Diez años del Brexit: la promesa que resultó ser una pesadilla

BarcelonaHace diez años el Reino Unido estaba inmerso en la campaña del referéndum sobre el Brexit. Los partidarios de abandonar la Unión Europea prometían que, recuperando el control de las fronteras y de la política comercial, el Reino Unido se convertiría pronto en una potencia económica de tal calibre que haría que nadie recordara el tiempo en que pertenecía a la Unión. Habría menos inmigrantes, se pagarían menos impuestos y, gracias a los nuevos acuerdos comerciales, habría tanta prosperidad que todos vivirían mejor. Con esta promesa, el 23 de junio de 2016 los brexiters se impusieron en las urnas por un margen estrecho de votos: un 51,9% contra un 48,1%.

Desde entonces, sin embargo, ninguna de las promesas ni supuestas ventajas del Brexit se han cumplido. La mayoría de estudios indican que desligarse de la UE ha perjudicado la economía y algunos analistas sitúan la pérdida del PIB que habría significado en un 8%. Esto es así porque la caída de las exportaciones a la UE que ha significado el Brexit no se ha visto compensada con ventas a otras regiones del planeta. Y en cuanto a la inmigración, lo que se ha producido es una bajada notable de trabajadores provenientes de la UE, pero un aumento considerable de inmigración de otras partes del mundo. Sectores económicos enteros tienen dificultades para encontrar mano de obra y faltan transportistas, fontaneros y carniceros mientras crece el descontento y la xenofobia en la calle.

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El sueño del Brexit se ha convertido en una auténtica pesadilla. La sociedad continúa igual de dividida, aunque las encuestas muestran un apoyo cada vez más sostenido al retorno a la UE (un 60% se muestra a favor), y la inestabilidad política se ha convertido en norma (ha habido cinco primeros ministros desde Cameron). Aun así, gobiernos como el laborista de Keir Starmer han optado por dar pasos tímidos de acercamiento a Bruselas, pero sin admitir abiertamente que todo ello fue un error inmenso provocado por un error de cálculo mayúsculo de David Cameron. Enmendar el Brexit sigue siendo un tabú en el Reino Unido.

En cualquier caso, el fracaso del Brexit es un alivio para la Unión Europea, que hace diez años pasó por su peor momento. La idea de que desmontar la UE, ese monstruo burocrático e ineficiente que dibujaban los brexiters, era lo mejor que se podía hacer ha perdido fuerza y atractivo con el tiempo. De hecho, ahora, la extrema derecha euroescéptica no aspira tanto a deshacer la UE sino a modelarla a su gusto. Crisis sanitarias como la de la pandemia de la covid-19 demostraron la importancia de tener suficiente músculo para hacer compras conjuntas. Y la crisis comercial con los EE. UU. ha mostrado también que, cuando se negocia con una sola voz y bajo un mismo paraguas, se tiene más fuerza.

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La conclusión es que, 10 años después, la Unión Europea se ha reforzado como actor global mientras que el Reino Unido ha perdido protagonismo, y sus ciudadanos tampoco están en mejores condiciones. La Unión Europea es un artefacto imperfecto, pesado, obtuso a veces y con muchas contradicciones, pero en un mundo dominado por los autoritarismos es el proyecto en el que todavía es posible hacer compatible la democracia, el respeto a los derechos humanos y la prosperidad.