Por qué nos da miedo el paso del tiempo?
Hablamos sobre la cronofobia con el astrofísico y periodista Sergio C. Fanjul, que acaba de publicar un ensayo sobre este mal tan humano
Un día, cuando Sergio era adolescente, se dio cuenta de que su madre había envejecido. Esas arrugas del rostro no las había visto antes. El tiempo pasaba inexorablemente, sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. Por primera vez, la idea de que el tiempo en este mundo era finito le llegó con fuerza, y eso que sus amigos ni se habían preocupado de pensarlo. Cuando eres joven, el tiempo parece estático e infinito.Desde aquel día, Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) padece lo que se conoce como cronofobia, el miedo al paso del tiempo. Una experiencia que este licenciado en astrofísica y periodismo ha plasmado en forma de ensayo en el libro Cronofobia (Arpa, 2025), en el cual también explora una sociedad que considera que padece el mismo mal que él: “Hay muchos problemas, no solo para lidiar con el hecho de morir, sino con el envejecimiento y el miedo al futuro. La aceleración del tiempo hace que nos volvamos unos enfermos de la nostalgia”, asegura.Si nos paramos a pensar, hay miles de millones de personas que nos han precedido y no queda nada de su paso por la tierra. Con suerte, conocemos algunos nombres que han hecho alguna gesta importante, pero no mucho más. Incluso hay personajes como Shakespeare o Cervantes, que a menudo son poco más que un nombre, quizás incluso un seudónimo de otra persona.Este sentimiento, según Fanjul, incomoda a mucha gente. “Tenemos mucha hambre de trascendencia y de superar la muerte en comparación con sociedades anteriores”, asegura. El autor cree que antes las sociedades eran más comunitarias y estaban más conectadas con su pueblo y familia, de manera que cuando morías sabían que continuarían vivos en los demás. En cambio, la sociedad individualista de ahora nos hace sentir que si morimos, se acaba el mundo.El miedo a la muerte es inherente a la condición humana. “Por eso gran parte de nuestra cultura está relacionada con creencias y religiones que nos sirvan para entender por qué demonios estamos aquí durante un tiempo tan limitado”, continúa Fanjul. Durante su investigación, incluso ha conocido a personas que no soportan la idea de no haber existido antes de nacer.De hecho, la cronofobia no es fácil de digerir. Él mismo reconoce que cada día se lo pasa haciendo cálculos sobre los años vividos y los que, si todo va bien, le quedan hasta llegar a la muerte. Incluso cuando va de vacaciones se las pasa calculando cuánto tiempo ha pasado y cuánto falta para acabarlas. “Me asalta mucho la idea de pensar que el tiempo se me ha escapado de las manos, esta sensación de “ya está, esta fiesta o cena ya ha acabado”, y pienso que cuando me muera tendré la misma sensación después de toda una vida”, reflexiona.'El tiempo vuela'
Pero, ¿qué es el tiempo realmente? Agustín de Hipona decía que sabía qué era el tiempo, pero que si le preguntabas, no lo sabía explicar. “Esta es la sensación que tenemos todos: funcionamos con el tiempo, quedamos a una hora con alguien, pasan los días y semanas, pero nadie te puede explicar qué es”, dice Fanjul. De teorías, se han hecho muchas y el autor las explora a lo largo del ensayo. Las que más le gustan son las externalistas, es decir, las que dicen que pasado y futuro son reales a la vez, que todo está pasando al mismo momento. “Somos una conciencia que va pasando por diferentes momentos y ahora percibimos lo que vivimos en este momento del tiempo, pero al mismo tiempo estamos naciendo, viviendo nuestra infancia, la vejez e incluso muriendo”, continúa. Para él, esta teoría lo reconforta: “Quiere decir que, aunque te mueras, toda tu vida estará pasando y será eterna, sucediendo toda a la vez”, matiza.Sea como sea, a medida que nos hacemos mayores cada vez el tiempo nos pasa más deprisa y parece que no podamos hacer nada para evitarlo. Se han hecho muchos estudios sobre esto y se sabe que para los niños y jóvenes todo es nuevo, y por tanto su cerebro ha de estar siempre procesando información. Es así como el tiempo les pasa más lento. A medida que se deja de aprender cosas nuevas y de sorprenderse por las cosas, el tiempo se empieza a acelerar. “Si te fijas, cuando viajas los primeros días te pasan lentos, porque has de explorar la ciudad. En cambio, los últimos, cuando ya te lo conoces todo, empiezan a ser cada vez más rápidos”, apunta.Hay mucha gente, sin embargo, que vive atrapada por la nostalgia del pasado. Para Fanjul, este sentimiento es muy propio de nuestros tiempos, cuando las perspectivas de futuro son muy imprevisibles. “Entre el totalitarismo, la crisis climática y el avance de la tecnología, los jóvenes no ven un futuro claro y miran hacia atrás”, considera. De hecho, el autor cree que vivimos en una sociedad que es jovenófila y a la vez jovenófoba: “La juventud se idolatra y se desea, pero a los jóvenes también se les considera unos “inútiles” y no se les ponen las cosas fáciles”, critica. Finalmente, el autor apunta que son muchos los filósofos como los estoicos que han predicado cómo la felicidad no es estar ni en el pasado ni en el futuro, sino en el presente. Por lo tanto, lo ideal para aprender a vivir en un mundo donde el tiempo se nos escapa entre las manos es aprovechar el momento y tener una vida rica en experiencias. “Pero no las que se venden ahora, que son ir a un restaurante de moda, sino pequeñas cosas cotidianas y enriquecedoras, como estar con la gente que quieres, pasear, descansar, comer bien y cuidarte. Esto hace que la vida sea más placentera y que el tiempo se ralentice un poco más”, concluye.