Lamine Yamal es uno de los nuestros

Los gritos islamófobos en el campo de Cornellà-El Prat en el partido entre Egipto y España han dado la vuelta al mundo y son un exponente muy preocupante del nivel de desacomplejamiento de la extrema derecha en todas partes. El caso es especialmente lamentable porque el mejor jugador de la selección española y probablemente del mundo es un catalán de religión musulmana llamado Lamine Yamal, criado en el barrio de Rocafonda de Mataró. La estrella del Barça ha lanzado un contundente mensaje a través de las redes sociales y ha tildado de "racistas" e "ignorantes" a los energúmenos que el martes corearon todo tipo de insultos, también a Pedro Sánchez, en el campo del Espanyol.

No hay duda de que la extrema derecha españolista de Vox ha intentado instrumentalizar este partido para lanzar un doble mensaje, uno explícito y uno implícito. El explícito es que Cataluña forma parte de España, y así lo han dicho en sus perfiles oficiales, y el implícito es que solo se puede ser español si se profesa una determinada religión, que no es precisamente la musulmana. He aquí, sin embargo, que Lamine Yamal rompe todos estos tópicos porque es un catalán musulmán de madre guineana y padre marroquí. Esto hace que sea especialmente señalado por el españolismo nacionalcatólico, pero no podemos obviar que también existe un nacionalismo catalán islamófobo representado por Alianza Catalana.

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Ante esto hay que afirmar que Lamine Yamal es uno de los nuestros, un catalán más con un origen diverso que es propio de la historia y la identidad de Cataluña, que se ha ido forjando a lo largo de los siglos con aportaciones de diferentes grupos nacionales, lingüísticos y religiosos. Cualquier intento de separar a los catalanes por razones de origen o religión no solo va en contra de los derechos humanos y la legalidad, sino que sería suicida para la nación catalana. El mejor catalanismo se construyó en contra de esta tentación del nosotros solos.

Dicho esto, también resulta sorprendente que la Federación Española de Fútbol no fuera consciente de que un partido de la selección española de fútbol atrae en Cataluña a un público diferente del de cualquier otro punto de la geografía del Estado, y que los grupos anticatalanistas y del españolismo más rancio lo aprovecharían para hacerse notar. Si ya lo hacen puntualmente en partidos del Espanyol, aún con más motivo con un partido de la selección española. Y aún más lamentable fue que no se detuviera el partido. Paradójicamente, los hechos de Cornellà también son una consecuencia indirecta del conflicto político entre Cataluña y España.

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Recordemos que no hace ni tres meses se jugó un partido amistoso entre las selecciones de Cataluña y Palestina en el Estadio Lluís Companys de Montjuïc con 50.000 personas y un ambiente muy diferente de solidaridad entre pueblos y religiones. Y hace dos meses se celebró un concierto en el Palau Sant Jordi con estrellas como Rosalía también en solidaridad con Gaza. Sin duda estos dos últimos eventos son más representativos de la sociedad catalana que lo que se vivió el martes en Cornellà.