Líbano

Un ejército de payasos para invadir el Próximo Oriente

El artista Pau Palaus actúa en el Líbano y será el protagonista de un documental de ocho episodios en ocho países del Próximo Oriente y el norte de África

El payaso Pau Palaus actúa delante de un grupo de jóvenes libaneses
15/06/2026
6 min

Cuando Pau Palaus volvió de su primer viaje al Líbano, en mayo, organizó un acto en la plaza de Arbúcies para explicar la experiencia a sus vecinos. Vive a las afueras del pueblo en una masía llamada Ca l’Ocell, donde tiene un pequeño escenario para ensayar los espectáculos y montar actuaciones de formato reducido. En la plaza sonaba el violín de Roser Loscos y los niños le hacían preguntas. “¿Y al Líbano has llevado comida?”, le preguntaba una niña. Pau es payaso, con su compañía ha visitado una treintena de países, ha ganado premios como el Zirkólika, y hace algunos años montó la asociación Contaminando Sonrisas, con la que organiza expediciones solidarias a países en conflicto o a lugares que han sufrido desastres naturales. Fueron los bombardeos de abril, lanzados por Israel sobre el sur del país pero también en la capital, y los contactos que Pau mantiene con algunos payasos libaneses lo que le impulsaron a viajar al Líbano. No a llevar comida, precisamente, sino más bien “esperanza”: “Tanto hablar del número de muertos, al final acabamos deshumanizando la guerra, y lo que intento es dar un poco de humanidad al conflicto”. Estos viajes suele compartirlos con un pequeño equipo de colaboradores, pero esta vez por cuestiones logísticas tuvo que viajar solo. Actuó sobre todo en los barrios más populares de Beirut, entre ellos Dahieh, los suburbios donde se considera que tiene su principal base urbana Hezbolá, y donde Israel suele tener puesto el punto de mira. En total fueron 27 funciones en menos de dos semanas, muchas improvisadas en medio de la calle, durante unos días en que las bombas continuaban cayendo a pesar del teórico alto el fuego. Un alto el fuego que nunca lo es del todo, como se ha demostrado en las últimas semanas. “Los bombardeos que caen durante el alto el fuego son los más peligrosos, porque la gente se confía. Yo pensaba que me encontraría una ciudad vacía, con todo cerrado y la gente en casa, y es al contrario, las tiendas abren, la vida continúa casi con normalidad. En Beirut yo me pasaba el día mirando los drones que nos sobrevolaban a todas horas, pero ellos no hacían ni caso”. Durante los dos últimos días de estancia en Beirut, los suburbios sufrieron una nueva tanda de ataques, en que el gobierno de Israel aseguró haber matado a un alto mando de Hezbolá, el grupo paramilitar chií aliado de Irán. Se estima que desde que Estados Unidos e Israel lanzaron la ofensiva contra Irán, en Líbano ha habido más de 3.000 muertos y un millón y medio de personas desplazadas, sobre todo a causa de los bombardeos ordenados desde Tel Aviv para atacar el sur libanés y ocupar una treintena de poblaciones fronterizas. “Durante una actuación que estaba haciendo, un grupo de personas recibieron una llamada diciendo que en su pueblo habían caído dos misiles y habían muerto siete personas. Hubo un poco de revuelo, pero el espectáculo continuó, y al acabar esas mismas personas vinieron a felicitarme como si no hubiera pasado nada”. Durante los nueve días en Líbano, Pau explica que tuvo un sueño: cientos de autobuses llegaban a Beirut cargados de payasos y invadían el país. Se lo explicó a dos documentaristas libanesas que le ayudaban a montar las actuaciones en Beirut, y de aquí ha salido un nuevo proyecto que ya está en marcha: grabar una serie de ocho episodios en ocho países de Oriente Próximo y el norte de África para demostrar que el trabajo de un payaso puede ser un símbolo de paz y también de transformación. “Ellas hace tiempo que han dejado de hacer documentales centrados en la guerra, porque les resultaba demasiado duro anímicamente, pero ahora han visto la posibilidad de tratarlo desde el punto de vista de la esperanza. La intención es invitar a otros artistas que estén dispuestos a actuar conmigo en estos lugares”, explica. La serie probablemente comenzará a grabarse en agosto, aprovechando que Pau está invitado a un festival de circo en la población de Ramala, en Cisjordania.Una capital destruidaEn los últimos meses, Pau ha podido conocer a algunos payasos y artistas libaneses, y de ahí han salido diferentes colaboraciones. La semana pasada, por ejemplo, Contaminando Sonrisas impulsó desde Cataluña –con apoyo económico y logístico– una serie de actuaciones de una pareja de artistas locales que hacen espectáculos de máscaras y títeres. “Ellos nacieron en Siria pero tuvieron que exiliarse al Líbano y crecieron en Shatila, un campo de refugiados en medio de Beirut construido en 1949 para acoger a los palestinos que huían de la guerra. Se puede decir que ya forma parte de la misma ciudad, pero es un