La vivienda sitúa la legislatura en el abismo

BarcelonaLa vivienda es sin duda el gran problema de la sociedad actual, y no hay ninguna solución mágica ni, sobre todo, rápida. Ahora bien, hay dos elementos que son ciertos: el primero es que las familias se ven obligadas a destinar una porción cada vez mayor de sus ingresos, especialmente si están de alquiler. Y el segundo es que este esfuerzo económico excesivo provoca que mucha gente, al sufrir alguna circunstancia que conlleva una rebaja de ingresos –como la pérdida del trabajo o un problema de salud–, no pueda afrontar el pago de la hipoteca o del alquiler. Convertirse en persona vulnerable no es tan difícil en el mundo actual, y su cara más amarga son los desahucios.

El 7 de septiembre una mujer de 54 años de Hospitalet, Olga, se suicidó y dejó a dos hijas, una de las cuales menor. Hacía cinco meses que la habían echado de casa. En Madrid el desahucio de una mujer de 87 años, Maricarmen Abascal, que la lanzó del piso donde había vivido toda la vida provocó una oleada de indignación que encendió la chispa que llevó hasta la jornada que se ha vivido este viernes en el Congreso. Pero lo cierto es que ya hace muchos meses, al menos desde la derogación de la anterior prohibición de desahucios, en el mes de abril, que dura el goteo de casos. La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, negoció con los diferentes grupos –algunos especialmente alejados ideológicamente– para poder presentar un decreto ley con medidas consensuadas para intentar dar respuesta a una situación que, en primer lugar, es humanitaria. Las medidas más radicales, que defendían Sumar y Podemos, se colocaron en un segundo decreto que ya se sabía que no saldría adelante. Pero el primer decreto, con todas sus carencias, era necesario para detener el drama de los desahucios.

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El texto recogía aportaciones de Junts, como la obligación de las administraciones de compensar a los propietarios víctimas de impagos, y también bonificaciones fiscales tanto para propietarios como para inquilinos. En cualquier caso, era un inicio que después se podría haber afinado más en la tramitación parlamentaria, como propuso la ministra. La contrapropuesta presentada por el grupo de Miriam Nogueras no estaba tan alejada del decreto para hacerlo saltar todo por los aires y colocarse al lado del PP y Vox en la votación. En este sentido, la posición del PNV, que anunció un sí crítico al decreto, es mucho más comprensible para un partido que quiere hacer gala de moderación.

La legislatura entra ahora en una fase que si no es terminal se le parece mucho, y esto tampoco es una buena noticia para Cataluña, teniendo en cuenta cuál es el tipo de gobierno español que dibujan las encuestas. La tensión ciudadana no parece que vaya a disminuir los próximos días, y este sábado las calles calibrarán el alcance del descontento. Lo ideal sería un pacto de estado sobre esta cuestión, un punto intermedio entre la visión más liberal y la más intervencionista, pero esto actualmente parece una utopía.