La gran lección del primer ministro canadiense

"Nadie que esté mirando este discurso de Davos puede llegar a otra conclusión que no sea que el presidente de Estados Unidos sufre un trastorno mental. Es a la vez vergonzoso y extremadamente peligroso". Este tuit del especialista en política internacional estadounidense Tom Nichols resume la sensación que debió de tener la audiencia de Donald Trump en Davos cuando escuchó un discurso lleno de incongruencias, falsedades y confusiones constantes. Trump confundía Groenlandia con Islandia ya continuación se refería a la isla danesa como "un pedazo de hielo", para después poner en duda el compromiso de los aliados de la OTAN o lamentar la bajada de las bolsas. Cierto que al final el titular que queda es que afirma que no utilizará la fuerza en Groenlandia. ¿Pero qué credibilidad tiene alguien que es un mentiroso compulsivo y que no tiene ningún respeto por las normas internacionales?

Por suerte, en Europa y también en otros países tradicionalmente aliados de Estados Unidos como Canadá se empieza a tomar conciencia de la situación. En Davos hemos visto al presidente francés, Emmanuel Macron, proclamar: "Preferimos el respeto a los acosadores. La ciencia a la politización. Y el estado de derecho a la brutalidad". Y también hemos oído un magnífico discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el que avisa de que no estamos ante una transición sino de una ruptura del orden internacional en el que los países que no son superpotencias sólo tienen dos opciones: o se arrodillan ante una de ellas, hasta perder la soberanía y también la dignidad, o intentan un es que estás en el menú".

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Las palabras de Carney tienen un valor especial, ya que gobierna un país con una frontera de casi 9.000 km con Estados Unidos, con el que comparte unas economías muy interrelacionadas. Pero Trump considera que Canadá debería ser el estado número 51 de Estados Unidos. Carney sabe, por tanto, que si Trump sale con Groenlandia él puede ser el siguiente. Por eso llama a actuar desde ahora mismo tejiendo amplias alianzas que pongan límite a la acción de estos actores hegemónicos.

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En el otro extremo, sin embargo, tenemos el ejemplo del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que continúa con su estrategia de alabar de forma ridícula la figura de Trump incluso después de que éste se riera públicamente de aquellos que le llaman "daddyCarney dejó claro que la vía del apaciguamiento no funcionará con Trump, al igual que no funcionó con Hitler en Múnich. Una parte positiva del imperialismo desacomplejado estadounidense es que deja en muy mal lugar a sus títeres en Europa, como Vox. Incluso la italiana Giorgia Meloni, que parecía la dirigente más cercana de la Europa del Este como Orbán), se ha empezado a rebelar contra Washington.