Hay que ser inflexibles con las armas de fuego

BarcelonaEl asesinato a tiros de un menor de 15 años en el parque de la Pegaso del distrito de Sant Andreu de Barcelona ha provocado una comprensible alarma social por diversos motivos. El principal es la edad de la víctima, prácticamente un niño, pero el siguiente es que el arma que se usó era una pistola. Este es un hecho especialmente preocupante porque los Mossos ya han detectado un aumento del uso de las armas de fuego relacionado con la delincuencia, organizada o no, y lo consideran una prioridad absoluta ahora mismo. Además, el asesinato no se produjo en el marco de una pelea entre grupos de jóvenes ni fue un incidente aislado, sino que los Mossos trabajan con la hipótesis de que el homicida o homicidas fueron a buscar expresamente a la víctima y le dispararon con un arma de fuego con intención de matar.

Con este ya son diez los homicidios registrados en la capital catalana desde inicio de año, y, aunque se trata de una cifra baja en comparación con la mayoría de ciudades europeas, son más que los nueve que se produjeron durante todo el año pasado, y dos menos que los de todo el 2024 (12). Todavía es pronto para saber si estamos ante un repunte puntual o es una tendencia estructural, pero tiene razón el director general de la Policía, Josep Lluís Trapero, cuando pide un endurecimiento de las penas por portar armas sin permiso, porque incluyan la entrada en prisión.

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Al margen de cuál sea el resultado de la investigación sobre el menor del parque de la Pegaso y su relación con posibles estructuras criminales, no hay duda de que Barcelona empieza a ser un escenario habitual de ejecuciones ligadas a mafias internacionales relacionadas con el tráfico de drogas. Lo que sería especialmente peligroso es que la violencia de estas mafias acabara filtrándose también a pequeños traficantes o a bandas juveniles de entornos marginales, donde la tenencia de armas de fuego puede generar una cierta fascinación. Por este motivo hay que ser inflexibles con las armas de fuego, porque, así como en países como los Estados Unidos es habitual que la población general tenga, en el caso de Cataluña es un indicio claro de actividad criminal.

Lo que también hay que evitar es el alarmismo innecesario o la demagogia. Afirmar, como ha hecho el concejal Jordi Martí, que "el alcalde ha perdido el control de la ciudad" o exigir las dimisiones de la consejera Núria Parlon y el teniente de alcalde Albert Batlle por este crimen, como ha hecho el PP, es claramente desproporcionado. Al contrario, lo que se debe exigir es que el gobierno del Estado cumpla sus compromisos tanto respecto al aumento del número de Mossos como con la mejora de la cooperación internacional y el uso de las nuevas tecnologías para prevenir el crimen. Y, por otra parte, profundizar en el trabajo social en los barrios para impedir que la delincuencia sea una opción atractiva para muchos jóvenes.

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La delincuencia y la violencia son fenómenos multifactoriales para los que no hay recetas mágicas ni sirven las apelaciones retóricas a la "mano dura", como bien saben los responsables policiales. Lo que hace falta es trabajo riguroso y profesional.