Paro juvenil, pobreza rural y desconexión política: así es el otro Marruecos que el gobierno quiere ocultar

La crisis de Ceuta subraya la desesperación de los jóvenes marroquíes que optan por emigrar ante las pocas perspectivas de futuro

Protestas en Rabat, Marruecos, el 5 de octubre.
03/08/2026 - 08:17 h.
4 min

Por mucho que el régimen marroquí se esfuerce en proyectar una imagen de modernidad y progreso de cara al mundo, la realidad es terca y puede hacer acto de presencia en cualquier momento. Hace cerca de un año, las grandes protestas juveniles del grupo GenZ 212 ya evidenciaron el profundo malestar de la juventud. La organización de la Copa de África de Naciones, de fútbol, el pasado diciembre, sirvió para desviar la atención de los problemas sociales y lucir los nuevos estadios, que serán el escenario del Mundial 2030. Pero la actual crisis migratoria ha vuelto a poner de manifiesto que hay un Marruecos, atrasado y desesperanzado, muy diferente al oficial. Si en algo ha sobresalido el makhzen, nombre con el que se conoce al conjunto de consejeros del monarca y la red de intereses creada a su alrededor, es en saber vender el país al exterior, a menudo con la ayuda de lobis extranjeros y un buen puñado de billetes. Solo hay que recordar el escándalo del mal llamado Qatargate, es decir, el soborno de diputados y altos cargos de Bruselas para que defendieran los intereses de un país extranjero en las instituciones europeas. Mal llamado porque, de hecho, Doha se limitó a utilizar una red de políticos y funcionarios corruptos creada por Marruecos. Por eso, la trama se debería haber bautizado como el Marrocgate.La narrativa que venden es la de un país moderado y estable políticamente en una región, el mundo árabe, que es un auténtico polvorín desde hace décadas. Además, señalan el crecimiento económico del país, con una media los últimos años de un crecimiento del 5% del PIB, y la construcción de grandes infraestructuras, como el nuevo puerto de Tánger o el crecimiento de las líneas del tren de alta velocidad. A escala internacional, presumen de su alianza renovada con los EE. UU. de Trump. En línea con este reforzamiento de su proyección internacional, Rabat está llevando a cabo una modernización muy costosa de su ejército –o una auténtica carrera armamentista con Argelia–, ya que su presupuesto ha pasado de cerca de 5.000 millones de euros en 2023 a unos 7.000 millones este año. Ahora bien, todas estas cifras y argumentos no pueden ocultar la existencia de otro Marruecos: el de los hogares precarios que derribó el terremoto de Marrakech de 2023, el de la pobreza extrema de las zonas rurales, el de unos servicios públicos en decadencia, o el del 30% de jóvenes con un título universitario que no encuentran trabajo y que han dejado de creer en la movilidad en su país. Es de este Marruecos nada glamuroso, del cual querían huir las decenas de miles de jóvenes que entraron en Ceuta, muchos de ellos arriesgando la vida. Esta desconexión es tan evidente que incluso Mohamed VI la ha reconocido en sus últimos mensajes, en los cuales se ha comprometido a colaborar con el gobierno para poner fin al “Marruecos de las dos velocidades”. La omnipresencia política del rey

En un país democrático, todas estas carencias se deberían poder abordar en las elecciones, pero en el país norteafricano cada vez menos ciudadanos ven las urnas como una posible palanca de cambio. Todos los partidos de la oposición que han ganado las elecciones con promesas de reformas sociales profundas, como los socialistas de la USFP o los islamistas del PJD, se han estrellado con un mismo obstáculo: el makhzen. Marruecos no es una monarquía parlamentaria como el Reino Unido o España, sino una monarquía ejecutiva, lo que quiere decir que el rey, a menudo a través de sus consejeros, tiene un derecho de veto en todos los ámbitos de la vida política. Y esto se traduce en la ausencia de cualquier tipo de política de redistribución de la riqueza mínimamente ambiciosa.Por esta razón, tanto el USFP como el PJD vieron cómo, después de que uno de sus líderes ostentara el cargo de primer ministro sin hacer ningún cambio sustancial, las urnas los castigaban con dureza y los convertían en partidos marginales. Una vez neutralizados los partidos de la oposición moderada al régimen, en las últimas elecciones generales, en septiembre de 2021, se impuso el RNI, liderado por Aziz Akhannouch, uno de los hombres más ricos del país y amigo íntimo de Mohamed VI.Para variar, Akhannouch no ha estado a la altura de las expectativas, si bien, en su caso, las promesas, más que de cambio político, estaban más enfocadas a la eficiencia en la gestión. Una vez amortizada su figura, no se presentará a la reelección en las elecciones del próximo 23 de septiembre. Todo parece indicar que el candidato del makhzen este vez será Fouzi Lekjaa, actual ministro de Presupuesto y presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol, el hombre encargado de organizar el Mundial de 2030, que Marruecos compartirá con España y Portugal.  Habrá que ver si los éxitos de la selección marroquí de fútbol son capaces de arrastrar a los marroquíes a las urnas y catapultar a Lekjaa hacia la victoria. Muchos analistas son escépticos y auguran una abstención de récord. En los anteriores comicios, solo un 50% de los electores ejerció su derecho de voto, según las cifras oficiales. La cifra fue aún más baja en las zonas urbanas, donde el clientelismo es más débil. Los jóvenes, en lugar de votar, prefieren emigrar. 

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