La gloria que Florentino Pérez no ha podido comprar
El 7-0 del clásico femenino demuestra que con el dinero no hay suficiente para hacer un proyecto ganador
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BarcelonaEn la asamblea de compromisarios de 2019, Florentino Pérez argumentó la compra del CD Tacón como "el momento para construir un equipo que sea capaz de competir y del que todas vosotras os sintáis orgullosas". A partir del 1 de julio de 2020 aquel club madrileño pasaba a ser el Real Madrid Club de Fútbol Femenino, a disfrutar de mejores instalaciones y de un presupuesto al alza que lo tenía que catapultar hasta la élite. La realidad es que, seis temporadas después, el equipo sigue sin poder hacer sombra a un Barça que sigue ganándolo todo. El 7-0 del domingo en el Camp Nou, con 40.000 aficionados en las gradas a pesar de las condiciones meteorológicas, un balance de 25 victorias azulgranas y solo una madridista, o los 99 goles a favor y 12 en contra son la muestra perfecta.
De hecho, dicen en el entorno del presidente madridista que Florentino nunca creyó realmente en el equipo femenino, y que si acabó incorporándolo fue por la presión popular y por la insistencia de sus asesores más cercanos. "Le hicieron ver que muchas chicas, sobre todo niñas, que venían de familias de tradición madridista estaban creciendo viendo partidos del Barça porque no podían reflejarse en el Real Madrid". Al final cedió, aunque la apuesta no ha sido decidida del todo. Mientras el Barça ya hace tiempo que decidió abrir el Camp Nou y hacer entrar a más de 90.000 personas para ver un partido de fútbol femenino, llegando a batir el récord de asistencia en un duelo de Champions contra el Wolfsburg (91.648), el presidente sigue sin querer abrir el Bernabéu. Según llegó a explicar la exmadridista Melanie Leupolz en el pódcast Kicker FE:male, el mismo Florentino dijo a las futbolistas que jugarían allí "cuando ganaran algún título". De momento, no hay ningún trofeo en la vitrina.
Todo lo que es gloria para el Barça supone una losa para el Madrid que afecta, también, al prestigio de la Liga F y de los torneos que se disputan en España. Desde el 2020 las azulgranas han ganado todos los títulos de Liga (7) y seis de las siete ediciones de la Supercopa de España disputadas hasta ahora, ya que en 2021 perdieron en semifinales contra el Atlético de Madrid en la tanda de penaltis. De la Copa de la Reina, seis, que quizás serían siete si en la edición de la temporada 2022-23 no hubieran sido descalificadas por alineación indebida. Una diferencia tan abismal que hace sonreír al barcelonismo al mismo tiempo que genera críticas, incluso por parte de las futbolistas azulgranas. "Queremos competir, a todo el mundo le gustaría ver una liga competitiva. Por mucho que hablo no cambia nada. Que cada uno se haga responsable de lo que puede hacer", decía sin rodeos Aitana Bonmatí, capitana y vigente Balón de Oro.
El modelo de negocio que funciona en Barcelona
Aitana no es la única voz crítica con el modelo de competición español. De hecho, basta con ver el éxodo de jugadoras hacia ligas como la inglesa, la francesa o la alemana para constatar que la Liga F se ha estancado. También es una buena muestra de ello los derechos televisivos, que se pusieron a la venta confiando en un récord de facturación pero la subasta acabó desierta. Finalmente, se cerró un acuerdo a la baja con DAZN. A pesar de todo, el Barça sigue invirtiendo y el curso pasado volvió a recoger sus frutos, alcanzando una cifra de negocio de 23,8 millones, 17 de los cuales se consiguieron por la venta de entradas –dos partidos de Champions fueron en el Camp Nou– y publicidad. De todas las secciones de la entidad, es la única que genera beneficios.
Los 23,8 millones de presupuesto en el equipo azulgrana quedan lejos de los poco más de 13 que destina el Real Madrid. A nivel salarial, en Barcelona se invierten unos 13 millones en salarios mientras que las madridistas rondan los 7,5, según datos de 2Playbook. La cifra es evidentemente menor, aunque supera notablemente los 6,8 que destina el Manchester United, el club que más paga de la liga inglesa. De todas formas, esta diferencia de presupuestos no es el único motivo para explicar el desequilibrio que se evidencia en los terrenos de juego entre azulgranas y madridistas. La razón está en el proyecto deportivo.
El equipo femenino del Madrid comenzó con solo 2 millones de euros destinados a los salarios. Con el objetivo de ponerse al día empezó a incorporar futbolistas a golpe de talonario, invirtiendo desde entonces 30 millones de euros en salarios. Dinero que tan solo sirvió para conseguir subcampeonatos de Liga y de Copa, y para llegar a las eliminatorias europeas. Hoy, solo cinco jugadoras están formadas en la cantera. En el Barça la cifra de futbolistas formadas en la Masía no es excesivamente superior (7), pero sí lo son las dos jugadoras de referencia de los últimos cuatro años, Alexia Putellas –que se despedía este verano– y Aitana Bonmatí, ganadoras de los cuatro últimos Balones de Oro. La política de contrataciones ha sido quirúrgica, pensando siempre en un modelo de juego y no en una colección de cromos. En Europa ha recogido los frutos, consiguiendo cuatro Champions tras llegar a siete de las últimas ocho finales disputadas. Como decía Patri Guijarro, "esto se consigue con trabajo y sacrificio. No nos queremos quedar en el mismo escalón, no queremos que nos atrapen. Este es nuestro secreto, nuestro ADN y nuestra exigencia".