Las prisiones catalanas, al límite

BarcelonaLas prisiones catalanas están a un paso de llegar a su capacidad máxima. Según los datos del departamento de Justicia, a día 31 de agosto había 9.597 presos para un total de 10.016 plazas, es decir, las prisiones están a un 95% de su capacidad. Esto es así porque en los últimos cinco años ha habido un aumento notable de internos: 1.800 más. Cuidado, sin embargo, con hacer lecturas simplistas y relacionar este aumento con la inmigración, porque el pico de internos en las prisiones catalanas se alcanzó en el año 2009, con 10.525, y hasta 2013 se estuvo por encima de los 10.000.

La rebaja posterior de internos se debió a dos factores. Por un lado, a la mejora de las condiciones económicas, y por otro a una política penitenciaria dirigida a reducir al máximo el tiempo de estancia en la prisión, así como más sentencias que apostaban por otros tipos de sanciones, como trabajos comunitarios, en lugar de la privación de libertad. Así se tocó fondo en el año 2021, con 7.716 internos. Desde entonces, sin embargo, la cifra no ha parado de subir, en parte también porque se ha conseguido encarcelar a más ladrones reincidentes que antes evitaban el paso por la prisión.

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Sea como sea, la presión sobre los trabajadores penitenciarios no para de aumentar, ya que según denuncian los sindicatos, las plantillas están dimensionadas para atender a 7.500 presos, y no 10.000. Esto está provocando que en algunos centros haya problemas para hacer cumplir los regímenes de aislamiento. El ARA ha podido saber que, en el centro de Lledoners, algunos de estos presos más peligrosos tuvieron que dormir en el módulo de ingresos porque el de aislamiento estaba lleno. O que en Figueres algunos internos han tenido que pasar la noche en la enfermería por falta de camas.

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El Gobierno dice que es consciente de esta situación y que está acelerando la construcción de nuevos módulos para aumentar la capacidad de las prisiones catalanas con unos cientos de plazas más, pero no es suficiente. Si de verdad se quiere cumplir el objetivo que la Constitución fija para la prisión, que es la reinserción en la sociedad, hace falta aumentar también los recursos humanos: celadores, monitores, psicólogos, etc. La sociedad se sentirá más segura si sabe que los informes con los que se otorgan las libertades condicionales se pueden hacer en las mejores condiciones y con todas las garantías, cosa que ahora mismo no está nada clara debido a la saturación de las prisiones.

Cataluña ha construido un sistema penitenciario propio desde que asumió las competencias en el año 1984 en solitario, ya que ninguna otra comunidad autónoma, excepto Euskadi, que las recibió en el año 2021, las ha pedido por la dificultad y el desgaste que supone. Pero son precisamente este tipo de competencias las que permiten marcar la diferencia y demuestran una voluntad de autogobierno auténtica y sincera. Por este motivo la actual administración debería actuar con diligencia para evitar que todo el trabajo de los anteriores consejeros de Justicia para construir este modelo propio, más encarado a la reinserción que al castigo, se vea en peligro.