El peligro de una escalada regional con consecuencias globales
Tal y como era de prever, el régimen iraní ha respondido a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra su territorio intentando extender al máximo el conflicto para convertirlo en una guerra regional. Desde el primer día, Teherán ya atacó a los países del golfo Pérsico donde hay bases estadounidenses (Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Omán), y este lunes Hezbolá, la milicia aliada de Irán en Líbano, ha entrado en acción lanzando misiles contra Israel. El conflicto ha llegado incluso a territorio de la UE, ya que un dron iraní ha impactado en una base británica situada en Chipre.
La estrategia del régimen iraní, pues, está clara. Se trata de extender el conflicto para que tenga un elevado precio para los países socios de Washington, especialmente las monarquías del golfo Pérsico. La otra palanca con la que Irán puede influir en la economía mundial es con el cierre del estrecho de Ormuz, algo que ya está disparando el precio del gas. Por eso Donald Trump busca una guerra rápida que tenga pocos costes económicos, aunque sea al precio de llegar a un acuerdo con los sectores moderados y pragmáticos del régimen de los ayatolás, siguiendo el esquema venezolano. En cambio, Benjamin Netanyahu lo que persigue es la aniquilación total del régimen teocrático para asegurar su hegemonía regional, aunque esto alargue la guerra y los costes. Esta diferencia estratégica entre Washington y Tel-Aviv, así como la capacidad del régimen iraní de mantener su capacidad de lanzar misiles y drones, será lo que determine el futuro del conflicto. Teherán, por cierto, no está solo: China le ha asegurado su apoyo y tanto Turquía como Rusia han condenado el ataque.
En cambio, Alemania, Francia y Reino Unido se han apresurado a dar cobertura a la operación militar, quizá temiendo quedar fuera de juego en el tablero global. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha hecho saber que su país no sólo aumentará su arsenal nuclear, sino que además ha avisado de que está dispuesto a utilizarlo. La España de Pedro Sánchez vuelve a ser la excepción y ha negado a Estados Unidos el permiso para utilizar la base de Morón de la Frontera para recargar los aviones cisterna que se utilizan en la operación. El tiempo dirá si ese nuevo choque con Estados Unidos tiene consecuencias, pero nadie puede negar que el presidente español actúa de forma consecuente con sus principios.
De momento, y cuando se entra en el cuarto día de guerra, el peligro de una escalada regional del conflicto con consecuencias globales está más vivo que nunca. Estados Unidos e Israel han decapitado al régimen en una operación de inteligencia y precisión militar espectacular, pero eso no ha significado su colapso inmediato. Teherán sabe que Trump no quiere enviar tropas sobre el terreno y parece dispuesto a jugar la carta de la resistencia interna (¿con ayuda china?) e intentar incendiar toda la zona. Porque piensa que si la guerra se extiende y se cronifica, Trump tendrá incentivos para buscar una solución negociada. El problema, en este caso, será Benjamin Netanyahu.