El trigo ucraniano robado por Rusia agrieta los vínculos entre Kiev y Tel Aviv

Las denuncias de Zelenski por el expolio en zonas ocupadas por el ejército ruso evidencian la prioridad geopolítica de Benjamin Netanyahu

Trabajadores agrícolas cargan un tractor con fertilizante antes de esparcirlo en un campo de trigo en la región de Dnipropetrovsk, en Ucrania.
Catherine Carey
03/05/2026
3 min

JerusalénLa tensión diplomática entre Ucrania e Israel ha vuelto a escalar a raíz de la llegada a puertos israelíes de barcos que, según Kiev, transportan trigo procedente de territorios ucranianos ocupados por Rusia. El último caso es el del barco Panormitis, cuya detención ha sido solicitada formalmente por las autoridades ucranianas, mientras Israel estudia la situación.

Días antes, otro barco, el Abinsk, había descargado cerca de 44.000 toneladas de trigo en el puerto de Haifa, al norte del país. Según Ucrania, estas cargas forman parte de un sistema de saqueo de recursos agrícolas en zonas ocupadas que contribuye a financiar la guerra rusa.

Más allá del caso concreto, la polémica por el trigo vuelve a poner de manifiesto la creciente fragilidad de las relaciones entre Israel y Ucrania, y evidencia el equilibrio delicado que Israel intenta mantener entre Ucrania y Rusia desde el inicio de la invasión rusa en 2022.

Israel y Ucrania han mantenido históricamente vínculos estrechos, marcados por la presencia de una importante comunidad judía en el territorio ucraniano y por décadas de flujos migratorios hacia Israel. En los últimos años, las relaciones se habían intensificado con el aumento del comercio bajo la presidencia de Petró Poroshenko y con la llegada de Volodímir Zelenski, el primer presidente judío de Ucrania.

Putin y Netanyahu en una imagen de archivo, durante un encuentro en el año 2018.

Aun así, esta proximidad cultural y social no se ha traducido en una alianza estratégica profunda. Tal como señalan diversos expertos, la política exterior israelí hacia Ucrania está condicionada por un factor central: la relación con Rusia.

Israel ha priorizado tradicionalmente la coordinación con Moscú, especialmente desde la intervención rusa en la guerra civil de Siria en 2015. En aquel contexto, con Irán, la gran amenaza existencial de Israel, y sus grupos aliados como Hezbollah apoyando al régimen de Bashar al-Assad, el estado hebreo estableció un pacto implícito con el Kremlin. Aunque apoyaba a Assad, permitía a Israel continuar atacando objetivos iraníes sin entrar en conflicto con fuerzas rusas desplegadas en el país.

Tal como recoge el think tank de la Universidad de Stanford, la Hoover Institution, este sistema permitió a Israel mantener su libertad de acción militar contra Irán mientras Rusia actuaba como potencia dominante en Siria. Con la caída de Al-Assad y la transformación del tablero sirio, aunque Tel-Aviv ya no percibe la presencia rusa como una limitación operativa decisiva, Moscú continúa siendo visto como un actor clave en la zona.

Putin, el contrapeso a Turquía

Para Israel, Rusia mantiene capacidad de influencia sobre Irán, especialmente en materia de desarrollo defensivo. Vladímir Putin también juega un papel de contrapeso ante el ascenso de Turquía, país que dispone del segundo ejército más poderoso de la OTAN y que en los últimos años ha devenido uno de los principales enemigos regionales de Israel, y continúa siendo un socio útil en un contexto de deterioro de las relaciones con Europa. Este conjunto de factores ha hecho que Israel mantenga lo que diversos analistas definen como una neutralidad activa ante Ucrania. Por un lado, condena la invasión rusa en foros internacionales y apoya resoluciones de la ONU contra Moscú; por el otro, evita imponer sanciones, romper relaciones con el Kremlin o suministrar armamento a Kiev.

En este marco, la relación bilateral entre Israel y Ucrania se limita esencialmente a la ayuda humanitaria, alimentos, material médico y un hospital de campaña, junto con condenas puntuales de los ataques rusos. La ambigüedad calculada que practica Israel hacia Kiev ha generado una creciente frustración entre el gobierno de Volodímir Zelenski. El presidente ucraniano ha reclamado reiteradamente más apoyo, especialmente en defensa antiaérea, sin obtener una respuesta positiva de las autoridades israelíes. En paralelo, tras el estallido de la guerra contra Irán este febrero, Ucrania ha buscado reforzar su papel de socio de seguridad con diferentes países de Oriente Medio, especialmente en lo que se refiere al conocimiento en defensa contra drones. El mismo Zelenski ha visitado recientemente Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Catar y Jordania, pero no ha hecho parada en Israel. 

Esta decisión, según los analistas, refleja una reconfiguración más amplia de las relaciones internacionales de Kiev derivada de la guerra y un enfriamiento progresivo de los vínculos con Tel Aviv. Ucrania podría empezar a percibir Israel como un aliado insuficiente, mientras que Israel considera a Ucrania una prioridad secundaria ante sus riesgos de seguridad regionales.

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