Efecto mariposa: Donald Trump y el éxodo rural africano

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Inmigrantes que han llegado a Ceuta
26/09/2026 - 16:01 h
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En diciembre de 2025 buena parte de los países africanos se habían encontrado con una ventana de oportunidad. El precio del petróleo estaba bajo y en los mercados globales parecía que había más oferta de petróleo que demanda, un hecho que habría mantenido estables los precios de la energía. La mayoría de los países africanos son importadores de gasolina y diésel, y con precios que suelen moverse al mismo ritmo que el del petróleo. A finales de febrero de 2026, sin embargo, estalló la guerra en Irán.La de Irán debía ser una intervención breve para descabezar el régimen en pocos días e implantar un gobierno más afín a los Estados Unidos –el mismo argumento que Rusia esgrimió en Ucrania en febrero de 2022–. Hoy los dos conflictos siguen en marcha. Ucrania ataca refinerías rusas y la circulación de productos refinados y petróleo está parcialmente bloqueada en Oriente Medio; y África se resiente. Incluso los grandes exportadores de petróleo del continente –como Angola, Libia o Guinea Ecuatorial– sufren: a pesar de que ingresan más dinero vendiendo barriles de petróleo crudo, después tienen que volver a gastárselo para importar gasolina, diésel y alimentos, todos mucho más caros.

En los Estados Unidos –como en todas partes– la causa del aumento del precio del diésel se ha convertido en una discusión partidista. Como el diésel afecta al transporte, la agricultura y la generación energética, sus movimientos son un termómetro del encarecimiento del nivel de vida en el país. Para los demócratas, la causa es la guerra de Irán, y culpan a Donald Trump. Los círculos trumpistas, y el mismo Trump, dicen que la culpa es de la guerra de Ucrania, que empezó durante el mandato de Joe Biden.

La agencia Bloomberg, citando los datos de diversas agencias especializadas en el comercio de materias primas, publicaba este septiembre que buena parte de la caída de exportaciones de diésel está ligada al conflicto en Oriente Medio, muy por encima de las disrupciones ligadas al ucraniano.

Para los africanos es indiferente: sus gobiernos corren a las subastas globales para conseguir que los barcos que llevan combustible vayan hasta sus puertos, y compiten con regiones mucho más ricas, como Europa, que pueden ofrecer precios más elevados.

Inflación generalizada

Como un virus, la inflación se contagia desde los puertos y las grandes capitales africanas –por donde llegan las mercancías– hasta el campo, donde el coste de la vida se dispara. Los fertilizantes, transportados hasta las zonas rurales, aumentan su precio. Quien cultiva cacao en Ghana, algodón en Burkina Faso, té en Kenia o cacahuetes en Senegal sufre un golpe en su economía. Algunos campesinos utilizan menos fertilizantes, para ahorrar, y entonces sus cosechas son peores. Otros abandonan.

Es el gran fenómeno que se ha dado en el continente durante los últimos treinta años: un éxodo silencioso desde las zonas rurales, donde los agricultores luchan por producir suficiente comida, hasta las zonas urbanas. Productores de comida que desaparecen y se unen a la lista de consumidores urbanos, que cada vez dependen más de las importaciones de comida producida en otros lugares. Ahora el África occidental vive pendiente de las cosechas de arroz de la India y el sur de Asia, también afectadas por la crisis energética global. El África oriental y la del norte siguen de reojo la situación del trigo en Rusia y Ucrania.

Rusia ha restringido las exportaciones de diésel hasta finales de octubre y ha dejado expuestos a sus principales compradores en África (Túnez, Burkina Faso y Senegal) y ha contribuido a la escalada de precios para el resto, compren donde compren. Algunos países han ganado tiempo los últimos meses comprando más a los Estados Unidos, pero esta semana en Washington se ha empezado a valorar una idea para hacer bajar el precio del diésel antes de las elecciones de medio mandato: prohibir sus exportaciones. Donald Trump está a favor de un "America First" en toda regla que dejaría en la estacada a millones de africanos, y que generaría instantáneamente incontables historias de migración por todo el continente. Un efecto mariposa invisible para el gran público, pero con algunas consecuencias de carne y hueso. Las vemos cuando llegan a Ceuta, Melilla o las Canarias.

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