El triunfo de los narcisistas puede apreciarse especialmente en el ámbito político. Trump, Milei, Maduro, Putin... la lista es larga y, en estos casos, Víctor Amat habla de personajes "que son fácilmente diagnosticables como narcisistas". Añade que, en política, y muy especialmente en los populismos, la manipulación está a la orden del día: "El populismo es el marketing puro aplicado a la política, en la que yo soy capaz de hacerme eco de la queja más sonora de la población, vender una solución sencilla para esta queja y focalizar todos los males sociales en esta queja". ¿Y por qué funciona? "Porque es un discurso sencillo y porque la persuasión juega con la emoción, y la emoción siempre gana a la razón. Lo único que podemos hacer para combatir esto, y ésta es mi lucha, es ayudar a la gente a tener un pensamiento crítico".
¿Por qué los narcisistas siempre se salen con la suya?
Hablamos con expertos para conocer las herramientas para contrarrestar el poder de persuasión de los narcisistas y saber utilizar en positivo esta capacidad de captar la atención
BarcelonaQuizás sin saberlo, nos pasamos media vida rodeados de personas con un comportamiento narcisista, gente que es capaz de conseguir siempre lo que se propone gracias a su dominio del arte de la persuasión, una habilidad que suele hacerlas irresistibles pero especialmente manipuladoras. De este perfil habla en su último libro, con el tono gamberro pero preciso y reflexivo que le caracteriza, el psicólogo Víctor Amat, que, en Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible (Vergara), se propone dar a los lectores herramientas para poder combatir a los narcisistas con sus propias armas. Amat explica que el libro es fruto de su experiencia profesional como profesor de técnicas de persuasión para profesionales sanitarios y de las demandas de los pacientes que acuden a su consulta quejándose de que se han encontrado, en el trabajo o en el ámbito personal, con un narcisista. Su objetivo, afirma, es que puedan entender y aplicar la persuasión en la vida cotidiana, pero sobre todo "cómo utilizarla para hacer el bien". Y aquí quiere diferenciar "el narcisista de lo que sería un narcisista malintencionado": "Yo creo que todos tenemos un puntito narcisista; por tanto, lo importante es distinguir cuál es la intención de la persona", dice. Asegura que lo relevante es aprender de estas personas para protegerse y mejorar, y ve la persuasión como un escudo y como un arma. Porque todos hemos sido engañados por personas encantadoras en algún momento de nuestra vida.
Egoísta, narcisista, maquiavélico o psicópata. Saber dónde está el límite no siempre es fácil porque, como explica el psicólogo, "no todo es blanco o negro, y cuando hablamos de problemas psicológicos y emocionales siempre hablamos del contexto, del aprendizaje, de cómo aquella persona se ve limitada en este problema y de cómo este problema afecta a los demás. Que una persona sea más o menos narcisista no es un problema, siempre que no perjudique a los demás". ¿Y el narcisista es consciente de que lo es? "No. A priori, ser narcisista no implica necesariamente ser una persona malintencionada, aunque también la hay. Fijémonos en Trump y Putin, por ejemplo. El primero es un narcisista y un megalómano. Destaca por su habilidad para captar la atención y persuadir a los demás a culpar a sus masas. factible que te lo hagas tuyo. Putin, en cambio, tira más hacia el perfil psicópata; A grandes rasgos, algunas de las características del narcisismo son la grandiosidad y la necesidad de admiración, la falta de empatía y la explotación de los demás en las relaciones interpersonales o la envidia y la actitud arrogante como comportamientos comunes. Y si Trump es un ejemplo del denominado narcisismo grandioso, existe también lo que se conoce como narcisismo encubierto, mucho más común y también más peligroso incluso para quien lo sufre, ya que son personas que se ven a sí mismas como víctimas y que manipulan a los demás para captar su atención.
Narcisismo en la era digital
En la era de atención, exposición y apariencia, el psicólogo alerta de cómo la sociedad actual premia la capacidad de captar la atención, incluso en el ámbito educativo, donde se refuerzan las habilidades de presentación por encima del conocimiento. En este sentido, se reafirma en que, al final, "esta persuasión es una herramienta que si es utilizada de una manera benévola, pues está bien. El problema es que a menudo la persuasión se utiliza con una voluntad muy egoísta de procurar que la gente vaya exactamente hacia dónde yo quiero, y de ahí la pátina negativa que arrastra". Y añade una reflexión: "Es absurdo pensar que la gente no debería ser narcisista o manipuladora en un mundo, precisamente, en el que el narcisismo está premiado. Solo tenemos que ver a las personas que destacan". En este sentido, y teniendo presente esta realidad en la que predominan perfiles de personas egocéntricas y egoístas, apuesta por no posicionarse como víctimas sino por luchar con las mismas armas. "Si todos juntos nos bañamos en una piscina de narcisismo, pues coi, tendremos que aprender a nadar. Cuando te relacionas con personas así, ya sabes cómo son y pretender que sean diferentes es absurdo. O te alejas o aprendes a hablar su idioma". La clave, pues, está en saber detectar estos comportamientos y obtener herramientas para hacerle frente, si es que queremos hacerle frente.
¿Y por qué los narcisistas suelen ser personas triunfadoras? "Principalmente porque, en contra de lo que pueda pensarse, uno de sus grandes talentos es que saben escuchar, darse cuenta de las dificultades del otro y aprovechar esta información para mejorar su futuro". Sin embargo, en demasiadas ocasiones el peligro es que saquen un rendimiento partidista y egoísta, por eso el psicólogo recomienda que cuando tratemos con este tipo de personas no perdamos de vista nuestros objetivos. Si entramos a discutir sin tenerlos presentes tendremos las de perder seguro, porque ellos nunca se desviarán de su objetivo final.