Inmigración

Calles vacías y negocios cerrados: miles de migrantes huyen de Sudáfrica, atemorizados por la violencia

Miles de personas abandonan el país o esperan ser repatriadas después de semanas de amenazas, agresiones físicas y una escalada de tensión xenófoba

30/06/2026

Miles de migrantes amontonados alrededor de sacos de plástico, cajas y bolsas de basura con las pertenencias que han podido rescatar, y mujeres escondiendo a los bebés bajo las mantas. Esta era la imagen de las últimas semanas de un campamento de una ciudad de Sudáfrica después de que activistas antiinmigración pidieran a los extranjeros sin documentación que marcharan del país antes del 30 de junio. Una imagen que se contrapone a la de este martes: calles vacías, negocios con la persiana bajada, estaciones de transporte desiertas y una fuerte presencia policial. Así es como se han despertado varias ciudades sudafricanas en una jornada marcada por las manifestaciones convocadas por el grupo antiinmigración March and March y el partido de la oposición ActionSA, los cuales han fijado el 30 de junio como fecha límite para que los inmigrantes irregulares abandonen el país.

Las protestas se han convocado en ciudades como Durban, Johannesburgo o Pretoria, mientras miles de inmigrantes esperan poder salir del país ante el temor de que se produzcan nuevos episodios de violencia tras la ola de ataques xenófobos. Durante las últimas semanas, miles de ciudadanos, principalmente procedentes de Malaui, Mozambique, Zimbabue o Nigeria han abandonado sus casas y se han concentrado en campamentos improvisados o ante consulados y oficinas de inmigración a la espera de ser repatriados. Según explican diversos testimonios recogidos por The New York Times y la BBC, muchas familias han huido tras recibir amenazas directas o de sufrir agresiones físicas en sus barrios. Mozambique ha informado de la muerte de al menos siete ciudadanos en relación con la violencia xenófoba, y Uganda, por su parte, también ha confirmado la muerte de uno de sus nacionales en un ataque.

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Una mujer malauí de 36 años residente en Durban ha relatado a la BBC que un grupo de hombres con armas y machetes se presentó en su casa para exigirles que se marcharan del país. Durante el ataque, su marido resultó herido en la cabeza y en el cuello, y tuvo que ser hospitalizado. "Le sujetaban el cuello como si quisieran matarlo", detalla Esnat Joseph. Otros inmigrantes denuncian intimidaciones puerta a puerta, insultos, destrucción de negocios y agresiones físicas. Incluso personas refugiadas legalmente reconocidas aseguran que también han sido perseguidas, increpadas o que les han exigido mostrar los papeles por la calle.

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Problemas estructurales, saturación de los servicios e inseguridad

Sudáfrica es la nación más rica del continente y con la economía más desarrollada. Este es precisamente el polo de atracción de los ciudadanos de países más pobres. El peso demográfico de los migrantes, sin embargo, es muy bajo: las últimas cifras muestran que Sudáfrica acoge a unos tres millones de extranjeros, aproximadamente el 5% de la población.

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Los convocantes de las protestas niegan que el movimiento sea xenófobo. Aseguran que su reivindicación se centra exclusivamente en la inmigración irregular y acusan al gobierno de no aplicar la legislación vigente. La elevada inmigración irregular agrava, según estos grupos, problemas estructurales como el paro, la saturación de los servicios públicos o la inseguridad. Según Statistics South Africa, Sudáfrica tiene una de las tasas de paro más altas del mundo, con un 32,7%.

Los manifestantes insisten en que la movilización de este martes pretende presionar al gobierno para que endurezca el control migratorio. "Lo que estamos haciendo hoy no solo es importante para nosotros, sino también para las futuras generaciones de este país", ha señalado el ciudadano Thabo Mhlongo a la prensa sudafricana de Durban. "No somos xenófobos. No odiamos a los africanos", ha declarado Tumisang Mabula, otro manifestante, en Pretoria, la capital.

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"Alerta máxima" ante las protestas antiinmigración

En medio de esta nueva jornada de protestas contra los inmigrantes que residen en el país sin documentación, la policía de Sudáfrica está en "alerta máxima". El gobierno sudafricano ha anunciado "una fuerte presencia policial", especialmente en las zonas consideradas más conflictivas, como las provincias de KwaZulu-Natal, en el este del país, y Gauteng, en el norte. El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, ha reiterado que la inmigración irregular es una preocupación legítima para muchos ciudadanos y ha admitido la necesidad de reformar el sistema migratorio, pero ha advertido que ninguna protesta puede justificar amenazas, intimidaciones o actos de violencia.

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En una carta dirigida a la población, Cyril Ramaphosa ha admitido que los sudafricanos han expresado su "profunda preocupación" por la inmigración ilegal, la gestión de fronteras, la presión sobre los servicios públicos, las organizaciones criminales que se aprovechan del sistema de inmigración y el impacto que estos desafíos tienen en las comunidades. "Estas preocupaciones son reales y merecen ser escuchadas", ha afirmado Ramaphosa, y ha añadido que "el derecho a manifestarse está consagrado en la Constitución". Ahora bien, también ha señalado que el derecho a manifestarse y la libertad de expresión "no permiten amenazar o intimidar a otras personas, ni cometer actos de vandalismo o violencia". El presidente sudafricano también ha aprovechado el comunicado para recordar que muchas personas extranjeras residen legalmente en el país, trabajan, estudian y contribuyen a la economía sudafricana.

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Miles de personas esperan abandonar el país

El temor a posibles represalias ha provocado una movilización sin precedentes de los consulados de varios países africanos. Países como Zimbabue, Ghana, Nigeria y Malaui han repatriado a cientos de ciudadanos, y otros como Kenia y Lesoto han emitido alertas de seguridad para sus ciudadanos residentes en Sudáfrica.

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Solo en Durban, miles de malauíes han pasado días o semanas alojados en campamentos temporales mientras esperaban ser procesados antes de subir a los autobuses de regreso a su país de origen. Algunos testimonios explican que se marchan sin quererlo, pero que ya no se sienten seguros en Sudáfrica después de la escalada de violencia.

La mayor crisis del país en los últimos años

Lo cierto es que la actual situación, aunque más grave, no es nueva. Las tensiones xenófobas contra migrantes africanos son un problema recurrente en el país, con diversas oleadas de protestas violentas que afectan especialmente a los barrios más vulnerables. El caso más grave se produjo en 2008, cuando una oleada de ataques xenófobos causó la muerte de más de sesenta personas y obligó a miles de residentes extranjeros a abandonar el país. Posteriormente, se registraron nuevos episodios en los años 2015, 2016 y 2019, año en que murieron 18 extranjeros, según datos de la ONG Human Rights Watch (HRW).