Cómo reconducir el desacuerdo educativo
No se puede mantener la tensión indefinidamente. La votación de los maestros contra el acuerdo pactado por los sindicatos y el Gobierno debe dar paso a una nueva etapa. Es urgente encontrar una salida que no pase por la confrontación sindical.
La cuerda se había tensado mucho, los ánimos estaban –y están– muy caldeados. Rebajar la tensión es tarea de todos. El colectivo de los docentes ha mantenido una intensa y extensa movilización, y así acabará el curso. Esto ya no se puede arreglar. De momento, la consejera de Educación, Esther Niubó, ha dicho que, a pesar de la votación, mantiene el pacto alcanzado con los sindicatos, y ha pedido una reflexión colectiva.
Para quien sobre todo se crea ahora un problema es para la USTEC, el sindicato mayoritario, que, por un lado, había liderado las protestas y, por otro, finalmente había apostado por un preacuerdo que mejoraba claramente lo que habían firmado semanas atrás los minoritarios UGT y CCOO. De repente, sin embargo, la USTEC se ha visto desbordada por los mismos docentes. ¿Quién liderará a partir de ahora el movimiento? ¿Con qué programa y con qué objetivos? Los afiliados al sindicato Profesores de Secundaria han votado afirmativamente al acuerdo. Y la CGT se mantiene en un extremo. La protesta, pues, queda decapitada y toma un rumbo incierto.
Visto desde fuera, a la ciudadanía le costará entender el rechazo expresado por los docentes, cuando habían conseguido un aumento de sueldo inédito –600 euros brutos mensuales más en los próximos cuatro años: cuesta recordar una ganancia tan grande en ningún otro sector– y un reforzamiento de las condiciones generales igualmente sustancial: 6.400 dotaciones nuevas al sistema en los próximos cuatro años y la convocatoria de 5.000 plazas de cátedras de secundaria entre los años 2027 y 2028. Todo esto en principio está garantizado. La consejería asegura que lo llevará adelante. Es una respuesta que se aleja de la lógica de la confrontación.
La cuestión es que, hasta ahora, se ha hablado mucho de dinero y condiciones y poco de educación y pedagogía. O, si más no, se ha llegado a acuerdos más cuantitativos que cualitativos. Es en el terreno cualitativo, pues, donde hay camino por recorrer. Pero es un camino que debería vehicularse a través de las instancias y asociaciones profesionales. Toca cambiar los términos de la partida. Se ha dado un paso adelante importante en sueldos y medios. Ahora, como también se reclama en la calle, es la hora de entrar a fondo en los problemas y las posibles soluciones para mejorar un sistema que no funciona. Si es esto lo que reclaman los profesionales cuando critican el acuerdo, pues efectivamente hay mucho que decir. Ahora bien, un cambio a fondo solo se puede llevar adelante con diálogo, recabando complicidades, pasando página a la dinámica de buenos y malos. Ni la administración es la culpable de todo ni hay soluciones mágicas.
El paréntesis de las vacaciones de verano, que están a la vuelta de la esquina, debería servir para reubicar la protesta y el debate en estos términos. Y, por lo tanto, para empezar a hablar, de forma seria y sensata, sin ruido, sobre métodos, conocimientos, proyectos, inclusión, autonomía de centro, currículums, abandono escolar, inteligencia artificial, equidad, talento, extraescolares, comedores, el papel de las familias... Ciertamente, hay que hablar de muchas cosas. Es aquí donde hay que poner el foco.