Trump y la doctrina del caos y la incertidumbre
Siguiendo su forma de actuar al margen de la legalidad internacional y de recurrir a la amenaza y la fuerza para conseguir sus objetivos, el presidente de EEUU, Donald Trump, vuelve a provocar caos e incertidumbre, como ya ha hecho más de una vez con los aranceles. Esta vez asegurando que rompe toda relación comercial con España, en respuesta a la prohibición del gobierno de Pedro Sánchez a permitir que se utilicen las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para los ataques a Irán. Y esto obviando que se trata de un estado que forma parte de un bloque político y económico como la Unión Europea (UE), que actúa como uno solo, y que existen intereses económicos, comerciales y empresariales entrecruzados de los que se benefician no sólo compañías españolas sino también de EEUU. Hay precedentes de este tipo de amenazas, como cuando dijo que aplicaría aranceles a España porque no destinaba al gasto en defensa el 5% del PIB, una amenaza de la que después se desdijo. Como en la anterior ocasión, Bruselas le ha recordado que no puede castigar a unos países del blog y no a otros.
La nueva invectiva es un episodio más en el nuevo orden (o desorden) que impone Trump desde que accedió a la presidencia, hace poco más de un año. Estamos ante un mandatario que se consideraba merecedor del Nobel de la paz y que después de no conseguirlo afirma tener las manos libres para hacer lo que quiera. De hecho, en una entrevista en The New York Times ya dijo que considera que sólo tiene un límite para actuar: su propia moralidad. Uno de estos episodios son los ataques a Irán junto a Israel, sin pasar por el Congreso de su propio país ni, siguiendo sus criterios, por la legalidad internacional. A este último punto es al que se agarra el ejecutivo de Pedro Sánchez para negar el uso de las bases de EEUU en territorio español. Y como cuando el Tribunal Supremo de EEUU le tumbó los aranceles, Trump siempre tiene respuesta: "Ahora España ha dicho que no podemos utilizar sus bases. Podríamos utilizarlas, si quisiéramos. Podríamos volar y nadie nos diría que no las usáramos", ha dicho sin rubor.
Y todo ello ha pasado después de que la bolsa española ya hubiera cerrado la sesión, marcada por los temores al desarrollo del conflicto en Oriente Medio. Hay muchos motivos para preocuparse: los argumentos de la Casa Blanca y, especialmente, reconocer que podemos estar ante una guerra que además saltarse todas las normas del derecho internacional puede durar más tiempo de lo que se había dicho inicialmente, así como la confusión o la poca claridad sobre los motivos de haberla empezado. No es de extrañar que se haya disparado la preocupación de los analistas y los inversores.
Los mercados de renta variable son un termómetro de la economía. Y tienden a la sobrerreacción en tiempos de bonanza, y más en los de incertidumbre, como ahora. Lo que iba a ser una operación casi quirúrgica tiene toda la pinta de convertirse en un conflicto extendido y de larga duración. El primer efecto ha sido la subida de los precios del petróleo y del gas natural, lo que apunta a encarecimientos de carburantes y electricidad. Y, finalmente, supone un aumento de la inflación, que es más preocupante cuanto más tiempo dure el conflicto. No sería la primera crisis que empieza con la repentina subida del precio del petróleo, aunque la dependencia del crudo es más baja que años atrás.