Cataluña y la inversión en defensa: ¿del tabú al idilio?
El sector reconoce que hay proyectos que no son "amigables" en el Principado y la Generalitat rema para que las pymes aprovechen el boom
MadridLa industria de las armas y de la defensa es casi inexistente en Cataluña. El Principado no se ha esforzado nunca en tener un papel relevante en los grandes contratos del ministerio de Defensa y el ministerio tampoco se ha preocupado porque sea así. El motivo: Cataluña siempre ha sido un territorio hostil a este tipo de industria y la sociedad ha mostrado la oposición a este sector. Ningún fabricante importante de material militar se ha instalado allí, a pesar de que algunas empresas han estado –y están– vinculadas como proveedoras.Esto no quiere decir, sin embargo, que nadie haya tenido interés en hacer crecer este sector. “Es un deseo insatisfecho”, resumió el investigador del Centre Delàs Pere Ortega en un informe en 2013. Ortega se refería así a la ambición de algunas empresas y políticos de desarrollar ya entonces este tejido industrial. Hoy, más de una década después de la reflexión del investigador, y en pleno rearme europeo y español, aquel deseo está más vivo que nunca y satisfacerlo no parece una quimera para quien lo persigue: ¿se ha pasado del tabú al idilio? La clave de bóveda es el actual ciclo inversor en defensa: solo en 2025, el Estado ha movilizado como mínimo 33.000 millones de euros –un informe de Sipri sitúa la cifra en 40.200 millones– para alcanzar el 2% del producto interior bruto (PIB) en defensa, y la Unión Europea también ha abierto el grifo a través de programas especiales. Esto contrasta con el gasto que se ha destinado al sector en los últimos años: “Venimos de una época de sequía”, dice un alto directivo de una empresa de la defensa. Además, es una ebullición que no se acabará mañana: una voz que lleva años trabajando en el sector estima que durará 48 meses: “Ha pasado un año y quedan tres más de crecimiento del gasto”. Por eso, las grandes empresas (Indra, Navantia, Airbus, Escribano o Santa Bárbara) prevén duplicar la facturación en 2030, según un informe de la consultora EY publicado esta semana.
De este escenario, son conscientes en la Generalitat, que acaba de anunciar públicamente un programa para facilitar el aterrizaje de pymes catalanas en este negocio. “El nuevo marco europeo de soberanía estratégica, que incluye un aumento de la inversión en política de seguridad, se puede convertir en un nuevo tractor de la política industrial [...] No podemos no estar ahí”, indican fuentes del Govern. De la mano con Acció, la agencia de promoción económica catalana, están alineados con los agentes sociales, sobre todo con las patronales catalanas, para no quedarse fuera del boom. La apuesta por inversiones en defensa es firme y la abrazan, incluso, otras formaciones catalanas más allá del Govern, empezando por Junts.
“A Cataluña es donde hay más trabajo”, sostiene el directivo de antes. “Por primera vez no se quiere ver excluida [de esta industria]”, asegura el portavoz de otra compañía. Las grandes empresas del sector militar y de la defensa en España, casi todas con sede en Madrid, ven que se les abren las puertas al Principado con los mensajes y gestos políticos. Perciben un cambio de visión: de vivir “hacia adentro” a una “necesidad” de reactivar el mundo económico. “Saben que donde hay dinero nuevo y fresco es en defensa”, indica una de las fuentes consultadas. Por eso, vuelve a ser habitual verlas por el territorio: hacen convocatorias de prensa, buscan alianzas y sinergias con compañías catalanas y prometen dinero y puestos de trabajo.Santa Bárbara, por ejemplo, lo hizo hace un mes e Indra lo hará este lunes en Barcelona. La empresa de defensa que ahora preside el catalán Ángel Simón y de la que el Estado tiene un 28% del capital social ha organizado un gran acto multitudinario que se prevé que congregue a unos 300 empresarios catalanes vinculados al ecosistema de la defensa, la seguridad y el espacio. Pero también asistirán representantes de universidades y centros tecnológicos donde se ha detectado un interés por responder, en términos de formación, a este boom. Indra explicará sus planes industriales militares y de defensa ante los asistentes y se prevé que se firmen una veintena de acuerdos con empresas catalanas. De la ciberseguridad al automóvil
