Editorial

Rufián y el señalamiento del adversario político

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, interviene en el pleno que debate y vota el decreto ley que prorroga los contratos de alquiler.
30/04/2026
2 min

BarcelonaEl portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, recitó el miércoles desde la tribuna uno a uno los nombres de todos los diputados de Junts que habían votado en contra del decreto sobre la prórroga de los alquileres. Lo hizo con un billete de 50 euros desplegado en el atril y después de haber dicho que aquella era la única "bandera" de Junts. Este señalamiento público fue seguido después de un intento de agresión a la diputada de Junts y exalcaldesa de Girona Marta Madrenas y de la publicación de informaciones falsas en las redes que apuntaban que todos los diputados junteros tenían ingresos por pisos en alquiler.

No es la primera vez que Rufián usa técnicas de señalamiento como las que utiliza habitualmente la extrema derecha para envenenar la convivencia, y de hecho él mismo ha sido objeto de ataques por parte del entorno de Junts, pero sí que esta vez se han superado unos límites que deberían merecer la repulsa general y la desautorización de su partido. Porque no es cierto que estos discursos que destilan odio al adversario político sean inocuos, ya que siempre acaban filtrándose a la sociedad y modelando un esquema de polarización extrema, de blancos y negros, que no se corresponde con la realidad catalana, donde los grises son abundantes.

Se pueden criticar perfectamente las votaciones de Junts del miércoles en el ámbito de la política de la vivienda y, sobre todo, en contra del consorcio de inversiones para Cataluña, ¡faltaría más!, pero siempre desde el respeto personal y político hacia quienes no piensan como tú. Parece que Rufián quiere importar a Cataluña la fractura política y social que se vive en España entre izquierda y derecha, ignorando que aquí las cosas son significativamente diferentes. La tradición política de Junts no es la del PP, fundado por un exministro franquista, ni la de Vox. Proviene de la Convergencia Democràtica de Jordi Pujol, un líder conservador que fue encarcelado por el franquismo y que siempre defendió el principio de Cataluña como un solo pueblo, que es el eje vertebrador del catalanismo. No es, por tanto, un partido "racista", como dijo Yolanda Díaz, ni xenófobo.

De hecho, Rufián debería ser consciente de que en Cataluña no son extraños los pactos municipales entre ERC y Junts o entre Junts y el PSC. Republicanos y juntaires, por ejemplo, gobiernan juntos en Girona (con la CUP) o en Valls. Y este clima político de cooperación entre fuerzas catalanistas y de tradición antifranquista, que ni siquiera se rompió durante los momentos más álgidos del Procés, hace de Cataluña un ecosistema político diferente del que se vive en Madrid. Y esto, en una sociedad tan compleja como la catalana, es un tesoro a salvaguardar.

No hay duda de que el diputado republicano es un referente de las izquierdas para mucha gente y un ariete de la fatxosfera, pero precisamente por eso debería ser más cuidadoso y más consciente de su responsabilidad. Y de la misma manera que no le han dolido prendas por hacer autocrítica del Procés, y ha sido valiente en este sentido, ahora lo que tocaría es reconocer el error y pedir disculpas. ¿Lo hará o insistirá en el espectáculo?

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