La educación como síntoma de la crisis de país

No salimos del complicado bucle de la crisis educacional. Después del anuncio de la supervaga, que de momento solo ha servido para constatar el choque entre el Gobierno y el sindicato mayoritario, la USTEC, dos noticias más inciden en hacer visible el complicado panorama con la educación como visible síntoma de la crisis de país.

Las dos nuevas noticias son los malos resultados, un año más, de las pruebas de aptitud pedagógica (PAP) que deben hacer los estudiantes que aspiran a ser maestros y el gran desfase entre la oferta formativa y la demanda laboral del sector industrial, cosa que no permite cubrir unos 15.000 puestos de trabajo. Son dos realidades que nos ponen nuevamente ante un espejo que refleja una imagen que no nos agrada.

Cargando
No hay anuncios

Para salir de la multicrisis y del pesimismo ambiental, es esencial abordar los problemas desde la base, es decir, desde el campo educativo en sentido amplio. Y, de momento, no lo estamos haciendo bien.

Cargando
No hay anuncios

Un buen punto de partida sería conseguir formar buenos maestros, atraer a la profesión los mejores estudiantes, subir el listón de los que tengan en sus manos el futuro de los chicos y chicas. Las PAP son unas pruebas demasiado sencillas y, aun así, casi la mitad de los que se presentan no las aprueban. No vamos bien. El mal, pues, viene mucho del inicio. ¿Cómo rompemos esta dinámica? Hace falta valentía y determinación para hacer las cosas diferentes. Ya son 10 años de PAP y no han servido para avanzar. Toca un cambio: unas pruebas más exigentes. Quizá de entrada habrá menos candidatos, pero serán más talentosos y ojalá más vocacionales. Después, claro, hará falta que los que lleguen muy formados y con ambición y vocación sean destinados a los centros con más dificultades y reciban mejores sueldos y máximo apoyo institucional. Todo esto supondría un cambio radical.

Por lo que respecta a la formación profesional para el sector industrial, también estamos estancados. ¿Cómo puede ser que, de las 26.000 plazas que requieren las empresas industriales cada año en Cataluña, solo se cubran 11.000? ¿Por qué no se forman más profesionales? Cuesta creer que sea por una falta de cultura del esfuerzo de los jóvenes. De nuevo, aquí más bien hay un problema de prestigio de ciertos trabajos y de desajuste entre la oferta educativa y la demanda empresarial. ¿Quién no comparte este doble reto?

Cargando
No hay anuncios

En cambio, el mensaje que reciben los jóvenes es que en la profesión de maestro reina el pesimismo y que es muy dura. ¿Realmente lo es tanto? ¿Qué dirían los sanitarios, los asistentes sociales, los autónomos por cuenta propia o los trabajadores de tantas profesiones precarizadas? Y después hay un mensaje que no llega a los jóvenes: la existencia de profesiones técnicas/tecnológicas del mundo industrial que requieren una formación específica que, una vez adquirida, garantiza un trabajo.

Nos falta la ambición y la voluntad colectiva y unitaria para superar este atolladero educacional. No puede ser que sigamos tirándonos los trastos a la cabeza mientras escuelas e institutos no hacen sino involucionar y mientras la industria tiene que ir a buscar trabajadores al extranjero.