Medio Ambiente

8 espectaculares saltos de agua que reviven con las lluvias

Cataratas y corrientes han cobrado nueva vida con los últimos episodios de lluvias. Le animamos a visitarlos antes de que se sequen de nuevo

El agua brota en el Pla de Martís en dirección al salto.
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GeronaLas lluvias obstinadas de las últimas semanas han reavivado magníficos saltos de agua que no rayaban desde hacía años y también han rellenado y puesto al máximo de capacidad embalses, como Sau y Susqueda y, muy especialmente, el de Darnius, en el Alt Empordà, hasta hace poco el más sediento de todos. El agua caída con generosidad ha vuelto a dibujar ríos y rieras llenas con una vitalidad que todavía perdura. Hagamos un repaso a algunos saltos de agua, la mayoría efímeros, que todavía se podrán visitar durante algunos días. Estos fenómenos naturales se producen por ríos o rieras que chocan con un desnivel, con una herida antigua del terreno donde la roca dura resiste y el adobe cede. Cuando el caudal crece, como en los últimos días, el salto se revela con toda su fuerza y ​​belleza.

El torrente de agua fresca que baja junto al mar en Cala Sabolla de Cadaqués.
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Cala Sabolla

Cadaqués (Alt Empordà)

En la pequeña y paradisíaca playa de Sa Sabolla, situada al sur de la bahía de Cadaqués, cerca del Faro de Cala Nans, desemboca, con una fuerza espectacular en épocas de lluvias abundantes, la acequia Fondo. El arroyo desciende desde la cima de la roca de pizarra de desnivel pronunciado que rodea la playita y, cuando va lleno, suelta su agua dulce al mar. Es un espectáculo insólito que vale la pena contemplar en las ocasiones en las que se produce gracias a la abundancia de lluvias.

Un torrente de agua baja estos días a ras de agua en Cala Sabolla de Cadaqués, camino del faro de Cala Nans.

Pero Sa Sabolla tiene un encanto especial aunque la acequia Fondo esté seca. Su acceso no es fácil. A pie se llega después de una larga caminata desde el núcleo de Cadaqués en dirección sur. Desde Sa Conca hay que subir un camino empinado que transcurre entre antiguos viñedos y muros de piedra seca y que regala vistas imponentes sobre la bahía de Cadaqués. Antes de llegar al faro de Cala Nans, la cala sa Sabolla, de aguas cristalinas y arena de cantos rodados, invita a una visita a pesar de que sea necesario descender por un sendero de mal transitar y de profundo desnivel.

Salto de la Gorga, al inicio de la carretera en Port de la Selva desde Perafita.
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Salto de la Gorga

Port de la Selva (Alt Empordà)

Desde la montaña del Pení, en el Cap de Creus, la riera de Romanyac baja hacia Perafita y en un acantilado situado entre Cadaqués y Port de la Selva suelta su agua en un impresionante salto de unos 260 metros. Se trata del Salto de la Gorga, que queda escondido entre frondosa vegetación y que muestra su máxima espectacularidad en épocas de lluvias de primavera u otoño. Para poder ver de cerca el Salto de la Gorga hay que tomar la carretera que va a Port de la Selva desde Perafita ya la altura del km 1, caminar unos pocos metros hasta llegar al vertiginoso acantilado. El ruido del agua ayuda al visitante a encontrar el salto de agua y disfrutar de un espectáculo muy recomendable.

Salto del Timbarro, en Sarrià de Ter.
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Salto del Timbarro

Sarrià de Ter (Gironès)

En pleno valle de Xuncla, en el municipio de Sarrià de Ter, se esconde en el bosque el salto de Timbarro, una especie de oasis a pocos kilómetros de la ciudad de Girona. Se trata de un punto de la riera de Xuncla donde el curso del agua choca con un fuerte desnivel de rocas y se precipita con fuerza alimentando una garganta rodeada de vegetación. Muchos gerundenses descubrieron este salto cuando el confinamiento por la pandemia de cóvido tocaba al fin y permitía paseos en horarios restringidos. Hoy ya es un espacio más conocido y visitado, pero todavía se puede disfrutar a menudo sin multitudes del estruendoso sonido que hace el agua al caer.

Salto de la Caula, en las Escaules.
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Salto de la Caula

Les Escaules (Alt Empordà)

El salto de agua de la Caula, en Les Escaules (Alt Empordà), consagrado por la mirada de Marcel Duchamp y de otros artistas, es estos días un goteo constante de visitantes que se acercan atraídos por el rumor poderoso y la blancura del agua precipitándose con una fuerza casi desbordada. La ventaja de este salto, situado junto a un antiguo bar-restaurante, es su facilidad de acceso. El agua proviene de las montañas y cae a la Muga. A estas alturas, el salto aún mantiene un caudal vivo y generoso. El paraje acogía hasta hace poco La Muga Caula, un encuentro de poesía de acción y performance que transformaba el salto en un escenario vivo. Era una cita de alcance internacional que conmemoraba la visita que Marcel Duchamp dio al salto de la Caula, inmortalizada en una fotografía que se ha convertido en casi fundacional. Sabe mal la desaparición de La Muga Caula, que se había consolidado como un espacio de intercambio artístico, donde la palabra, el gesto y el cuerpo dialogaban con el agua y la roca. Quizás revivará pronto como el salto de agua.

