La estrategia de la extrema derecha para erosionar las instituciones
A pesar de que el Partido Popular insiste en activa y pasivamente que Vox es un partido como los demás para justificar sus pactos con ellos, la realidad demuestra cada día que pasa que no es así. El incidente protagonizado por el diputado José María Sánchez en el Congreso de los Diputados, en el que subió a la tribuna para gritar a pocos centímetros de distancia al entonces presidente en funciones de la cámara, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, no se había visto en la cámara en todo el periodo democrático. Y quizás lo que más se le parece es el 23-F, tal como recordó el socialista Patxi López.
De Celis ha explicado que, en aquellos segundos que duró el griterío, temió por su integridad física. Antes el diputado de Vox ya se había encarado con una letrada del Congreso y había impedido el desarrollo normal del pleno con sus gritos desde el escaño. Todos los partidos excepto Vox, el PP y UPN han suscrito un texto de repulsa que no ha podido ser leído en la cámara justamente porque se necesita unanimidad. Y ahora los partidos de la mesa estudian fórmulas para alargar la expulsión del diputado, que de momento solo tiene efectos en el pleno en curso.
Pero la cuestión de fondo no es la actitud de un diputado en concreto, sino si estas actitudes intimidatorias y que son una clara falta de respeto institucional forman parte de una estrategia o son casos aislados. La respuesta es muy sencilla: Vox ha jugado desde el inicio a violentar las instituciones desde dentro, de la misma manera que hacen sus aliados en otras partes del mundo. Desde Donald Trump hasta Javier Milei, la estrategia de la extrema derecha mundial comparte dos elementos que se pudieron ver en este incidente. Por un lado, la intimidación del adversario, sea vía insulto o con actitudes agresivas como la de Sánchez. Por otro, la erosión de las formas parlamentarias como vía para acabar con las instituciones.
Porque el caso de Sánchez, que para más inri es juez en excedencia, no es el primero. Recordemos casos como el de Gabriel Le Senne, presidente del Parlament balear que desgarró durante un pleno las fotografías de tres víctimas del franquismo. No es casual tampoco que la mayoría de estos incidentes, como el del martes, sucedan cuando se debaten cuestiones de memoria histórica o sobre la Guerra Civil.
La llegada de Vox a las instituciones no solo ha comportado una degradación de la vida parlamentaria, sino que ha dinamitado consensos como el de la violencia de género y ha normalizado discursos de odio y racistas desde tribunas y escaños. Ante esto, lo más preocupante continúa siendo la actitud contemporizadora de un PP que prefiere mirar hacia otro lado y no sumarse al resto de fuerzas del bloque democrático a la hora de condenar estos incidentes. Restar importancia a estos episodios solo servirá para envalentonar aún más a aquellos que juegan a ser antisistema como método para llegar al poder y, una vez allí, imponer su "sistema", que todos sabemos cuál es, a los demás.