que cuando te paseas por la localidad te resulta difícil asimilarlas todas: hay un campo de fútbol, un pabellón y un polideportivo (la diferencia entre uno y el otro, es que uno es cubierto y el otro al aire libre), pistas de petanca, de pádel y de tenis, un casal de gente mayor, otro municipal, una escuela de música, una sala de exposiciones, una biblioteca, un hipódromo, un parking para caravanas… Y todo gratis o a precios regalados.

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"El problema es que aquí nadie valora nada y la gente se ha mal acostumbrado a que todo lo pague el Ayuntamiento", lamenta Salvador. Josep Miquel dice que él incluso ha visto a vecinos que se ponían aire acondicionado en casa, recibían por eso una subvención del Ayuntamiento y, una vez que la habían cobrado, desmontaban la instalación y se la llevaban a la segunda residencia.

El alcalde de Ascó, Miquel Àngel Ribes, reconoce que, sin la central nuclear, sería imposible mantener todo el engranaje municipal. “Nuestro lema ha sido siempre la diversificación económica, pero los resultados tardan años en llegar”, argumenta, aunque él mismo también trabaja en la nuclear. Con este objetivo de diversificar la economía, el Ayuntamiento quiere ampliar con terrenos municipales un polígono industrial que hay a las afueras del pueblo. "Queremos que se convierta en un lugar de referencia en energías renovables", continúa explicando, a pesar de que admite que el plan todavía está “muy verde”.

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El alcalde también dice que pretenden crear un banco de tierras para jóvenes que se quieran dedicar a la agricultura, fomentar el comercio y los productos locales como los frutos secos y el aceite, e incluso apostar por el turismo. De hecho, en la propia página web del Ayuntamiento se puede encontrar información sobre actividades que hacer en el Ebro o rutas de senderismo en la zona.

“Yo lo siento, pero esto no lo veo. En mi vida se me pasaría por la cabeza ir a hacer turismo a Ascó”, replica Héctor, a pesar de que él es vecino del pueblo. “Yo tengo claro que mis hijas tendrán que irse de aquí porque no hay alternativa laboral. No confío en los políticos, nos dejarán tirados”, continúa diciendo.

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Su padre también cree que el alcalde no es realista. De hecho, él mismo se ha marchado a vivir a Reus ahora que ya está jubilado porque, argumenta, Ascó está muerto, casi no hay tiendas. Y es cierto. Realmente hay poquísimos comercios en el pueblo: una tienda de ropa, un supermercado, un par de panaderías… Lo que sí que hay son muchas peluquerías (cinco) y varios bares. Eso sí, se puede decir que todos los comercios tienen la supervivencia garantizada porque el Ayuntamiento da un abono anual a la mayoría de los vecinos de 300 a 1.000 euros en función de los años que llevan empadronados en el pueblo para hacer compras en los establecimientos.

Poca inversión

Aun así, muchas tiendas han cerrado, asegura Josep Miquel: “Cuando se jubila el propietario, no hay nadie que tome el relevo”, lamenta. Normal. La incertidumbre sobre el posible cierre de la central tampoco anima a la inversión. “Yo tengo amigos que querrían construirse una casa en el pueblo y tampoco lo hacen por lo mismo”, añade Héctor.

Hijo, padre y suegro confían en que, una vez más, las previsiones no se cumplan y no llegue el funesto apagón nuclear. El alcalde también opina que, si ya ha habido prórrogas para la continuidad de la central, ¿por qué no podría haber una más? “Las centrales catalanas no pueden cerrar sin garantizar la estabilidad de la red eléctrica y por eso hace falta antes la implantación de energías renovables y la acumulación de energía. Una nuclear produce energía a un ritmo constante y en gran cantidad, pero el viento sopla cuando sopla y el sol sale cuando quiere”, advierte.