El hombre en la Luna, Trump en la Tierra

El ser humano ha dado un paso más en su exploración de la Luna. Un nuevo salto adelante para descubrir la cara oculta del astro. El hito espacial de la nave Artemis II de la NASA, con un grupo de humanos situándose a una distancia récord de la Tierra –a 406.771 kilómetros de distancia–, ha coincidido con un momento oscuro en la propia Tierra, también con los Estados Unidos como protagonistas. El presidente que puede sacar pecho del logro lunar es el mismo que ha amenazado a la humanidad con la destrucción, no de un régimen dictatorial religioso sino de "una civilización entera". En este caso, el nombre sí que hace la cosa y evidencia la mentalidad de un Donald Trump que actúa como un bárbaro anunciando el fin de una "civilización".

El contraste es elocuente. La civilización humana capaz de conquistar la Luna a la vez flirtea peligrosamente con una escalada bélica autodestructiva, con la amenaza nuclear latente sobrevolándonos. Existe la opción de hacer ver que todo ello es un juego de despropósitos verbales y que nadie se atreverá a ir más allá. ¿Pero realmente podemos estar tranquilos? No. El juego hace demasiado que dura, y sus protagonistas no dan ninguna señal de distensión. Al contrario.

Cargando
No hay anuncios

Ahora mismo, Oriente Medio es mucho más que un polvorín, es un incendio descontrolado y de grandes proporciones, con unos mandatarios que actúan militarmente al margen de todos los límites humanitarios formales previstos en el derecho internacional en caso de conflicto: la imprevisibilidad de Trump, la determinación insaciable de Netanyahu de hacer realidad el Gran Israel –Gaza, Cisjordania, Líbano...– y la respuesta de un Irán herido y acorralado no auguran nada bueno.

Cargando
No hay anuncios

Lo que para el presidente de los EUA debía ser una operación rápida y ejemplar se está convirtiendo en una guerra a muchas bandas: con sus socios –Europa y las monarquías del Golfo– cada vez más incómodos; con China a la expectativa, esperando que Trump tenga que dar marcha atrás, y con el presidente ruso, Vladímir Putin, aprovechando la ocasión para coger aire contra Ucrania. Y, mientras tanto, la crisis económica mundial no hace sino agudizarse, y las consecuencias de la parada del flujo energético de combustibles fósiles a causa del bloqueo del estrecho de Ormuz, incluso si se produjera ahora una parada bélica, se alargarían en el tiempo. Estamos haciendo un mal negocio global. ¿Hay realmente alguien que salga ganando?

El planeta Tierra vive en una encrucijada muy delicada. Crece la angustia general. Hemos pasado sin solución de continuidad de la más o menos coordinada y compleja lucha contra el cambio climático a la clásica lucha fratricida entre humanos, cada vez más cerca de los peores dramas del siglo XX. El hecho de que en paralelo estemos viendo por primera vez la cara oculta de la Luna hace aún más absurda la incapacidad para buscar salidas dialogadas, diplomáticas. Por muy difíciles e inseguras que sean, siempre serán mejores que el coste en vidas y destrucción que provocan los misiles y los drones. Hay que no caer en ingenuidades: los avances nunca han sido lineales, la idea de progreso hace tiempo que quedó en duda. Pero resulta sorprendente la velocidad y la frivolidad con que vamos hacia atrás, hacia la cara oscura de la humanidad.