(Des)cubrimiento

El fortín gerundense cargado de historia que cae a pedazos entre la maleza

Los vecinos se quejan de que el castillo de Montjuïc de Girona se encuentra en estado ruinoso y el Ayuntamiento prepara un plan para restaurarlo a partir del año que viene

22/05/2026

GironaEste fin de semana, coincidiendo con la recta final de Temps de Flors, el castillo de Montjuïc de Girona recibió una ofrenda floral. La llevaron los vecinos de este barrio, alzado sobre una colina en la entrada norte de la ciudad, lejos del bullicio del centro. No eran, sin embargo, para decorar y embellecer, sino un acto de protesta por el mal estado de la fortaleza, ya que, aunque es considerada bien cultural de interés nacional (BCIN), se encuentra en estado ruinoso: las piedras se desmoronan, la maleza crece, está lleno de grafitis y de suciedad. Los vecinos a duras penas lo pisan y se ha convertido en punto de encuentro de incívicos.

Para hacer oír sus quejas, los vecinos se han constituido bajo la plataforma Salvem el Castell, que agrupa a más de un centenar de personas y ya ha presentado dos instancias al consistorio. El principal impulsor es Ricard Camó: "Tenemos un patrimonio que se está desmoronando y nadie hace nada. En las próximas elecciones queremos que todos los partidos expliquen qué plan tienen para el castillo", afirma. El fortín, a 219 metros de altitud, tiene una planta cuadrada, de unos 160 metros a cada lado y cuenta con cuatro torres de vigilancia, murallas, foso, puertas de entrada, la

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caserna, el patio de armas y los alojamientos para más de 700 soldados. Ofrece una vista privilegiada de la llanura gerundense, con toda la ciudad a sus pies y el Rocacorba de fondo.

"Montjuïc es un barrio de Girona, no una urbanización"

Desde la entrada de la democracia, sin embargo, ningún gobierno municipal, ni socialista ni convergente, ha tomado la iniciativa para restaurarlo y convertirlo en un polo activo y abierto a la ciudadanía. "En Girona consideran Montjuïc como una mera urbanización, pero somos un barrio del que podrían disfrutar todos los gerundenses. En el resto de la ciudad no saben nada del castillo. Solo que está allí arriba y reducen Montjuïc a una montaña donde antes había barracas y charnegos y ahora pijos y chalets, pero somos mucho más que eso", argumenta Camó.

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Ante estas reclamaciones, el Ayuntamiento asegura que ya se están haciendo tareas de mantenimiento en los caminos respetando que la vegetación pueda crecer con libertad. Con todo, admiten que hace treinta años que no se actúa sobre las piedras y que, para enmendar este agravio, están preparando un plan director para el año que viene. El consistorio asegura que tiene reservada una partida de inversiones de más de un millón de euros (que requerirá la participación de otras administraciones) para poder actuar sobre este BCIN y garantizar su preservación. 

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Los vecinos piden que el plan arquitectónico municipal contemple la limpieza integral de árboles y malas hierbas y convierta el castillo en un espacio de vida comunitaria con actividades culturales y lúdicas. Se miran en la intervención que se ha hecho en el castillo de Sant Ferran de Figueres o en el de Hostalric. También proponen instalar placas informativas que expliquen la historia del barrio y de este yacimiento.

De fortín para protegerse de los franceses a campamento de barracas

Los primeros documentos históricos dejan constancia de que, durante la guerra de los Segadores, en el siglo XVII, se construyó una pequeña fortificación en la montaña norte de la ciudad para protegerse de las invasiones francesas, el principal enemigo de la época. Inicialmente, era un fortín precario, pero con los años se fue convirtiendo en un baluarte estratégico que tuvo protagonismo en conflictos como la guerra de Sucesión o la Guerra del Francés, entrado ya el siglo XIX.

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Todo esto hasta que, a partir de 1957, durante el franquismo, el castillo, ya abandonado de sus tareas militares, se transformaron en un campamento de barracas de piedra adosadas donde se estableció la población inmigrante llegada del resto del Estado. Vivieron allí unas 3.000 personas. Una de ellas es el abogado Ramon Llorente, que pasó allí los primeros años de su vida: "A pesar de todos los problemas que teníamos, sin agua, luz ni caminos adecuados para bajar a Girona a trabajar en las fábricas, vivíamos felices. Estábamos bien avenidos y era como un anexo de Andalucía, al margen de la ciudad en el aspecto económico y cultural", recuerda. Y, sobre la dejadez en que se encuentra el yacimiento, comenta: "Es lamentable que desde que lo adquirió el ayuntamiento en 1984 haya sido un olvido permanente".

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En 1967 se aprobó el plan para urbanizar Montjuïc y el 24 de diciembre de 1971 se derribó la última barraca. Las familias fueron realojadas en Vila-roja y en barrios como Germans Sàbat, Pont Major o Salt. Ahora, cada mes de septiembre se reúnen en el castillo para celebrar una fiesta. Este año será la vigésima edición del encuentro.