El tejido empresarial, y también el político, ve un crecimiento potencial en áreas muy concretas y sobre todo duales: uso militar, pero sin dejar de lado el uso civil. Estamos hablando del espacio y la aeronáutica, con el foco en los satélites y los drones. También de ciberseguridad –telecomunicaciones y comunicaciones, programación o informática–, electrónica y, finalmente, de la industria del automóvil. Un estudio reciente de la Cámara de Comercio pilotado por el exconsejero de ERC Roger Torrent –que acaba de fundar una consultora especializada en defensa, Dualys Strategy– indicaba que unas 800 empresas catalanas pueden hacerse un hueco en el sector. También aseguraba que se pueden captar “1.000 millones de euros adicionales para el PIB catalán y crear 10.000 puestos de trabajo nuevos”. El estudio pone el foco en las pymes. Sobresalen nombres como Gutmar, SIRT, Sateliot, Pangea Propulsion o GTD, pero también Zero 2 Infinity, Aistech Space, IsardSAT, el grupo Armonia y empresas emergentes como Grasshopper Air Mobility y Omnios Cognitive Solutions, entre otras. Casi todas ellas se centran en el negocio aeroespacial, de satélites o softwares de comunicación y control. Las diferentes voces consultadas coinciden en el hecho de que es un “tejido valioso”, pero creen que hace falta un “proyecto tractor” –una gran empresa al frente– que las movilice.En el caso del automóvil, el posible entendimiento también nace por el momento que vive la industria del coche, en particular del vehículo eléctrico. Aunque no hace tanto que ha vivido un boom inversor importante, ve en la defensa una oportunidad para impulsar las cifras de un negocio que está haciendo malabarismos para vender más coches eléctricos, así como para afrontar el quebradero de cabeza que suponen los nuevos aranceles de los Estados Unidos o la competencia china. Mientras tanto, el sector de la defensa, que tiene conversaciones con “todas” las empresas catalanas automovilísticas, también con las grandes firmas como Seat, aspira a poder aprovisionarse de componentes, materiales y tecnología. Asimismo, ante el auge de pedidos necesita incrementar su producción y, aunque no es fácil reconvertir una empresa civil en militar –sobre todo por los requisitos–, hay vehículos que sí son “próximos” a los militares y con los cuales se pueden crear sinergias, consideran desde la industria de la defensa. Un planteamiento que el mismo gobierno español comparte.
Por ejemplo, la catalana Ficosa se ha aliado con Indra para desarrollar sistemas de visión para blindados militares, y al mismo tiempo acaba de anunciar un expediente de regulación de empleo (ERE) de 172 personas en la planta de Viladecavalls por el descenso de la producción en el sector del automóvil. De hecho, quien abandera este nuevo puente entre las dos actividades es el actual consejero delegado de Indra, José Vicente de los Mozos, con una larga trayectoria profesional en Nissan, Ficosa y Renault. El mismo De los Mozos reivindicó hace unos días que en Cataluña hay que "cambiar la mentalidad del mundo del automóvil al mundo de la defensa". Material "amigable"
“Cataluña tiene que hacer un esfuerzo”, dijo Roger Torrent esta semana. No hace falta viajar muchos años atrás para encontrar un ejemplo de cómo la industria de la defensa en Cataluña levanta polvareda. En el año 2021, un taller para reparar y adaptar vehículos militares se situó entre los candidatos para reindustrializar la antigua fábrica de Nissan en la Zona Franca. El gobierno de Pere Aragonès (ERC) le dio carpetazo, aunque la ministra de Defensa, Margarita Robles, tampoco veía la opción catalana –quería que se ubicase en Andalucía–, tal como reveló el ARA. “Si el proyecto se planteara hoy, no sé qué habría pasado”, reflexiona una de las voces consultadas. De hecho, hay empresas catalanas de la industria química que hace años que tienen un papel como suministradoras de productos para el sector de la defensa y militar aunque no lo expresen en público, reconocen desde una patronal catalana. Por eso, los hay que dan por hecho que la inversión en defensa en el Principado, más allá de dual, tendrá que ser “blanda”, porque se cree que es la que puede recibir más apoyo. “Digamos que no sería amigable traer la producción de un trasto como este”, expresa el mismo directivo de antes mientras señala una imagen de un vehículo militar blindado. “No es lo mismo hablar de control de las comunicaciones que de munición. Cataluña no hará nunca misiles”, sentencia una voz del sector. En cambio, juega a favor la idea de poder tener un rol en Europa, a parecer de la industria, por el europeísmo que se respira en Cataluña.¿Una sensibilidad diferente?
