La irresponsabilidad de alimentar el fantasma del fraude

BarcelonaLa primera regla de los líderes autoritarios es deslegitimar las instituciones y no reconocer nunca una derrota electoral. Lo estamos viendo en Estados Unidos con Donald Trump, que seis años después aún no ha reconocido la victoria de Joe Biden en 2020. En España es Vox quien aplica al pie de la letra el libro de instrucciones del trumpismo, y ya hace semanas que Santiago Abascal y los suyos propagan en las redes y por tierra, mar y aire la idea de que el gobierno de Pedro Sánchez prepara un pucherazo de cara a las elecciones previstas para el año que viene. Este caldo de cultivo se alimenta a través de fake news sobre el poder de Indra, sobre la manipulación del voto por correo o sobre los efectos que tendrá la regularización de inmigrantes sobre el censo, que son nulos. El objetivo, sin embargo, es crear un clima irrespirable, cercano a la insurrección, y preparar el terreno para impugnar los resultados si estos no coinciden con sus expectativas. El riesgo, sin embargo, de provocar un estallido social con violencia es muy elevado, como ya pasó el 6 de enero de 2021 en el Capitolio o también en Brasilia el 8 de enero de 2023.

Por eso resulta especialmente inquietante que el PP, a través de Isabel Díaz Ayuso, se haya sumado a esta campaña irresponsable. ¿De verdad quieren vender al mundo la imagen de que España no es una democracia y que los resultados de las elecciones se pueden adulterar fácilmente? Solo los complejos del PP respecto a Vox explican este seguidismo vergonzoso de la extrema derecha. Pero es que, además, ¿cómo se puede acusar al PSOE de preparar un pucherazo cuando elección tras elección los socialistas van retrocediendo en todos los territorios? ¿O es que acaso el sistema de recuento es diferente en unas elecciones autonómicas o municipales que en unas generales? ¿O es que no tienen el PP y también Vox acceso a todas las actas electorales a través de sus interventores?

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Pero como decíamos, la estrategia va más allá de un recuento electoral. Se trata de erosionar la confianza en las instituciones, destruir la noción de verdad e instaurar un nuevo paradigma en el que estos nuevos liderazgos populistas no tengan contrapesos y los adversarios políticos, una figura que ahora encarna Pedro Sánchez, estén en la cárcel. Se entiende que Vox quiera jugar esta carta porque este partido no ha creído nunca en la democracia y añora el franquismo, pero el PP es otra cosa. El PP es un partido que, a pesar de tener como fundador a un exministro de Franco, en teoría forma parte del llamado "bloque constitucional" y ha gobernado en dos periodos democráticos (1996-2004 y 2011-2018). A pesar de ello, en el pasado ya ha flirteado con esta idea. Sin ir más lejos lo hizo su candidata, María Guardiola, en la campaña de las elecciones extremeñas a cuenta de un robo de un saco de votos en una oficina de correos. La policía ya estableció que eran ladrones comunes y las personas afectadas pudieron volver a votar con normalidad.

Ahora, sin embargo, si el PP no se desmarca claramente de Díaz Ayuso estará alimentando el clima guerracivilista que la extrema derecha quiere imponer y será corresponsable de lo que pueda pasar como consecuencia.