El Darwin más desconocido: ¿qué papel jugó una orquídea en la teoría de la evolución?
El Museo de Ciencias Naturales de Barcelona ofrece un paseo por los descubrimientos del naturalista inglés en el campo de la botánica
BarcelonaEn la histórica Down House, la casa en la que vivió Charles Darwin durante 40 años en la localidad inglesa de Kent, había un espacio que fue clave para desarrollar la teoría de la evolución que daría renombre mundial al naturalista inglés. Y no es la mesa donde escribió El origen de las especies, sino su jardín. Allí, Darwin pasó horas haciendo pequeños experimentos con plantas, como la llamada orquídea de Darwin u orquídea de Navidad, procedente de Madagascar. Es una especie muy particular, que tiene un nectario extraordinariamente largo, de más de 20 centímetros. El científico predijo la existencia de un insecto capaz de llegar al néctar oculto. La mariposa sería descubierta décadas después, confirmando una intuición basada exclusivamente en la observación botánica.
"Cuando hablamos de Darwin, siempre pensamos en el Darwin de los pinzones, de las Galápagos. Pero, en realidad, lo que la gente desconoce es que Darwin fue un extraordinario botánico y que dedicó seis libros al tema. Esto es desconocido para el gran público", afirma Martí Domínguez, comisario este 7 de marzo y que, precisamente, reivindica la dimensión botánica de Charles Darwin e invita al público a redescubrir al científico desde esta perspectiva menos conocida.
La tesis central de la muestra está clara: sin sus investigaciones sobre orquídeas, plantas carnívoras o movimientos vegetales, la teoría de la evolución quedaría coja. Domínguez lleva años estudiando la obra darwiniana y subraya la necesidad de corregir una imagen incompleta del naturalista inglés.
Instalada en el Invernadero del Parque de la Ciutadella, Darwin botánico propone un viaje por la cara más oculta del biólogo, con plantas vivas y especímenes históricos. Una de ellas es, evidentemente, la orquídea de Darwin. "Es una pieza extraordinaria, una especie muy buscada", dice el comisario.
La muestra también quiere recrear con su escenografía el ambiente doméstico en el que el biólogo trabajaba, reproduciendo lo que era el invernadero/el jardín de Darwin de una manera grosso modo. El Invernadero barcelonés se convierte así en un puente entre la Down House en Kent y la Ciutadella, entre el siglo XIX y el XXI.
Con esta exposición, el museo invita a mirar más allá de los pinzones. Esa cara más oculta de Darwin no es un apéndice menor, sino una pieza clave de su legado intelectual. Entre plantas, el público podrá descubrir a un científico paciente y obsesionado con los detalles florales.
Se quiere hacer hincapié en el carácter innovador del proyecto. "Es una apuesta por transmitir, en este caso, un conocimiento evolutivo, botánico, a la sociedad y por demostrar que, con todas las particularidades de este edificio, son capaces también de realizar exposiciones de gran interés científico, histórico y patrimonial", dice Carles Lalueza-Fox, director del MCNB. La dificultad logística no es menor: especies adaptadas a condiciones muy diversas conviven en un mismo espacio, algunas de ellas en plena floración para ilustrar los experimentos darwinianos sobre polinización y reproducción.
La muestra es también una declaración de intenciones sobre el papel del Invernadero como equipamiento científico. "Esta exposición es una demostración de que este equipamiento que tenemos puede actuar también como un suministro cultural y científico, aparte de obviamente, patrimonial y estético", añade Lalueza-Fox. El objetivo es transmitir conocimiento evolutivo y botánico al gran público, demostrando que la historia de la ciencia también se puede contar con hojas, raíces y flores reales.