Sin embargo, sí se percibe que la sensibilidad de la población catalana hacia este negocio ha cambiado, fruto de las tensiones geopolíticas de los últimos años, marcadas por la amenaza del expansionismo ruso y el abandono de los Estados Unidos. El Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) acaba de publicar una encuesta en colaboración con el Parlamento Europeo en la que un 26% de los catalanes creen que los países de la Unión Europea deben aumentar el gasto en defensa. Un 36% opinan que se debe mantener y un 34%, que hay que reducirlo. Unas cifras que coinciden con la encuesta del ARA del 3 de mayo, en la que un 30% de la población catalana ve bien incrementar el gasto en defensa, pero un 43%, no. El resto no lo sabe o no contesta.El CEO no preguntaba por defensa desde el 2023. De hecho, la primera vez que lo hizo fue en el 2022. Aquel año se pidió una valoración de este gasto –en absoluto o muy de acuerdo–, pero se diferenció por conceptos: militar y defensa. Entre un 43% y un 41% de los ciudadanos no estaban “en absoluto de acuerdo” en incrementar el presupuesto y el gasto “militar”; mientras que si se preguntaba por presupuesto y gasto en “defensa” el porcentaje caía al 38% y 36%, respectivamente. Más allá de la opinión de la ciudadanía, ante el marco de “cuanto más [gasto], mejor”, la investigadora del Institut Català Internacional per la Pau Sandra Martínez reflexionaba en un artículo de 2025 “que puede resultar falaz porque la posibilidad de defenderse no depende tanto de la cantidad de armas como también de la voluntad y convicció de hacerlas servir”.Ciclo inversor
Con todo, ante estas promesas también hay quienes van con pies de plomo: “Van a todas las parroquias”, resume una fuente empresarial en referencia a las otras comunidades autónomas. También se da por hecho que como ciclo inversor empezará a descender en algún momento, o a no crecer tanto. Y, de hecho, hay precedentes. Por ejemplo, en el año 2010, cuando países europeos como Francia, Alemania o el Reino Unido empezaron a anunciar recortes en defensa, algunas compañías se vieron empujadas a anunciar EREs, mientras otras buscaban diversificarse. En el caso español, la entonces ministra de Defensa, Carme Chacón, pedía a los grandes grupos que se focalizaran en tecnologías y productos de “valor añadido”. Se revivía lo que había pasado a partir de 1989, cuando la caída del Muro de Berlín fue acompañada de una disminución de las partidas para los ejércitos y, por tanto, de un golpe para las cuentas de las compañías.Mientras tanto, el impacto en las cuentas públicas ya se nota. Pedro Sánchez, que se niega a gastar en los niveles que ha exigido Donald Trump –un 5% a los miembros de la OTAN hasta 2035–, ha acabado activando la cláusula de salvaguardia para poder superar el tope habitual de gasto público y, de esta manera, cumplir con las reglas fiscales de la Unión Europea. De hecho, de los veintisiete estados miembros que forman el bloque europeo, han pedido a Bruselas la activación de esta cláusula diecisiete gobiernos estatales. Se trata de una medida completamente excepcional que, por ejemplo, no se aplicó en el momento más grave de la crisis económica que empezó en 2008 y, por ejemplo, Bruselas rechaza aplicarla para otras cuestiones, como la crisis energética actual o el impulso de las inversiones en renovables. En cambio, sí que se suspendió el tope por la pandemia del coronavirus, informa Gerard Fageda.El bloque europeo, que siempre había abrazado el pacifismo y, en todo caso, había externalizado la defensa de los estados miembros a la OTAN, hoy es una de las principales administraciones que impulsan el crecimiento de la industria bélica.