Space X, la salida a bolsa con más sin sentido de la historia
El viernes 12 de junio, SpaceX comenzó a cotizar por primera vez en bolsa. Después de una valoración teórica récord de 130 dólares por acción, el debut fue espectacular: abrió a 149 dólares, alcanzó un máximo de 176 y cerró la sesión en 161, un 19% por encima del precio inicial. Con esta valoración, se ha situado como la séptima empresa más grande del mundo por capitalización bursátil, superando los 2 billones de dólares.
Pero, ¿cómo funciona una salida a bolsa? Cuando una empresa decide cotizar, lo hace principalmente para captar financiación. A partir de diferentes valoraciones de expertos se fija un precio inicial —130 dólares en este caso—, pero a partir de aquí el mercado manda. El comportamiento del precio es impredecible: se puede disparar en pocas horas o caer con fuerza los días siguientes. De hecho, es habitual que muchas empresas suban en los primeros días de cotización y, semanas después, acaben por debajo del precio de salida. ¿Pasará lo mismo con SpaceX? Nadie lo sabe.
Para los pequeños inversores, la cautela es más necesaria que nunca. Si el Bitcoin ya se considera un activo muy volátil, una empresa recién estrenada en bolsa aún lo puede ser más. Además, se añade el efecto FOMO (el miedo a quedarse fuera): la gran expectación hace que muchos inversores sientan que deben comprar antes de que sea demasiado tarde.
Paradójicamente, SpaceX acumula pérdidas multimillonarias y no se esperan beneficios hasta dentro de muchos años. Sin embargo, la compañía trabaja en proyectos que podrían transformar el futuro, como el transporte y la logística espacial. Por ello, la valoración no se basa en los resultados actuales sino en las expectativas de beneficios futuros. Habrá que seguir la evolución de las próximas semanas con mucha prudencia.