lugar muy degradado, con mafias y corrupción, donde los jóvenes tienen muchas dificultades para encontrar trabajo. Conocer a esta pareja de artistas con tanta sensibilidad ha sido como encontrar una flor en medio de la ruina", explica. Este próximo miércoles, Pau volverá a ir al Líbano para actuar en otras zonas especialmente golpeadas por la guerra. Visitará el Valle de la Bekaa, tocando la frontera siria; dos campos de refugiados de Trípoli, más al norte, y los barrios periféricos de Beirut. Además, hará un taller de formación gratuito para una quincena de payasos locales. “Muchos servicios públicos hace años que no funcionan y la población se ha tenido que autogestionar. No sé si les queda mucha esperanza, pero sí mucha resiliencia”, añade. Durante las actuaciones de mayo pudo comprobar en persona los relatos que han ido haciendo los corresponsales de medios occidentales en los últimos tiempos. Por un lado, la destrucción que no para de castigar la capital. “Hay muchos edificios maltrechos y de cada uno te pueden explicar qué año fue atacado. Aparte de una explosión en el puerto [en 2020], que fue brutal y aún no se sabe quién fue el culpable. Los libaneses dicen que la vida es lo que pasa entre guerra y guerra, porque los conflictos han sido constantes a lo largo de su historia”, lamenta. Por otro lado, Pau habla de la enorme decepción que la población siente respecto a su propio estado, respecto a Hezbolá y respecto a la comunidad internacional. Se sienten abandonados. “Hablando con la gente entiendes que la mayoría no está de acuerdo con la manera de actuar de un grupo armado como Hezbolá, pero que, al mismo tiempo, están convencidos de que si Hezbolá no los defendiera, nadie lo haría. El ejército tiene muy poca capacidad, los soldados cobran una miseria en un país donde la vida tampoco es barata y en muchos casos no están preparados para ir a luchar. Hezbolá son los únicos que pueden plantar cara”, asegura. Cuando comienzan los espectáculos, sin embargo, la sensibilidad iguala de alguna manera a todo el mundo, independientemente de la ideología. “Cuando ves cómo se emocionan te das cuenta de que hay una humanidad que está por encima del hecho de que unos piensen de una manera o de otra, incluso por encima de la cultura y de la religión. He actuado en lugares muy diferentes del mundo, pero la manera en que los niños se dejan sorprender y sonríen siempre es muy similar”. Aparte de actuar en Beirut, también visitó las zonas de montaña que rodean la capital y fue hasta Trípoli, la segunda ciudad más poblada del país. Llevó su espectáculo a plazas, escuelas y orfanatos. “El Líbano siempre ha sido un lugar de acogida; hay campos de refugiados que tienen 80 años de historia. Todavía no me había ido y ya pensaba en volver”. Los espectáculos de Pau Palaus forman parte de esta corriente de circo contemporáneo en la que el payaso juega con los silencios, la sensibilidad y también la provocación. “Payasos sin nariz roja”, para exponerlo de manera simbólica. Sus espectáculos han tocado temas como la pobreza, la resiliencia y las dificultades para encontrar una vida mejor. En el último, titulado Zloty, dos payasos intentan salir adelante después de que una fuerte tormenta se haya llevado su carpa y les haya dejado literalmente sin nada.    En medio de la guerracuenta bancaria donde se pueden hacer donacionescuenta bancaria donde se pueden hacer donaciones. Desde que creó la asociación, ahora hace 12 años después de una estancia en un campo de refugiados de Myanmar, Pau ha actuado en países como Sierra Leona y Nepal, en el campo de refugiados de Idomeni, en los asentamientos de inmigrantes de Ceuta y Melilla y en Valencia, después de las riadas de la dana, que también dejaron muchas familias sin casa. “El Líbano ha sido como un paso más, porque hasta ahora siempre habíamos estado al otro lado de la guerra, al otro lado de la frontera donde la gente huía. Esta vez he vivido la guerra desde dentro”, subraya.

Pau Palaus con un niño del Líbano.

El mundo del circo, y especialmente el de los payasos, siempre ha estado muy relacionado con iniciativas solidarias. Entidades como Payasos sin Fronteras, Clown Me In, Pallapupes o Saniclowns llevan muchos años desarrollando proyectos con personas vulnerables y en hospitales. Y en la preparación de estas expediciones, de hecho, Pau ha recibido el apoyo de compañeros de profesión como Tortell Poltrona, habitual también en este tipo de iniciativas. Fueron precisamente estos compañeros los que le ayudaron a contratar un seguro para su viaje al Líbano. Actuar en países en conflicto siempre comporta un riesgo. “El miedo nunca es buena compañera de viaje. Siempre intento dejarlo de lado. Y siempre pienso que si me tiene que pasar algo malo prefiero que sea con los zapatos de payaso puestos”. La próxima parada vuelve a ser el Líbano.

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