Ceuta y una abstención masiva marcan las legislativas en Marruecos
La imposibilidad de efectuar cambios a través de las urnas explica el poco interés que despiertan las elecciones en el país norteafricano
BarcelonaEste miércoles los cerca de quince millones de ciudadanos marroquíes registrados en el censo electoral están convocados a participar en unas elecciones legislativas que se celebran en un clima enrarecido a raíz de la crisis de Ceuta y todas sus derivadas. En un panorama político dominado por los partidos monárquicos, que gobiernan en un ejecutivo de coalición liderado por el primer ministro Aziz Akhannouch, no se espera que el resultado de las urnas aporte ningún cambio político relevante a la Cámara de Representantes, que forman 395 miembros. Una de las principales dudas alrededor de los comicios es cuál será la tasa de abstención, que los analistas auguran que podría ser muy elevada dado el desencanto con la clase política de buena parte de la población.
Aunque no ha sido un tema central en una campaña que ha sido descafeinada, la sombra de la crisis de Ceuta se ha proyectado inevitablemente sobre las elecciones. Mientras que en España tanto los medios de comunicación como la mayoría de los partidos políticos, con la única excepción del PSOE, atribuyen a un plan de Rabat la entrada de decenas de miles de personas migrantes en la ciudad autónoma como método de presión a Madrid, en Marruecos esta percepción no es tan clara.
No en vano, la realidad que proyecta la crisis de Ceuta entra en una directa contradicción con el mensaje central promovido desde el Gobierno marroquí durante los últimos años y que afirma que el país norteafricano ya ha pasado el umbral de modernidad propio de los países occidentales.
Por eso, aspira a metas como celebrar en su territorio la final del Mundial de fútbol de 2030. "A estas alturas todavía no está claro qué pasó. Una teoría posible es que la estrategia fuera diseñada por alguna figura del régimen que quiere ganar puntos con EE. UU. o Israel para posicionarse bien en un momento de fin de reinado. Parece poco probable que el rey tuviera conocimiento", comenta un observador europeo con buen conocimiento sobre la realidad de Marruecos.
En cualquier caso, las imágenes de tantos jóvenes jugándose la vida para abandonar el país, y el hecho de que decenas de ellos perdieran la vida en el intento –algunas estimaciones ascienden a 144 víctimas mortales–, ha suscitado un sentimiento de desasosiego y de confusión en el seno de la sociedad marroquí. Diversos intelectuales y algunos partidos opositores, como el izquierdista Vía Democrática o los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) han criticado las desigualdades sociales en el país. Incluso el monarca Mohamed VI ha reconocido esta realidad en algunos de sus discursos, y ha hecho referencia a la necesidad de lucha contra el "Marruecos de las dos velocidades".
Una figura ascendente
En este contexto y ante la falta de explicaciones por la crisis de Ceuta del primer ministro Akhannouch, ha emergido la figura del ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, con un discurso propio reivindicando la marroquinidad de Ceuta y Melilla. Ouahbi pertenece al Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM), una formación monárquica que es aliada y a la vez competidora de Reagrupación Nacional de Independientes (RNI), que lidera Akhannouch, y que fue el vencedor en la última contienda electoral.
Como en Marruecos los sondeos electorales son poco comunes, los analistas basan sus expectativas en su intuición y en la cobertura que dedican los medios oficialistas a los diversos candidatos. Sobre esta base, hay un consenso en calificar a Fouzi Lekjaa como la estrella ascendente de la política del país. Este tecnócrata de 56 años es actualmente ministro de Presupuesto y presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, un cargo que le ha dado una gran visibilidad tras la celebración en Marruecos de la Copa de África el invierno pasado.
Pocos meses antes de los comicios, Lekjaa, que entró en la política como independiente, se afilió al PAM, lo cual da al partido la condición de favorito. Ahora bien, como los programas y posicionamientos de este partido y del RNI son prácticamente calcados, una hipotética victoria de Lekjaa significaría solo un cambio en los equilibrios internos dentro del ejecutivo, pero no ningún cambio de rumbo. De hecho, en Marruecos, todo el mundo sabe que las decisiones importantes las toma el rey o el Majzen, como se conoce al estado profundo que vive alrededor del Palacio Real. Por eso, la llegada al poder ha desacreditado a los antiguos partidos de oposición, como le pasó al socialdemócrata USFP hace más de dos décadas o, más recientemente, al islamista PJD.
Esta imposibilidad de efectuar cambios a través de las urnas explica el poco interés que despiertan las elecciones en Marruecos y la expectativa de una abstención masiva, sobre todo entre los jóvenes, que sufren una tasa de paro del 35% y pocas perspectivas de crecimiento vital. En el país magrebí hay que inscribirse para participar en las elecciones, y tan solo lo suele hacer la mitad de la población adulta. En 2021, la participación oficial fue del 50%, pero si se toma de referencia el censo potencial, solo votaron el 25% de los marroquíes. Esta vez la cifra podría ser todavía menor.