El mensaje que lanza el juez Peinado

BarcelonaResulta complicado hablar de lawfare en los casos que acosan al PSOE por la multitud de pruebas y evidencias que se acumulan cada día, pero si hay uno que podría servir para ilustrar un caso de lawfare de manual sería el que afecta a la mujer del presidente español, Begoña Gómez. El juez Juan Carlos Peinado ha protagonizado una instrucción surrealista, guiada por una evidente mala fe y hostilidad hacia Pedro Sánchez y su entorno. Por eso, todo el mundo daba por hecho que el pasado lunes, cuando Begoña Gómez fue citada para una vista, el juez procedería a comunicarle su procesamiento y la apertura del juicio oral. Sorprendentemente, sin embargo, cinco días después, el juez aún no ha comunicado su decisión, y ni siquiera ha dictaminado sobre la petición de la acusación popular de retirarle el pasaporte de forma preventiva, lo que alarga sin justificación el procedimiento.

Pero es que además, a primera hora de la mañana de este viernes, ha comunicado que abría una pieza separada sobre el caso en un auto tan confuso que más tarde ha tenido que complementar para dejar claro que Begoña Gómez queda al margen y que se investigará solo una adjudicación del empresario Juan Carlos Barrabés que según la Fiscalía Europea podría ser fraudulenta. De esta manera, Peinado se asegura que mantendrá un pie dentro del caso aunque envíe a Gómez a juicio.

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Recordemos que este juez ha tenido que ser corregido en múltiples ocasiones por los tribunales superiores, se presentó en la Moncloa para tomar declaración en persona al mismo Sánchez (un episodio inédito en democracia) y llegó a poner por escrito que la actitud del matrimonio era propia de un rey absolutista y odiado por todos como Fernando VII. Ni siquiera la UCO, la unidad de la Guardia Civil que ha llevado investigaciones polémicas como la del hermano de Sánchez (otro caso que huele a lawfare), ha avalado el delito principal que inició la investigación, que es el tráfico de influencias en el rescate de la SEPI a Air Europa. La Fiscalía, por ejemplo, pide la absolución.

Da la impresión de que el sueño de Peinado sería encarcelar al mismo Sánchez, una idea que ya insinuó José María Aznar en la apertura del congreso del PP de hace un año. De momento, sin embargo, se tendrá que contentar con llevar a su mujer a un juicio donde se le piden, atención, 24 años de cárcel. Una ignominia.

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Peinado sigue la estela de otros jueces que se han sentido empujados a conformar una especie de "magistratura patriótica" como el fallecido Juan Antonio Ramírez Sunyer, que inició la causa del Procés y que, según escribió el entonces presidente del CGPJ y del Supremo, Carlos Lesmes, había "cambiado el rumbo de la historia de España". O el juez Joaquín Aguirre, al que oímos en unos audios vanagloriarse de que gracias a su investigación de la supuesta trama rusa del Procés, que quedó en nada, se había "tumbado la ley de amnistía". El mensaje que lanzan estos procedimientos llenos de arbitrariedades, sin embargo, es muy potente: un aviso para navegantes para que todo el mundo se lo piense dos veces antes de enfrentarse a según qué poderes del Estado.