Salto de Martís, en el Pla de l'Estany.
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Salto de Martís

Esponellà (Pla de l'Estany)

El Salt de Martís es una de las cataratas más espectaculares del Pla de l'Estany y una visita muy recomendable, siempre que se elija bien el momento adecuado. La mayor parte del año el saltante permanece seco, pero estos días el agua que brota del hoyo o lago de Espolla, un fenómeno natural intermitente que sólo se activa tras episodios de lluvias abundantes, le ha devuelto toda su fuerza y ​​viveza. El estanque se llena gracias al agua que circula de manera subterránea y superficial por la acequia de Espolla hasta precipitarse, de repente, en el Salt de Martís. El lugar es sombrío, fresco y cubierto de una vegetación exuberante, con rocas tapizadas de musgo que le dan un aire casi de cuento de hadas. Y eso por no hablar de los triops, una de las especies vivientes más antiguas del planeta. Son unos crustáceos que ponen huevos capaces de sobrevivir a largas sequías y revivan con el agua. El salto salva un desnivel de cerca de 80 metros a poca distancia. El espacio dispone de miradores, pasarelas de madera, escaleras y paneles informativos. En caso de que brote en primavera o verano, el baño no es recomendable por la fuerza del agua y el espacio reducido, pero antes del saltante hay rincones tranquilos donde refrescarse.

La poza de las Brujas o de Malatosca, en Sant Joan de les Abadesses.
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Gorg de las Brujas

San Juan de las Abadesas (Ripollès)

La excursión a la poza embrujada de Malatosca, en el valle del Ter, es un paseo corto y accesible que permite sumergirse en un entorno de bosque frondoso y un paisaje cautivador. Esta poza, formada por el agua de la Malatosca, afluente del río Ter que nace en la Sierra Cavallera, impresiona tanto por su fuerza como por su encanto misterioso. Desde la explanada se puede ver el salto de agua y, más arriba, el antiguo Molí de Malatosca, mientras una pequeña zona de picnic invita a disfrutar de la naturaleza con calma. El lugar también está rodeado de leyenda: se le llama poza de las Brujas, porque según la tradición local, antiguamente las brujas se reunían. Una leyenda popular explica que las brujas necesitaron una matrona y recompensaron sus servicios con lentejas que, una vez lanzadas con enfado por la mujer, se convirtieron en oro al día siguiente. La poza embrujada de Malatosca combina una belleza natural secreta pero acogedora con una aproximación a la cultura popular y se convierte en una buena escapada que estimula la imaginación de los niños.

El salto de la Olla.
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Salto de la Olla

Valle de Bas (Garrotxa)

Escondido en el corazón del Valle de Bas, en la Garrotxa, el salto de la Olla es una de las joyas naturales más espectaculares del norte de Cataluña, aunque el acceso no es sencillo. Su caída, de unos 30 metros, se vierte en una gorga profunda rodeada de bosque, con forma de olla, de donde recibe el nombre. El agua que lo nutre proviene del torrente del Puig, afluente del río Fluvià, y después de días de lluvia el salto se transforma en un espectáculo hipnótico donde el bosque y el agua dialogan con armonía. La excursión hasta el salto exige estudiar los detalles de la ruta o ir acompañado por alguien que conozca el lugar. Ahora bien, la recompensa es inmensa: desde el borde del salto, la verticalidad del agua contrasta con la quietud del bosque y crea un paisaje casi cuento o escenario de película. Los robles, hayas y pinos que rodean el valle aportan sombra y frescura. El salto de la Olla es mucho más que una cascada: es un lugar para dejarse cautivar por la naturaleza salvaje, para escuchar el murmullo del agua y perderse en la belleza serena del bosque. Cuando el caudal disminuye, el salto puede parecer más discreto pero estos días ruge con toda su fuerza. Es una escapada que muestra toda la fuerza del paisaje volcánico de la Garrotxa.

El salto de la Mujer de Agua, en Arbúcies.
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Salto de la Mujer de Agua

Arbúcies (Selva)

La singularidad de este salto de agua de Arbúcies ha alimentado leyendas a lo largo del tiempo. Dicen que, entre los pliegues de la naturaleza, todavía habitan mujeres de agua y otros seres fantásticos nacidos entre los arroyos y la niebla. Escondido en la riera de la Pineda, el salto de la Mujer de Agua se despliega en tres caídas sucesivas, encajonadas entre rocas milenarias que resaltan su belleza serena. No es un salto de gran altura, pero cautiva con un encanto sutil y persistente. Las mujeres de agua, ninfas aladas de la tradición popular, habitaban supuestamente los arroyos y las rieras, y velaban silenciosas por el curso del agua. La cama arenosa de la riera invita al caminante veraniego a descalzarse y avanzar lentamente hasta el salto, donde el agua se arremansa en una pequeña garganta cristalina. Aquí, el tiempo parece detenerse, y los pies en remojo se convierten en un gesto íntimo de comunión con el paisaje. Varias gargantas que se forman a lo largo de su recorrido se alimentan de las aguas de la riera de Arbúcies, uno de los tesoros más preciados del Parque Natural del Montseny, reconocido como Reserva de la Biosfera.

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