Fotografiar una Nueva York difuminada y nueva a los ojos de la observadora
Nos sumergimos en un recorrido por la niebla casi estructural del invierno de la ciudad de los rascacielos
Nueva YorkCon el frío Nueva York se transforma en un sitio nuevo, donde el silencio gana espacio y los referentes se vuelven imprecisos. La niebla, densa y blanca, llega poco a poco, sin apenas ser percibida, y se extiende por la ciudad como un velo. Disuelve su identidad y la vuelve anónima, como si la ciudad dejara de reconocerse a sí misma. Sólo queda una suerte de calma en el aire, extraña y frágil, que suspende el tiempo. En estas imágenes no hay prisas ni ruido, ni el acelerado ritmo que habitualmente define la ciudad. El movimiento se ralentiza, las distancias acortan, y todo parece quedarse en pausa. El ritmo habitual parece haberse detenido. La ciudad se aleja de sí misma por unos instantes y se convierte en un paisaje vulnerable, casi irreal, como si pudiera desaparecer en cualquier momento, absorbida por la niebla.