Medidas disuasorias contra los disturbios

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Presencia policial en el entorno del Eje Comercial de Lérida por la convocatoria de Bloqueo en Lérida.
02/11/2026 - 20:55 h

BarcelonaEste lunes se ha sabido que solo dos de los 79 menores detenidos por los disturbios del 24 de octubre no tendrán ninguna medida cautelar en contra. Cinco han sido internados y la gran mayoría, 72, han quedado en un régimen de libertad vigilada. Ahora la justicia iniciará su proceso para que en algunos casos los responsables de los menores, sean padres o tutores, sean multados a causa de los destrozos que se provocaron en el mobiliario público. Esta actuación demuestra que el objetivo inmediato es disuadir a los más jóvenes de participar en protestas de este tipo, organizadas todavía no se sabe muy bien por quién ni con qué objetivo, pero que derivaron en escenas de pillaje y violencia urbana que han provocado una comprensible alarma ciudadana.

El goteo de detenciones de presuntos organizadores de este fenómeno viral bautizado como Blocus, que tiene un evidente componente de imitación de las protestas juveniles de Francia, también ha tenido su impacto. De la misma manera que el amplio dispositivo del sábado en Barcelona y otras ciudades que evitó la repetición de los disturbios. Ahora bien, más allá de estas actuaciones, absolutamente necesarias para cortar de raíz este fenómeno, todavía hay muchas incógnitas que hay que investigar. Básicamente porque no se trata de un fenómeno específicamente catalán o español, ya que se han producido convocatorias similares en otras ciudades europeas, especialmente francesas, pero también italianas, alemanas o portuguesas. Más allá de constatar que el malestar de una parte de la población joven es bien real, no sobra investigar si detrás de estos hechos hay alguna injerencia extranjera o intereses políticos inconfesables. Como afirman numerosos expertos en seguridad, la guerra híbrida toma hoy muchas formas y el objetivo final es desestabilizar las democracias liberales. Por tanto, esta amenaza no se puede menospreciar.

Al margen de esto, la investigación debe continuar también porque los altercados se pueden reproducir en cualquier ocasión, y no es previsible que cada fin de semana se repita un dispositivo policial como el del sábado. La jornada de huelga general prevista para el día 11 puede ser el escenario perfecto para que se repitan las imágenes de violencia urbana, y las fuerzas de seguridad, así como los mismos organizadores sindicales, deben estar preparados para hacerle frente.

Más allá de estas advertencias, se debe hacer una reflexión profunda sobre cuál es el combustible que alimenta estos comportamientos. Se ha dicho que no hay ningún componente ideológico concreto y que se trata de un comportamiento nihilista o más bien de pura diversión, adrenalínico y con la intención última de obtener gratis algún producto de última moda. Los Mossos son los que tendrán que trazar, en primer lugar, el perfil tanto de los organizadores como de los participantes, y hacer pagar a cada uno por los delitos que haya cometido, pero después habría que preguntarnos como sociedad qué estamos haciendo mal y de dónde proviene, en última instancia, esta rabia juvenil contra el orden establecido.

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