Editorial

Un nuevo mapa político catalán más extremo

Sílvia Orriols interviniendo en el pleno del Parlament de este miércoles.
02/05/2026
2 min

Los resultados que muestra la encuesta que publica hoy el ARA, con todas las prevenciones que supone el hecho de que sea un sondeo hecho cuando no hay ninguna convocatoria electoral a la vista, dibujan una profunda alteración del mapa de partidos catalán en un sentido muy preocupante. Básicamente, lo que se ve es un fuerte retroceso de los partidos de centroderecha tradicionales, Junts y PP, que son superados por partidos más radicales y abiertamente islamófobos como son Alianza Catalana y Vox. El resultado es un país mucho más polarizado y con menos espacio para los grandes consensos, y políticamente mucho más difícil de gobernar.

Capítulo aparte merece el caso de Junts, que según la encuesta podría bajar de los 35 escaños actuales a solo 13, y pasaría de ser la segunda fuerza en el Parlament a la quinta. El sondeo detecta una fuerte fuga de votantes juntaires hacia Alianza Catalana pero también, atención, hacia ERC. El resultado demuestra que la estrategia juntaire de intentar disputar a Alianza banderas como la de la inmigración no está funcionando, aunque también hay que atribuir la subida de Silvia Orriols a la frustración provocada por el fracaso del Procés. La esperanza para Junts es que el regreso de Carles Puigdemont, que ahora se sitúa a finales de verano o principios de otoño, sirva para insuflar energías a un espacio político que hoy vive un auténtico dilema existencial.

Una paradoja que nos muestra la encuesta es que el avance de la extrema derecha no consigue amenazar la actual mayoría de izquierdas, que incluso se podría ver reforzada gracias a la subida notable de ERC, que escalaría de los 20 diputados actuales a los 27-30. Es este aumento el que compensaría una posible bajada del PSC, que sufre un cierto desgaste de gobierno, y la atonía de los Comunes, que se quedan igual. En todo caso, el nuevo mapa político catalán no parece que vaya a tener efectos en el Govern.

Ahora bien, quizás todavía no somos lo suficientemente conscientes de lo que puede suponer el hecho de que la oposición en el Parlament esté monopolizada por la extrema derecha, sea Alianza Catalana o Vox. Es indudable que estos dos partidos aprovecharían el altavoz del Parlament para difundir sus discursos de odio y harían mucho más difícil la convivencia. En este escenario, Junts y PP tendrían una responsabilidad especial a la hora de desmarcarse y fijar líneas rojas con estas formaciones. Pero también las formaciones de izquierdas tendrían que ponerse las pilas a la hora de afrontar los problemas que alimentan este tipo de voto.

En definitiva, Cataluña se encamina hacia un escenario que parecía impensable hace solo unos años, y que es el de convertirse en uno de los países con un peso de la extrema derecha más importante del entorno europeo. La herencia antifranquista y catalanista que actuaba como antídoto a la pulsión esencialista que anidaba en ciertos sectores de la población parece que ha quedado desbordada por la ola global que impulsa estas formaciones. Ahora solo queda establecer si la encuesta fija un techo o es solo el principio de algo peor.

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