Laporta y Florentino, sol y sombra
Jan y Flo son muy diferentes, pero comparten piso desde hace años. Aprovechando unos días de vacaciones, se han ido a Mallorca. La primera noche han salido a cenar y, después, de fiesta. Flo se cuida, y después de tomar otra copa de Ribera del Duero ha preferido irse al apartamento. En cambio, Jan, más bon vivant, se ha desfasado primero con dos buenos platos de macarrones, después tomando gintonics y ya en la discoteca bebiendo a morro de un Moët magnum que circulaba por la pista mientras bailaba, cantaba y se abrazaba con amigos y amigas que había conocido aquella misma madrugada. Ya era de día cuando se metía en la cama, cansado pero contento. Cuando se ha levantado, Flo ya hacía rato que había hecho sus ejercicios de yoga, había desayunado un yogur con cereales y ahora estaba contestando algunos correos. A Jan le encantan la sobrasada y las ensaimadas, y no hay nada mejor que esta combinación para empezar el día si estás en Mallorca de vacaciones. Después se ha puesto el bañador y se ha lanzado a la piscina de bomba, salpicando a Flo, que en ese momento iba por la tercera piscina de braza. Jan prefiere el estilo mariposa. Flo se protege del sol con un sombrero bajo la sombrilla. Jan, sobre el colchón de agua, cierra los ojos mientras siente como el sol lo calienta y lo broncea.
Joan Laporta y Florentino Pérez son el sol y la sombra de la palco. Dos maneras radicalmente opuestas de ser en el mundo que se traducen en la manera de dirigir sus clubes.
Florentino Pérez ha gobernado el Real Madrid desde el cálculo, con una frialdad casi monástica; Joan Laporta lo hace desde el estómago y el exceso pasional del relato.
Quan perd dona la mà, sense enveges ni rancorsCon la rueda de prensa de la semana pasada, Florentino cometió un grave error, pero no es el primero. El 28 de octubre de 2024 decidió, en un ataque de orgullo institucional, cancelar a última hora su expedición a París al enterarse de que Vinícius Júnior no alzaría el Balón de Oro. El ganador era un futbolista madrileño de la selección campeona de Europa: Rodri Hernández. Con su plantón, el Madrid no solo firmó un polémico menosprecio a la comunidad futbolística, sino que ofendió el éxito del fútbol de su propio país. Durante décadas, el Real Madrid ha exportado al mundo la marca del señorío. Su propio himno dice: "Cuando pierde da la mano, sin envidias ni rencores".
Estos dos errores revelan la creciente fragilidad del presidente blanco. Una debilidad que Florentino no ha sabido frenar al apostar de nuevo por un entrenador del pasado como Mourinho, en un momento en que ni el mismo tótem Guardiola sería ya un perfil de futuro para el Barça.
Mientras Florentino se complica la vida con su falta de criterio para el buen fútbol, Laporta llora con Lewandowski, ríe con Flick y se abraza con quien se ponga por delante. Su manera de entender este complejo deporte es del gusto del barcelonista, y está claro que el juego de los equipos que ha presidido Laporta transmite excelencia futbolística contemporánea, espíritu, catalanidad, Masia y genialidad, más allá del entrenador, que también es una decisión suya. Esta reconocida intuición y agudeza le habrán de indicar cuándo es la hora de plegar y también que sería bueno cuidarse. Quizás no tanto como el yermo Florentino, pero es que, a veces, da pena un poco.