Cómo bloquear Blocus

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Un grupo de personas mira los desperfectos después de los disturbios en Barcelona
30/10/2026 - 20:15 h

Más de una decena de localidades catalanas están este sábado en situación de alerta por las convocatorias Blocus, una pseudorevuelta juvenil forjada en el anonimato de internet, sin una clara inspiración ideológica y detrás de la cual no hay propiamente ninguna organización ni jerarquía concretas. De ahí la dificultad para perseguir a sus promotores y de ahí, también, su impresibilidad y volubilidad. La detención de algunos posibles líderes que han actuado como impulsores de los llamamientos a salir a la calle a través de las redes sociales sirve más como mensaje disuasorio que como vía para desmontar una protesta nada cohesionada pero, aun así (o quizás por eso), eficaz por caótica.

Si el estallido de violencia del fin de semana pasado fue en buena parte imprevisto –había avisos, pero nadie calibró bien el volumen que alcanzaría la protesta–, lo que pueda pasar este sábado es una auténtica incógnita. Pero, en cualquier caso, ahora sí que estamos avisados. Esta vez, por tanto, no puede pillar desprevenidos a las fuerzas del orden ni al sector comercial, la auténtica víctima propiciatoria de una protesta sin un objetivo concreto, y por eso mismo más peligrosa. Una movida que, como ocurre con las modas y tendencias juveniles, también juega con el efecto FOMO (fear of missing out). Con ganas de protagonismo o simplemente de voyerismo, un segmento de la población adolescente no quiere perderse la posibilidad de ir en contra del sistema, ni que sea a un nivel muy primario.

Se trata, sí, de un movimiento que tiene más de gamberrismo que de otra cosa: una forma de indignación airada –cristales rotos, robos, contenedores quemados...– que está sirviendo para catalizar un malestar social real, en buena parte generacional, y que tiene en la crisis de la vivienda y la precariedad salarial sus causas más obvias. Pero en lugar de transformar la desesperanza en una movilización política o social, lo que ahora vemos en París, Milán y Barcelona son estallidos de rabia instigados desde las redes sociales no se sabe muy bien por quién. ¿Podemos hablar de guerra híbrida? ¿A quién beneficia Blocus políticamente? ¿Quién lo orquesta? Lo que queda bastante claro es que la agitación sale de las pantallas, se alimenta de la estética del videojuego y arrastra sobre todo a chicos de entornos urbanos social y económicamente precarios, pero no siempre marginales.

¿Cómo se puede revertir el fenómeno Blocus? De entrada, y en el plazo más inmediato, es evidente que hay que proteger los negocios y la integridad de las tiendas de los núcleos históricos de las ciudades amenazadas. De forma preventiva, los ayuntamientos y el Gobierno deben desplegar en la calle a las fuerzas policiales. La administración también debe dar permisos y facilidades para que los establecimientos que se sientan amenazados puedan instalar blindajes en los escaparates y las puertas. La seguridad es un derecho básico. En un plazo medio, habría que incidir en los centros educativos de secundaria y bachillerato para cortocircuitar la penetración de este tipo de mensajes violentos neoreaccionarios contraculturales. No es fácil, y no podemos confiarlo todo, una vez más, al mundo educativo. Pero no hacer nada en el campo preventivo es el camino seguro para que se consoliden este tipo de protestas sin rumbo, como un fin en sí mismas.

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