Periscopio global

Pánico en las gasolineras: Australia y Nueva Zelanda pagan cara su dependencia del crudo

Las disrupciones en el suministro podrían comportar consecuencias similares a las de la covid-19

Aleix Graell
26/03/2026

Sidney“La demanda se ha duplicado, pero el uso no”, decía Chris Bowen, ministro de Cambio Climático y Energía de Australia, en un debate en el parlamento más parecido a un sainete, si no fuera porque a raíz del bloqueo del estrecho de Ormuz, el litro de gasolina ha superado los 3 dólares (1,80 euros) y más de un centenar de gasolineras se han quedado sin combustible.

Al otro lado del Mar de Tasmania, en Nueva Zelanda la principal aerolínea del país, Air New Zealand, anunciaba que a partir de mayo reduciría un 5% la oferta (alrededor de unos 1.100 servicios) debido al conflicto en el golfo Pérsico. Los precios del petróleo también se han disparado y algunas petroleras se han quedado sin crudo en un país que importa cada litro de combustible, diésel y queroseno.

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Cuatro semanas después de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán –de los cuales la administración estadounidense no se molestó en avisar a sus principales aliados oceánicos–, Canberra y Wellington se encuentran en una situación de crisis de seguridad energética para la que no estaban preparados. “Es un territorio desconocido”, asegura Timothy Welch, profesor de la Facultad de Artes e Industrias en la Universidad de Auckland. “El problema actual es mucho mayor que en 1979”, recuerda Tony Wood, investigador principal de Energía en el Grattan Institute de Australia. Para Wood el principal problema es que la demanda de combustible se ha disparado por “si nos quedábamos sin [gasolina]”, provocando una interrupción mayor que la caída del 20% del suministro mundial. Tanto Bowen desde Canberra como el gobierno de Christopher Luxon en Wellington se apresuraron a asegurar que sus países tenían suministros para 32 y 60 días, respectivamente, provocando el pánico en las gasolineras.

Nueva Zelanda cerró su última refinería en 2022 y desde entonces se abastece principalmente por rutas marítimas de las refinerías sobre todo de Corea del Sur y Singapur. Como explica Timothy Welch, el país obtiene entre el 80 y el 90% de la electricidad que necesita con energía renovable, pero el sector del transporte “depende altamente de los carburantes fósiles”. “Gran parte de nuestro PIB depende de la exportación que empieza su viaje en camiones”, remarca.

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Entre 2010 y 2022, el estado invirtió el 1,3% de su PIB en construir o mejorar infraestructura de transporte por carretera, sin contar el coste del mantenimiento u operacional. Al mismo tiempo que el gobierno conservador de Luxon, elegido después del último mandato de Jacinda Ardern, ha decidido acabar con los subsidios a los vehículos eléctricos y descartar la construcción de un tranvía en Auckland, la ciudad más poblada del país. “Tan pronto como el suministro se ve afectado, los costes empiezan a afectar no solo a los consumidores, sino a toda la economía”, subraya Welch, quien alerta que esta crisis energética incrementará la desigualdad en un país de 5 millones de habitantes y 4,7 millones de vehículos; “Conseguir más suministros o reducir nuestra demanda es la única opción viable”, concluye.

En Australia la crisis energética podría costar al país 16.500 millones de dólares (991.000 millones de euros) solo este 2025, según las previsiones del tesorero del gobierno, Jim Chalmers. Tony Wood, investigador en Energía y Cambio Climático del Grattan Institute, reclama que el ejecutivo sea muy claro con la gente: “Si la situación empeora, te quedan algunas opciones más difíciles. Quizás tengas que pensar en racionar el carburante”.

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Una situación que Australia ya ha vivido durante la Segunda Guerra Mundial, con cartillas y permisos para llenar el depósito, y a mediados de 1979 cuando una huelga en una refinería local y la crisis del petróleo forzaron al gobierno a limitar que los vehículos con matrículas pares y senares pudieran comprar gasolina el mismo día. Esta vez, el gobierno Albanese ha anunciado la creación de un grupo de trabajo específico que depende del departamento del primer ministro para coordinar la respuesta a la crisis.

Sin embargo, algunos expertos alertan que la situación podría ser peor que la crisis provocada por la covid-19, cuando el país tuvo que ampliar los subsidios, congelar el precio de los alquileres o incluso hacer cambios en el sistema de visados temporales para mitigar el impacto. “Lo pondría al mismo nivel”, aseguraba John Blackburn, expiloto de FA-8 Fighter y ahora consultor en defensa y seguridad en el pódcast 7am, “los efectos probablemente durarán más porque no hemos aprendido la lección”.

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No ir al médico

En un informe de 2013 entregado al gobierno australiano, Blackburn alertaba que el país era demasiado dependiente de las importaciones de combustible, al mismo tiempo que reducía la capacidad de las refinerías (de 12 a 2 en dos décadas) y se exponía a las cadenas de suministros globales.

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Hoy Australia importa el 90% de los productos refinados del petróleo que necesita, e incluso envía parte del petróleo que produce a Japón o Singapur para ser refinado y devuelto a Australia. Solo las minas tienen ferrocarriles que pueden transportar combustibles, y la alternativa es por carretera o con petroleros de empresas privadas en un país que es la sexta masa de tierra más grande del mundo. Por ello, cada vez más voces, incluida la de Blackburn, piden electrificación y renovables para reducir la dependencia del mercado global. Pero también para evitar situaciones como la que denunciaba la asociación de doctores rurales de que algunos pacientes tendrán que escoger entre ir a las visitas o saltárselas a causa del precio del combustible.

Para Wood después de esta crisis será “inevitable” un nuevo impulso por la electrificación y alerta que es una cuestión de seguridad, ya que “la misma situación podría darse si alguien bloquea el mar de China Meridional”.