Final de verano, casa a punto: 18 cosas que puedes limpiar ahora y agradecerás cuando llegue el otoño
Aprovechar los últimos días de vacaciones para poner a punto los rincones más castigados por el calor permite despedir la temporada y empezar septiembre con paz mental
El 30 de agosto tiene algo (poco agradable) de domingo por la tarde. Todavía hace calor y quizás queda algún día de playa, pero septiembre ya asoma. Ahora bien, en estos últimos días de verano antes de que vuelvan las prisas y la parte más seria de la rutina, hay una serie de rincones y objetos de casa que vale la pena limpiar precisamente ahora, antes de esta especie de reset que también tiene algo de año nuevo. Algunas de las cosas que vale la pena limpiar y ordenar ahora son objetos que se han usado intensamente durante el verano y que ya no queremos ver dando vueltas por casa, y otras, porque dentro de pocas semanas volverán a entrar en servicio.
Por ejemplo, las maletas vuelven a los armarios, reaparecen mochilas y agendas, las tardes se van llenando de actividad y reencuentros postveraniegos y la vida recupera, poco a poco, los horarios que había perdido en junio. Ahora bien, no hay que convertir este final de agosto en una operación militar ni dedicarlo a fregar juntas con un cepillo de dientes: pero sí que se pueden aprovechar estos días para hacer las limpiezas que durante el año siempre quedan para cuando tengamos tiempo. Las hay que tienen, además, una lógica estacional. El ventilador que ha funcionado casi cada noche acabará (afortunadamente) pronto en el armario y la nevera ha soportado semanas de sandías, bebidas, horchatas y recipientes entrando y saliendo. Es la hora de actuar.
Este electrodoméstico ha sido uno de los grandes trabajadores del verano y probablemente también uno de los más olvidados a la hora de limpiar. El final de temporada es un buen momento para desenchufarlo y retirar el polvo de rejillas y aspas antes de guardarlo. Atención: no hace falta guardarlo todavía, ya que si quedan noches tropicales se puede continuar usando, pero sin arrastrar todo julio encima.
Sucede algo similar con el aire acondicionado. Después de semanas de uso intensivo, el final del verano es un momento lógico para revisar sus filtros. Es uno de esos trabajos invisibles: no transforma visualmente una habitación, pero forma parte del mantenimiento habitual de un aparato que ha trabajado durante muchas horas.
Polen, polvo, insectos y suciedad exterior se van acumulando mientras casi nadie presta atención. Las mosquiteras son precisamente uno de los elementos que más sentido tiene limpiar al final del verano. Es también el momento de comprobar si hay pequeños agujeros o zonas despegadas.
Las ventanas, persianas y marcos acumulan durante meses una mezcla poco glamurosa de polvo, contaminación, restos de insectos y suciedad exterior. En verano, además, se manipulan constantemente para intentar mantener la casa fresca. Una limpieza a fondo de las lamas permite llegar al otoño con este trabajo resuelto.
Pocas cosas cambian tanto de personalidad según la estación como un frigorífico. En verano se llena de fruta, botellas, jarras, hielo, recipientes con medio melón, salsas abiertas y restos de comidas improvisadas. El final de agosto, cuando el frigorífico está vacío, es una buena ocasión para revisar fechas, retirar alimentos olvidados, caducados o repetidos y limpiar estantes, cajones y paredes interiores.
El congelador merece capítulo aparte. A finales de verano puede conservar helados que nadie quiere, cubitos de hielo con sabor a gamba, bolsas de guisantes o croquetas empezadas y preparaciones congeladas antes de irse de vacaciones que ya no sabemos de dónde vienen. Es un buen momento para revisar su contenido, ordenarlo e identificar qué conviene consumir próximamente, también para descongelarlo si es necesaria una limpieza más a fondo.
La despensa acostumbra a parecer ordenada hasta que se saca todo. Es entonces cuando aparecen paquetes abiertos, migas, productos duplicados y alimentos que habían desaparecido visualmente detrás de una hilera de botes. También salen a flote pequeñas invasiones de polillas y salsas caducadas sin abrir.
