Los pescadores no encuentran congrios en la costa catalana
La falta de capturas ha obligado a las 26 barcas de cerqueros catalanas a cerrar a finales de junio, a pesar de tener permiso para pescar hasta diciembre
GironaEste verano, en los mostradores de las pescaderías catalanas, falta uno de los pescados más preciados de esta época del año. Es el sonso, un pececillo de dimensiones muy pequeñas, de unos 10 centímetros de longitud, que se pesca desde finales de invierno hasta el otoño. Este año, sin embargo, las 26 barcas de sonsaires de Cataluña apenas han encontrado capturas y, en la última semana de junio, ya dieron por acabada la temporada. Han amarrado las barcas porque no les salía a cuenta zarpar cada mañana y esperan reanudar la actividad el año que viene, a la expectativa de que la situación mejore.
Según marca la normativa del plan de gestión, la campaña de pesca de esta especie dura nueve meses, con un período de veda del 15 de diciembre al 1 de marzo, para dejar crecer las crías, pero este año los pescadores, que salen una semana sí y una no, solo han podido pescar durante cuatro meses y han bajado la persiana mucho antes de lo previsto.
Toni Navarro, representante de los sonsaires en las comarcas gerundenses y pescador de Blanes, explica que, en primavera, todavía encontraba sonsos en su zona. Entonces, de manera muy sorprendente, solo quedaban en Platja d’Aro y todos los pescadores se desplazaban hasta este punto. "Este año al menos hemos tenido la suerte de que en Platja d'Aro había muchos, y eso no es normal. Pero entonces fuimos todos allí y ya se acabó, también porque pusieron las boyas de baño por seguridad y ya no podíamos acceder en algunas zonas donde todavía los había", explica el pescador. Los primeros meses, pudo llegar a los 30 kilos capturados en cada salida, espaciada en el tiempo, pero ahora ya hace tiempo que tiene la barca en el puerto y se dedica a la pesca de atún olímpico para ganarse la vida.
Los sonsaires utilizan una técnica única, a medio camino entre el cerco y el arrastre, y, como Navarro, los meses que tienen la embarcación amarrada se han tenido que reinventar. Con todo, aseguran que no es fácil tener que dedicarse a otra especialidad una parte del año, ya que cada arte requiere conocimiento sobre cuándo y dónde pescar y, además, hacen falta herramientas específicas que necesitan inversión y mantenimiento.
La contaminación humana
Ante el escenario actual, aún es pronto para hacer valoraciones sobre las causas de la escasez. Los 'sonsos' (un tipo de pez), en plena temporada de verano, aún no se han reunido con los representantes del departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, responsable del plan de gestión que establece las vedas y los estudios sobre la especie.
De momento, los pescadores del sector apuntan que la situación es consecuencia de la suma de muchos factores, pero, a parte de la subida de la temperatura del mar o la presión pesquera, sitúan como causa central la falta de alimento en la franja litoral, en las dos primeras millas, allí donde vive el 'sonso', por culpa del impacto humano.
"Toda el agua desde las montañas va a parar al mar, así que también lo hacen todos los residuos. Y, a pesar de que hay depuradoras, estas no son capaces de extraer sustancias químicas como anabolizantes, drogas, antibióticos o productos de limpieza. Y todo esto impacta en el zooplancton, el fitoplancton, los crustáceos y las larvas de la cadena trófica, sobre todo en esta primera franja de mar", argumenta Javier Pulido, presidente de los 'sonsaires' de Cataluña y pescador de Arenys de Mar.
Y añade: "Las depuradoras, en cambio, sí que son capaces de extraer biomasa de materia orgánica, lo que hace que los animales no tengan este sustrato para comer. Por eso los 'sonsos' son cada vez más pequeños y escasos, porque les falta alimento para mantener la población, tal como pasa con los cangrejos y las conchas, que viven en esta misma franja litoral". Además, los ríos, que aportan igualmente sedimentos que enriquecen la biodiversidad del fondo marino, también bajan cada vez menos llenos. "Antes las aguas no eran tan transparentes y cristalinas, eran más turbias, pero había mucho más pescado. Ahora los criterios están más pensados para que el mar sea más apto para el baño de los turistas que para el ecosistema de los pescadores", acaba Pulido.
Congelar el sonso, única solución para los restaurantes
En L'Estartit, desde hace tres años, en el mes de mayo, se celebran las Jornadas del Sonso, con pescadores y restaurantes, para promocionar el producto con muy buena acogida de público. Meses después, vista la falta de ejemplares en el mar, Joan Massagué, patrón de la cofradía del pueblo, señala la libre movilidad de los pescadores por toda la costa catalana como uno de los temas que dificulta la supervivencia de las especies amenazadas: "El mar es como un huerto: si tienes el tuyo y plantas una tomatera, la ves crecer, la vas regando y esperas que esté madura del todo para cosecharla. Pero si la plantas en un huerto compartido, alguien siempre la puede cosechar verde antes que tú", describe Massagué.
En algunos restaurantes de L'Estartit y los alrededores de la Costa Brava, habituados a servir sonsos enharinados y fritos (solos o acompañados de huevos fritos o trufa), todavía tienen los platos en la carta a pesar del final truncado de temporada, ya que trabajan con producto congelado de hace unos meses. Los establecimientos hacen pedidos grandes cuando hay buen género y, con sistemas de congelación muy eficientes, conservan el producto bien fresco en perfectas condiciones. Con todo, si las capturas no remontan el año que viene, por mucho que el pescado se pueda congelar para alargar la temporada, la oferta gastronómica inevitablemente quedará resentida.