La rendija por donde la industria civil quiere participar del pastel de la defensa

El sector reconoce que el boom inversor en tecnología dual ha reforzado el vínculo entre los dos ámbitos

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Un dron de la empresa Indra en la III Cumbre Internacional sobre el uso responsable de la Inteligencia Artificial, en A Coruña, en una imagen de archivo.
26/10/2026 - 07:02 h

Madrid¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Este dilema clásico es fácil que surja cuando se pone el foco en las llamadas tecnologías e infraestructuras de uso dual, es decir, tecnologías e infraestructuras de uso civil y militar. El concepto lo han puesto de moda los gobiernos y las empresas en pleno boom inversor en el sector de la defensa, sobre todo en Europa –España, por ejemplo, se ha comprometido a alcanzar anualmente el 2% del PIB en defensa, aunque la OTAN cree que deberá gastar el 3,5%–. A la vez, ha sido uno de los estados miembros que más han apelado a este uso dual. El hecho, sin embargo, es que siempre ha formado parte de la industria militar.

El ejemplo más claro son los vehículos lanzapuentes, que sirven básicamente para que un coche de combate atraviese fosos u obstáculos. Su origen se remonta a la guerra de trincheras y al desarrollo de los primeros tanques durante la Primera Guerra Mundial. Con el paso del tiempo, sin embargo, se han acabado utilizando en contextos de catástrofes naturales como terremotos o inundaciones para ayudar al paso de grandes vehículos. Recientemente, el ministerio de Defensa ha presentado unos drones con los cuales la UME podrá vigilar incendios de noche. Antes eran utilizados para inspeccionar infraestructuras críticas, como por ejemplo líneas eléctricas, pero también en operaciones de combate.

Ahora bien, en este contexto de lluvia de millones, el sector reconoce que se ha reforzado la relación entre las empresas del ámbito civil y militar, lo que se ha traducido en nuevos acuerdos entre compañías de ambos mundos. No se sitúa, sin embargo, la "tecnología dual" como motivo principal tras el impulso de la inversión. Un ejemplo es el acuerdo entre la empresa de defensa Indra y la multinacional catalana Ficosa, dedicada sobre todo a la fabricación de componentes de visión y detección para el automóvil, firmado en octubre de 2025.

También se reconoce que, fruto del auge de la demanda –encargos sobre todo de gobiernos– y de su sofisticación, se ha puesto la mirada en cómo han avanzado otras industrias civiles, por ejemplo la del automóvil, para explorar posibles sinergias.

Empresa y ejército, necesidades divergentes

Todo ello, sin embargo, también presenta límites, admiten diferentes voces consultadas por el ARA, empezando por la dualidad real de algunas de estas tecnologías. Es decir, aunque un programa, por ejemplo de GPS, o componente para el ámbito de la ciberseguridad pueda servir para servicios como las comunicaciones o la sanidad y a la vez para un sistema de misiles, los requisitos exigidos serán, en la práctica, diferentes, lo que dificulta su aplicación rápida y sencilla. "Las aplicaciones militares priorizan la fiabilidad y la resistencia en entornos exigentes, mientras que las civiles suelen buscar un equilibrio entre coste y prestaciones. Estas diferencias pueden generar trayectorias de desarrollo divergentes y hacer que una tecnología pierda su doble aplicación", se recoge en un análisis del Real Instituto Elcano elaborado por el experto Carlos Martí. A su vez, supone un reto en lo que respecta al seguimiento de la inversión directa en esta actividad, la militar, en particular por parte de las empresas.

En el caso español, el tercer punto del Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa del gobierno español aprobado en 2025 tenía entre los objetivos principales impulsar, precisamente, las "tecnologías duales para que ayuden a consolidar la buena marcha de la economía y la modernización de nuestro tejido productivo", tal como se desprende. Fuentes del sector creen que se trata de un reclamo para que algunas industrias que hasta ahora no se habían interesado en la defensa empiecen a interesarse. Estamos hablando de las que están vinculadas al espacio y la aeronáutica, con el foco en los satélites y los drones. También a la ciberseguridad –telecomunicaciones y comunicaciones, programación o informática–, la electrónica y, finalmente, la industria del automóvil. "La dualidad, después, se tendrá que demostrar", indican las mismas fuentes, que avisan de que convertir en militar una tecnología civil es "complicado". Además, las primeras suelen ser mucho más caras. De hecho, es habitual que el sector civil sea el que contribuya al desarrollo de tecnologías duales.

Con todo, el sector de la defensa reconoce que también es una manera de presentar la inversión en defensa de manera más "amigable", sobre todo en aquellos territorios que históricamente han mostrado más sensibilidad hacia esta actividad. Cataluña, por ejemplo, está jugando un papel clave en este sentido porque es el territorio en el punto de mira de esta tecnología dual y a la vez "blanda". "No es lo mismo hablar de control de las comunicaciones que de munición. Cataluña no fabricará nunca misiles", aseguraba una voz del sector al ARA. Para Pere Ortega, investigador del Centre Delàs per la Pau, no deja de ser una "falacia": se presenta una tecnología concebida para un contexto de guerra como tecnología "civil" por el hecho de tener una función secundaria.

¿Y cuándo acabe la guerra?

Como telón de fondo, el ciclo que vive el sector. Las empresas que se dedican al ámbito militar y de la defensa dan por hecho que el gasto tocará techo en algún momento. Ante este escenario no pasa por alto la reconversión industrial que ya sufrieron muchos países tras la caída del Muro de Berlín y el posterior colapso de la Unión Soviética. "Aquello fue muy costoso socialmente", reflexiona un asesor del sector. "Ahora todo el mundo lo ve como el negocio del siglo, pero cuando la guerra en Ucrania acabe, ¿qué? ¿Y si se llega a un acuerdo con Irán? Pues quizás los riesgos de un conflicto armado disminuyan y los Estados vuelvan a cerrar el grifo y la demanda caiga", añade esta fuente.

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