Durante el verano, lo más probable es que el horno haya trabajado mucho menos, precisamente porque encenderlo con casi 40 grados afuera suena a despropósito. Sin embargo, esta tregua lo convierte justamente en un buen candidato para una limpieza antes de recuperar gratinados, asados y recetas más largas.
Largamente abandonada hasta que se nos presenta con una condensada gota de grasa a punto de caer, la campana es una metáfora de la acumulación de suciedad en la cocina. El final de agosto ofrece una buena excusa para revisar los filtros, limpiar la superficie y comenzar la temporada de cocina más intensa con el extractor en condiciones.
El filtro, las juntas, los brazos aspersores y los rincones interiores pueden acumular restos de comida. Es necesaria una revisión periódica para mantener el aparato en buenas condiciones y ajustar parámetros como la sal.
Toallas de playa, bañadores, ropa sudada, sábanas y equipajes que vuelven de vacaciones. La lavadora tampoco ha tenido precisamente un verano sabático, así que a finales de agosto se puede aprovechar para limpiar el cajón del detergente y revisar la goma de la puerta antes de que empiecen a ponerse negras de moho. También conviene poner algún programa de limpieza del tambor, especialmente si se detectan malos olores o humedad persistente.
El verano también deja rastro en el dormitorio en forma de grandes sudores y polvo que ha entrado de fuera. Ahora es un buen momento para lavar protectores y fundas y tratar el colchón con una limpieza intensa que lo deje a punto para el otoño.
Puede parecer absurdo pensar en el edredón con treinta grados en la calle, pero precisamente esa es la gracia. Lavar ahora las prendas de abrigo permite tenerlas preparadas antes de la primera bajada repentina de temperaturas. Además, se secan en un abrir y cerrar de ojos. Lo mismo pasa con almohadas, mantas y fundas.
Debajo del sofá se esconden migas, monedas, piezas pequeñas, mandos perdidos y objetos que nadie sabía que faltaban. Ahora es buen momento para retirar cojines, fundas, aspirar las zonas accesibles y limpiar la tapicería en la lavadora, en seco o con productos específicos.
Durante meses han estado prácticamente decorativos. Pero antes de que llegue el momento de encender la calefacción conviene retirar el polvo acumulado en el exterior y en la parte trasera para evitar tener que descubrir el polvo justo cuando comienza la temporada de calefacción.
Sandalias, alpargatas, bolsos, neveras portátiles y otros supervivientes de playa pueden acumular arena hasta en lugares que desafían las leyes de la física. Limpiarlos antes de guardarlos evita convertir el armario en una extensión involuntaria de la costa.
Llegar de vacaciones, vaciar la maleta y empujarla hasta el fondo del armario es tentador. Aspirar su interior, limpiar ruedas, asas y superficies y dejarla completamente seca antes de guardarla cuesta poco comparado con tener que hacerlo cinco minutos antes del próximo viaje.
Hay una última categoría que casi siempre queda fuera de las listas: las cosas con las que limpiamos. Los cepillos acumulan cabellos y fibras; los filtros y depósitos de las aspiradoras necesitan mantenimiento; cubos, bayetas y fregonas también se deterioran. Revisarlos permite empezar septiembre con herramientas en condiciones y sustituir solo aquello que realmente se ha estropeado. Limpiar toda la casa con un utensilio sucio tiene algo de círculo vicioso.
Algunas tareas requieren diez minutos; otras, un rato largo y una lavadora de por medio, por eso es más razonable repartir las faenas entre el final de las vacaciones y los huecos libres que nos deje la vuelta a la rutina. Quedan cenas fuera, ventanas abiertas, ventiladores en funcionamiento y probablemente alguna última escapada, pero sí que es el momento de empezar a sacar de casa el rastro del calor que hemos pasado y sentirnos preparados para afrontar una nueva era.